Los supervivientes del choque de Córdoba, en shock: «El tren ha empezado a dar frenazos y algunos asientos han salido despedidos. Pensaba que me moría»

Francina Martínez, como todos los que llegan al cuartel general instalado en el pueblo de Adamuz, lo hace con su equipaje y lo primero que ha hecho, al igual que Inmaculada, ha sido llamar a sus familiares para tranquilizarles Leer Francina Martínez, como todos los que llegan al cuartel general instalado en el pueblo de Adamuz, lo hace con su equipaje y lo primero que ha hecho, al igual que Inmaculada, ha sido llamar a sus familiares para tranquilizarles Leer  

Inmaculada venía de pasar el fin de semana en Madrid. Regresaba a su casa, en Huelva, en el tren Alvia de Renfe que este domingo, en torno a las 19:40 horas, colisionó con otro convoy, el Iryo que hacía el trayecto desde Málaga, de la estación María Zambrano, a Puerta de Atocha, en la capital española.

A medianoche no solo no había llegado a su destino, sino que arrastraba su maleta de cabina por la noche cerrada de Adamuz, la localidad cordobesa en cuyas proximidades ha tenido lugar el, probablemente, peor accidente ferroviario desde el ocurrido en Angrois, en Santiago de Compostela, en 2013.

Como ella, decenas de pasajeros, los que no habían sufrido heridas, han desembarcado en el pequeño pueblo cordobés -a apenas quince minutos de la capital- tras ser evacuados del lugar del accidente.

Amanece en el lugar donde ha tenido lugar el fatal accidente de trenes en CórdobaE.M

La carretera que une el apeadero -junto al que ocurrió el choque- y el casco urbano de Adamuz ha sido, gran parte de la noche, un incesante ir y venir de ambulancias y patrullas de la Guardia Civil.

Con la cara desencajada, los psajeros rescatados descendían de los autobuses y se dirigían o bien a los vehículos de los familiares que habían acudido a recogerles o bien a la Caseta Municipal de Adamuz, convertida en refugio improvisado y punto de atención sanitaria desde el que se derivan los heridos a los centros hospitalarios.

Inmaculada viajaba en el vagón 4 del tren Alvia y ha sido testigo cómo a partir del siguiente vagón, los daños han sido mucho peores. «Pensaba que me moría», apunta.

«De pronto, el tren ha empezado a dar frenazos, ha sido todo muy fuerte y algunos asientos han salido despedidos, ha sido una locura», cuenta esta pasajera con el miedo en el cuerpo y que ha sido evacuada del convoy accidentado «a través de las vías, procuraba no mirar a la izquierda, había muchos heridos», cuenta a EL MUNDO.

En otros vagones, explica, la gente «ha salido por el techo», y todos los ilesos han caminado, cuenta, por la carretera, «en fila», hacia el pueblo de Adamuz hasta que se han subido a los autobuses.

«Voy a tardar en montarme de nuevo en un tren», suspira esta pasajera del Alvia, que «venía llenísimo», apunta y que califica el escenario del accidente como «dantesco».

Viajero del Iryo accidentado: «En el momento pensé no se va a descarrilar y menos en España»E.M

En el otro tren, el Iryo que ha descarrilado y, tras invadir la vía contraria, ha chocado con el Alvia, viajaba Francina Martínez, una ciudadana de Costa Rica que está estos días en España como parte de la delegación de su país en Fitur. Había decidido, cuenta, pasar el fin de semana en Málaga y este domingo cogió el tren desde la estación María Zambrano para regresar a la feria de turismo y seguir trabajando.

A las puertas de la Caseta Municipal de Adamuz y con lágrimas asomándole en los ojos, asegura que «he vuelto a nacer». Ella ocupaba uno de los asientos del vagón 7, que, a consecuencia del impacto, ha quedado parcialmente volcado sobre la vía.

«Hemos salido por las ventanas», detalla, tres ventanas que un grupo de pasajeros ha roto con los martillos de emergencia, y han salido a la vía.

Francina, como todos los que llegan al cuartel general instalado en el pueblo de Adamuz, lo hace con su equipaje y lo primero que ha hecho, al igual que Inmaculada, ha sido llamar a sus familiares para tranquilizarles.

Agolpados frente a la Caseta Municipal, esperando ver bajar a sus parientes, decenas de personas se han desplazado hasta este municipio. Mientras algunos suspiran con alivio al encontrar a sus parientes, algunos tiemblan porque todavía no saben nada de ellos.

«No podemos hablar», dice, entre lágrimas, una joven que ha podido ver a algunos de sus parientes que viajaban en los trenes pero que no encuentra a uno de ellos.

El choque, como ha explicado el consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, ha sido de extrema gravedad y las cifras de muertos y heridos son solo provisionales. Apenas pasada la medianoche, se estimaba que, al menos, 39 personas han fallecido y en los centros sanitarios había cerca de 80 heridos. Pero, advertía Sanz, todo apunta a que esos datos se van a multiplicar.

Sobre todo porque tres vagones de uno de los trenes siniestrados se han precipitado por un talud de cuatro metros y allí se espera lo peor. Cuatro horas después del choque, los servicios de emergencias aún se afanaban en sacar pasajeros, heridos y fallecidos.

La situación, ha dicho el consejero andaluz, «es muy compleja» y el acceso al lugar en el que han caídos los vagones es muy difícil.

Hasta ese punto han acudido efectivos de bomberos y de los servicios sanitarios movilizados desde distintos puntos de Córdoba. El director del Consorcio de Bomberos cordobés, Francisco Carmona, explicaba a la prensa que para acceder a los heridos han tenido que sacar a pasajeros muertos, lo que da idea de las dificultades que se han encontrado a la hora del rescate.

La mayoría de los heridos, ha explicado Antonio Sanz, han sido derivados al Hospital Reina Sofía de Córdoba, aunque han sido activados casi una decena de centros sanitarios, incluido el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, el principal complejo sanitario de la comunidad, ante la previsión de que los heridos, y la gravedad de sus lesiones, vayan en aumento.

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