En los despachos, en los tribunales, en la calle y en las redes sociales, Vox y sus afines le han declarado la guerra al proyecto de mezquita que quieren levantar en el deprimido Polígono Sur de Sevilla el español Jalid Nieto y su comunidad islámica:4.000 metros cuadrados que incluyen consulta médica y biblioteca y para el que ya cuentan incluso con la licencia de obras del gobierno local del PP Leer En los despachos, en los tribunales, en la calle y en las redes sociales, Vox y sus afines le han declarado la guerra al proyecto de mezquita que quieren levantar en el deprimido Polígono Sur de Sevilla el español Jalid Nieto y su comunidad islámica:4.000 metros cuadrados que incluyen consulta médica y biblioteca y para el que ya cuentan incluso con la licencia de obras del gobierno local del PP Leer
Jalid —nacido Joaquín en Sevilla hace 67 años— no quiere que se le fotografíe junto a los restos de patas de cerdo con que algunos han recibido el proyecto de la futura gran mezquita de Sevilla por la que él lleva 20 años luchando. Aparecieron una mañana, varias pezuñas y un hueso de jamón (ni rastro de la carne tan preciada) en la entrada de la parcela de 3.000 metros cuadrados en la que la Fundación Mezquita de Sevilla, de la que Jalid es fundador y vicepresidente, quiere levantar un gran edificio de 4.000 metros cuadrados (para mezquita algo más de mil) con minarete de 30 metros, una mezquita, pero mucho más que una mezquita.
«Lo que queremos hacer es más que una mezquita, un centro cultural islámico en el que caben todos», explica Jalid, de apellido inconfundiblemente español, Nieto.
Su madre se llamaba Carmen, era católica «de valores muy profundos» y el hijo, que primero fue Joaquín y hoy es Jalid nació en el Cortijo de Cuarto, un núcleo a tiro de piedra de Sevilla capital. Por eso se rebela contra quienes dicen que ellos, los musulmanes que promueven la construcción de la mezquita, son extraños que quieren islamizar la muy Noble y muy Leal (como reza su escudo), además de muy católica y tradicional, ciudad de Sevilla.
«Somos de Sevilla y queremos ser parte de la vida de Sevilla», proclama Jalid delante de la valla que rodea por completo la parcela que él mismo encontró, casi de casualidad, a finales de 2024 en el Polígono Sur, una de las zonas más deprimidas de la capital andaluza.
Llamó al teléfono que indicaba el cartel de ‘se vende’ y resultó que el propietario era la iglesia mormona de Sevilla que, a su vez, había adquirido los terrenos a la Junta de Andalucía. Por 800.000 euros (más IVA), que donó el gobierno de Malasia, se hicieron con el solar y se pusieron manos a la obras para diseñar la gran mezquita sevillana de la mano de arquitectos de renombre. El proyecto para el que ya tienen hasta la licencia de obras y que tiene un presupuesto de unos 10 millones lleva la firma del prestigioso Guillermo Vázquez Consuegra, que ha encontrado inspiración en el Alcázar o en la Giralda, nacida como minarete.
Pero ni la concepción como centro cultural ni el aval arquitectónica de Vázquez Consuegra convencen a quienes se oponen al proyecto, los «nuevos cruzados», dice Jalid en referencia a los caballeros cristianos a los que el Papa Urbano IIencomendó en 1095 liberar Jerusalén.
Es Vox, el partido de extrema derecha, el que ha declarado la guerra a la mezquita del Polígono Sur. Primero fueron sus concejales en el Ayuntamiento de Sevilla —donde sus votos son imprescindibles para el gobierno en minoría del PP— y, luego, sus parlamentarios hasta que el mismísimo Santiago Abascal se ha puesto al frente de la cruzada anti musulmana con el argumento de que el proyecto no es sino un intento de «islamización» de la ciudad, que corre el peligro de perder sus señas de identidad.
No solo eso, sino que han agitado desde el partido de Abascal el fantasma del fanatismo terrorista. Ha sido, en concreto, el portavoz municipal de Vox, Gonzalo García de Polavieja, el que ha evocado el miedo a que el Polígono Sur de Sevilla se convierta en «el Molenbeek» sevillano.
No es una comparación baladí ni casual. Del populoso barrio bruselense —hasta el 80% de mayoría musulmana— salieron algunos de los autores de los atentados yihadistas que golpearon con saña París en 2015 —el ataque a la sala Bataclan y otros puntos, con 130 muertos— y a la capital belga en 2016, con 35 fallecidos a manos de seguidores del Estado Islámico.
Casi dos mil años después, esta cruzada no cuenta, ni mucho menos, con la bendición de la Iglesia Católica y hasta el arzobispo José Ángel Saiz Meneses se ha desmarcado diciendo que es «una cuestión de derechos y libertades».
Los derechos son, precisamente, los que invoca el gobierno local de José Luis Sanz para defender el visto bueno que, esta misma semana, le ha dado a la licencia de obras. Todo está en regla, insisten desde el Ayuntamiento hispalense, y hasta los vecinos del Polígono Sur se han mostrado públicamente a favor de construir la mezquita con la que Jalid sueña desde que nació este siglo. Aunque el camino a las excavadoras y a las grúas, admite el vicepresidente de la Fundación Mezquita de Sevilla, no está, ni mucho menos, expedito.
