Mercaderes

A la izquierda, el secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán. A la derecha, el expresidente de la Generalitat de Cataluña –prófugo de la Justicia- Carles Puigdemont. Ambos, acompañados por unos actores secundarios. Justo sobre la cabeza de Carles Puigdemont, coronando su hazaña, una fotografía de gran tamaño donde una multitud sostiene en alto una urna gigante del referéndum ilegal del 1 de 0ctubre de 2017. Si en el cuadro, titulado La rendición de Breda, el general de las tropas españolas, Ambrosio Spinola, recibe las llaves de la ciudad de manos del gobernador holandés Justino de Nassau, en el cuadro que podríamos titular La rendición de Bruselas, el prófugo de la Justicia –rebautizado por el PSOE como Presidente de la Generalitat de Cataluña- espera la llave de su libertad de manos del mercader Santos Cerdán. Si en La rendición de Breda, todo llama al dramatismo, en La rendición de Bruselas todo tiene un aire de comedia. Si Diego Velázquez, aparece como observador en La rendición de Breda, para aprender a organizar la realidad, esa manera de dominar la luz y entender la importancia de las sombras; Pedro Sánchez, el autor de La rendición de Bruselas, permanece escondido como acostumbra, porque no es la mano del pintor, es la mano que mece la cuna. Si La rendición de Breda refleja una capitulación honorable, La rendición de Bruselas expresa una capitulación deshonrosa.Una impunidad. Mercantilismo -investidura por amnistía- de bajos fondos. Un negocio indecente. Un intercambio vergonzoso. Inmoral. Un ejemplo de la maldad del ser humano, diría Immanuel Kant. Esa miseria de la política y de los políticos. El lienzo La rendición de Breda, después de decorar durante años el Salón de Reinos del Buen Retiro, fue trasladado al Museo del Prado. Con todos los honores. Otro destino le espera al cuadro de La rendición de Bruselas, que da fe del encuentro entre el mercader y el fugado. Probablemente, se cuelgue en el Museu d´Història de Catalunya, un metamuseo, una muestra de las gestas imaginarias y de los héroes al óleo, figuras pintadas con esa técnica de secado lento que permite corregir errores, difuminar tonos, mezclar colores. El cuadro lo aguanta todo. La realidad, no. A la izquierda, el secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán. A la derecha, el expresidente de la Generalitat de Cataluña –prófugo de la Justicia- Carles Puigdemont. Ambos, acompañados por unos actores secundarios. Justo sobre la cabeza de Carles Puigdemont, coronando su hazaña, una fotografía de gran tamaño donde una multitud sostiene en alto una urna gigante del referéndum ilegal del 1 de 0ctubre de 2017. Si en el cuadro, titulado La rendición de Breda, el general de las tropas españolas, Ambrosio Spinola, recibe las llaves de la ciudad de manos del gobernador holandés Justino de Nassau, en el cuadro que podríamos titular La rendición de Bruselas, el prófugo de la Justicia –rebautizado por el PSOE como Presidente de la Generalitat de Cataluña- espera la llave de su libertad de manos del mercader Santos Cerdán. Si en La rendición de Breda, todo llama al dramatismo, en La rendición de Bruselas todo tiene un aire de comedia. Si Diego Velázquez, aparece como observador en La rendición de Breda, para aprender a organizar la realidad, esa manera de dominar la luz y entender la importancia de las sombras; Pedro Sánchez, el autor de La rendición de Bruselas, permanece escondido como acostumbra, porque no es la mano del pintor, es la mano que mece la cuna. Si La rendición de Breda refleja una capitulación honorable, La rendición de Bruselas expresa una capitulación deshonrosa.Una impunidad. Mercantilismo -investidura por amnistía- de bajos fondos. Un negocio indecente. Un intercambio vergonzoso. Inmoral. Un ejemplo de la maldad del ser humano, diría Immanuel Kant. Esa miseria de la política y de los políticos. El lienzo La rendición de Breda, después de decorar durante años el Salón de Reinos del Buen Retiro, fue trasladado al Museo del Prado. Con todos los honores. Otro destino le espera al cuadro de La rendición de Bruselas, que da fe del encuentro entre el mercader y el fugado. Probablemente, se cuelgue en el Museu d´Història de Catalunya, un metamuseo, una muestra de las gestas imaginarias y de los héroes al óleo, figuras pintadas con esa técnica de secado lento que permite corregir errores, difuminar tonos, mezclar colores. El cuadro lo aguanta todo. La realidad, no.  

A la izquierda, el secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán. A la derecha, el expresidente de la Generalitat de Cataluña –prófugo de la Justicia- Carles Puigdemont. Ambos, acompañados por unos actores secundarios. Justo sobre la cabeza de Carles Puigdemont, coronando su hazaña, una fotografía … de gran tamaño donde una multitud sostiene en alto una urna gigante del referéndum ilegal del 1 de 0ctubre de 2017.

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