El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.
Un estudio que monitorizó durante doce meses a más de 400 personas en países europeos descarta que la fatiga o la falta de energía varíe según la época del año
El cansancio, la falta de energía y la dificultad para concentrarse forman parte de un relato que suele repetirse en algunos países europeos con la llegada de la primavera. En alemán, el fenómeno tiene incluso nombre propio y forma parte del imaginario colectivo: frühjahrsmüdigkeit (primavera y cansancio). En España, se conoce como astenia primaveral. Pero ¿se trata de un fenómeno biológico real? Un estudio reciente lo ha descartado. Tras un año de seguimiento a más de 400 personas, la investigación no ha encontrado pruebas de que la fatiga o la somnolencia varíen con las estaciones.
Entre 2024 y 2025, un equipo de las universidades de Basilea y Berna, en Suiza, siguió a 418 adultos (80% mujeres) durante 12 meses. Cada seis semanas, los participantes de Alemania, Suiza y Austria (que tenían una edad media de 32 años) respondían cuestionarios sobre fatiga, somnolencia diurna, insomnio y calidad del sueño.
Casi la mitad de los participantes, un 47%, afirmó sufrir astenia primaveral. Sin embargo, no observaron variaciones estacionales en los cuestionarios sobre somnolencia. Para la investigadora Christine Blume, este porcentaje se explica con un factor menos físico y medible. “Pensamos que es más un fenómeno cultural o quizás cultural y psicológico en lugar de ser un fenómeno biológico”, sostiene la experta en cronobiología. La existencia misma del término, apunta, podría estar moldeando las sensaciones de las personas.
Término extendido
Blume cuenta que en los países donde se tomó la muestra, la astenia primaveral es un término extendido. “Si nos fijamos en Google Trends, la gente empieza a buscarlo en enero, alcanza su punto máximo en marzo y luego hasta mayo”, comenta. La evidencia empírica sólida no forma parte de esa popularidad. “Estamos intentando explicar algo que no podemos mostrar”, afirma Blume. Explica que no hay razones claras para que la primavera sea una estación especial: “Invierno y verano son opuestos, pero primavera y otoño son más o menos lo mismo”.
Los investigadores plantearon la hipótesis de que la duración del fotoperiodo (luz durante el día) sería el principal factor. En sociedades preindustriales de Tanzania, Namibia y Bolivia, el sueño dura aproximadamente una hora más en invierno que en verano. Un estudio en Suecia también ha descrito variaciones estacionales del sueño. Cuando estos periodos fueran más cortos, los síntomas de insomnio y fatiga serían más intensos, plantearon los investigadores. Sin embargo, esto apenas tuvo impacto. Solo se observó que la fatiga disminuía ligeramente cuando estaban más expuestos a la luz. El cronotipo (ser más madrugador o nocturno) tampoco modificó los resultados.
El estudio menciona además algunos mecanismos psicológicos que podrían estar influyendo, como el efecto de etiquetado. Cuando existe un nombre para un malestar, es más fácil interpretarlo como algo real y específico. También el sesgo de confirmación: si creemos que estaremos cansados en primavera, prestamos más atención a cualquier señal que lo confirme. “Si centras tu atención en el dolor, este se vuelve más doloroso”, sostiene Blume. Y añade: “Es un poco como cuando la gente cree que duerme peor con luna llena, se convierte en una profecía autocumplida”.
No dejarlo pasar por alto
Asensio López, coordinador del Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud de la semFYC (PAPPS), cree que, aunque como categoría clínica no está definida en ninguna parte del mundo, “no hay que rechazar que se producen síntomas y que hay personas que acuden a la consulta con esa sensación de cansancio, dificultad para hacer actividades o alteraciones del sueño”. En muchos casos, relata, se trata de síntomas cortos. “Van a durar dos o tres semanas y luego desaparecen”, afirma este médico de familia.
El abordaje clínico, dice, tiene que centrarse en descartar otras causas. “Lo primero es ver si hay algún otro síntoma que pueda indicar una enfermedad”, explica López. La fatiga extrema nunca es normal, advierte. “No deberíamos decir ‘no te preocupes, es solo astenia primaveral’, sino buscar posibles causas como anemia, alergias o incluso depresión”.
También focalizarse en recomendaciones básicas para tener una vida más saludable, como regular el sueño y mantener un horario de comidas estables. También insiste en la actividad física: “Aunque uno diga que no puede moverse, intentar caminar o hacer algo de ejercicio tres o cuatro días a la semana ayuda a que el cuerpo responda”.
Frente a la exigencia constante de rendimiento, López afirma que no es necesario estar “al 100% todo el tiempo”. A lo largo del año, explica, es normal experimentar periodos de mayor cansancio sin que exista una enfermedad detrás.
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