Vox está dispuesto a llevar su cruzada hasta las mismas puertas de Jerusalén usando, para ello, su artillería legal (recursos administrativos y demandas judiciales incluidos) y a su legión de seguidores que ya han hecho de las redes sociales un campo de batalla alternativo en el que no hay límites y se difunden mensajes xenófobos y de odio contra la comunidad musulmana bajo el manto protector del anonimato digital.
En la concentración que se produjo el mismo día en el que se aprobó la licencia de obras, el pasado 27, junto a la parcela de la mezquita ya se detectó la presencia de elementos de extrema derecha, aunque, por ahora, la mecha del descontento social no prende.
A Jalid nada de esto le ha cogido por sorpresa y acusa a los nuevos cruzados, los de Vox, de buscar, esencialmente, «réditos electorales» con su oposición al proyecto del centro cultural islámico que él, entre otros, abandera.
Cuando se le pregunta qué se siente al escuchar que lo que pretenden en realidad es «islamizar» Sevilla o que la mezquita atraerá a fundamentalistas yihadistas, Jalid suspira y lanza una reflexión:«Una de las líneas que ha elegido la gente de Abascal es la opresión de lo extraño, pero no somos extraños en nuestra propia tierra». Y recuerda que «arrojar restos de cerdo o sangre en establecimientos no solo islámicos, sino también judíos, «es un delito de odio».
De alguna manera, añade, «unos sevillanos quieren establecer, sin contar con el resto, que son lo único que representa a Sevilla».
Porque en Sevilla, hace hincapié, hay «mucha gente que se consideran cruzados de este tiempo» y no solo están en Vox, dice. Habla, asimismo, de instituciones muy enraizadas en la sociedad sevillana, órdenes militares y religiosas con miembros influyentes empeñados en mantener las espadas en alto frente a una amenaza musulmana que no lo es. Porque las cruzadas y las guerras religiosas, hace tiempo que quedaron atrás. Al menos en estas tierras, apunta.
En cualquier caso, y pese a las patas de cerdo, al odio en las redes sociales y a la guerra declarada de Vox, Jalid cree que «los tiempos han cambiado» y confía en que «se imponga la sensatez y el sentido común», de forma que en seis meses, nueve como mucho, las exacavadoras puedan empezar el aparcamiento subterráneo para incluye el proyecto del Polígono Sur y en dos años y medio, tres a lo sumo, se escuche la voz del muecín desde el minarete concebido por Vázquez Consuegra.
Confía, en fin, en que la historia no se repita porque éste no es el primer proyecto para levantar una gran mezquita en Sevilla. En los últimos veinte años ha habido, al menos, otros dos intentos serios comparables a la iniciativa que promueve la FundaciónMezquita de Sevilla, que, a su vez, es parte de la Comunidad Islámica de España.
El más reciente fue en 2016 en una parcela del barrio de Sevilla Este. La promotora fue otra, la Comunidad Islámica, y se anunció a bombo y platillo un centro cultural y, también, comercial. Tenía el respaldo financiero de Emiratos Árabes Unidos, pero la polémica que generó, a las puertas de unas elecciones municipales, condenó la iniciativa, que fue tumbada por el entonces alcalde, el socialista Juan Espadas.
Antes de éste, en 2006, ya la Fundación Mezquita de Sevilla —la misma que ahora lleva la iniciativa en el Polígono Sur— estuvo a punto de cimentar la primera gran mezquita de Sevilla en una parcela pública cedida en el barrio de Los Bermejales.
«Nosotros queríamos estar en el centro de la ciudad y sentimos que nos echaban fuera», recuerda Jalid, que, como ahora, estaba en primera línea del proyecto.
La iniciativa se encontró, rememora, con una oposición feroz por parte de la asociación vecinal llamada Bermejales 2000, que trató de boicotear los planes de la fundación por todos los medios.
«Se nos dijo de todo y tuve que ir por mi barrio advirtiendo de lo que pasaba a quienes me conocían», cuenta.
La mezquita de Los Bermejales se derrumbó antes de que se colocara ningún ladrillo y algún intento más en otros emplazamientos, como el barrio de San Jerónimo, corrieron igual suerte.
En estos 20 años «hemos reflexionado mucho y hemos hecho autocrítica». De ahí el cambio de modelo de una mezquita a un centro cultural y de servicios que pueda ser un revulsivo para una barriada deprimida. Mientras, en este tiempo, se han tejido lazos con la sociedad sevillana que, cree Jalid, van a marcar la diferencia.
Con todo, ve similitudes entre lo que sucedió en 2006 y lo que pasa ahora y asegura que hay activistas de extrema derecha que estuvieron entonces detrás del rechazo a la mezquita «que hoy están en Vox».
Jalid recuerda que en la ciudad hay más de una decena de locales religiosos musulmanes «que nunca han dado problemas» y recuerda la máxima tallada en la Puerta del Perdón de la Catedral:«Al mulku lilah al baka lilah». O sea, «todo pertenece a Dios».
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