¿Miedo a coger un tren tras una tragedia mediática? Esto es lo que dicen la psicología y las estadísticas

Varios viajeros observan los paneles de trenes en la estación de Atocha, en Madrid, el 19 de enero.

En la estación de Atocha en Madrid las maletas ruedan de un lado a otro como un día normal, pero en las pantallas titilan en rojo los viajes cancelados a Sevilla, Córdoba, Málaga… Quienes están en la estación de tren son, justamente, los pasajeros que han decidido viajar, a pesar de los accidentes ferroviarios ocurridos estos días. Pero muchos confiesan haber dudado. Es el caso de Natalia Medina, que viaja a Barcelona y comenta que le da “un poquillo de miedo”. Justo vive en Córdoba, al lado de Adamuz, y nació cerca de Gelida, donde hubo un segundo accidente mortal. “Nunca ha pasado nada y ahora pasa todo esto”, se sorprende.

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 Estos accidentes ferroviarios tan seguidos aumentan la ansiedad de los viajeros y pueden crear una visión distorsionada de la realidad, aunque sigue siendo uno de los medios de transporte más seguros  

En la estación de Atocha en Madrid las maletas ruedan de un lado a otro como un día normal, pero en las pantallas titilan en rojo los viajes cancelados a Sevilla, Córdoba, Málaga… Quienes están en la estación de tren son, justamente, los pasajeros que han decidido viajar, a pesar de los accidentes ferroviarios ocurridos estos días. Pero muchos confiesan haber dudado. Es el caso de Natalia Medina, que viaja a Barcelona y comenta que le da “un poquillo de miedo”. Justo vive en Córdoba, al lado de Adamuz, y nació cerca de Gelida, donde hubo un segundo accidente mortal. “Nunca ha pasado nada y ahora pasa todo esto”, se sorprende.

La probabilidad, que suele servir para tranquilizar, estos días solo inquieta. Emanel Albertón dudó si subirse al tren hacia Madrid el lunes, porque tenía el pasaje la mañana siguiente a la tragedia, pero se sintió seguro. Dos días y dos accidentes después, ha vuelto a dudar. “Es como un accidente de avión, uno puede viajar tranquilo de que no habrá otro, pero ha habido otro, así que la regla se ha roto”, señala mientras espera su tren a Tarragona. El viaje de ida iba medio vacío, recuerda, aunque estaba lleno cuando compró los billetes, así que sospecha que esa mañana algunos pasajeros decidieron no viajar.

“Es una reacción normal”, explica Ana Isabel Fernández, psicóloga experta en tratar fobias como el miedo a volar. “Cuando suceden estos eventos, las personas tienen que darse un tiempo para que el cerebro procese todo y baje ese estado de alerta. Si tienen que ir en tren y les da miedo, es mejor que lo pospongan para cuando tengan esa ansiedad más controlada, que haya una exposición más gradual para poder controlar la fobia; si no, puede empeorar”.

El tren es, junto al avión, el medio de transporte más seguro. Según el informe de siniestralidad de la DGT, en España murieron 1.806 personas en accidentes de tráfico en 2023. Ese mismo año, según datos del Ministerio de Transportes, hubo 22 fallecidos en el sistema ferroviario español. La cifra está en consonancia con los datos de los últimos años (con la única excepción de 2013, año de la tragedia del Alvia de Santiago, que dejó 79 muertos). La mayoría suelen ser atropellos de peatones.

En Europa también contabilizan los muertos anuales, estadística que se publica en Eurostat y que está en claro descenso desde 2010 (un 32%). Los suicidios ocurridos en las vías del tren (entre 2.200 y 2.800 al año) se notifican por separado y suelen triplicar el de los muertos por accidentes, que el año pasado fue de 750.

Sin embargo, mucha gente desarrolla miedos. ¿Por qué? En su libro,The Art of Uncertain(sin traducción al español) el estadista David Spiegelhalter explica cómo, al pensar en la muerte, tendemos a sobredimensionar unos peligros mientras que subestimamos otros. Spiegelhalter utiliza una extraña unidad de medida, el micromort (una probabilidad de muerte de una en un millón) para comparar estadísticamente los riesgos que asumimos. Montar en un avión o en tren nos expone a una micromort por cada 12.000 kilómetros recorridos. Montar en moto, a una cada 11 kilómetros. Correr una maratón, a siete micromorts. Spiegelhalter explica cómo sobredimensionamos ciertos riesgos a la manipulación emocional a la que puede someternos la excesiva exposición a noticias sobre desastres como el de Adamuz.

La paradoja del 11-S

El mejor ejemplo se encuentra en una ironía largamente analizada por los sociólogos. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, muchos estadounidenses condujeron en lugar de volar para evitar el riesgo de un nuevo ataque. Se registraron unas 233.000 cancelaciones, un 42% más que el año anterior. Como resultado, se produjeron más accidentes automovilísticos, con un aumento de 1.500 víctimas mortales en carreteras.

Las tragedias muy mediáticas pueden empujar a las personas a crear una visión distorsionada de la realidad. Es lo que sucede estos días, con imágenes del desastre y declaraciones de las víctimas todo el día en el televisor. “Mucha gente que tiene fobia a volar, cuando hay accidentes de avión, indagan y ven todos los programas, se meten a ver vídeos en YouTube, intentan entender qué falló”, explica Fernández. “Es una forma de intentar recuperar la sensación de control con información, pero es contraproducente y puede empeorar este miedo en lugar de aliviarlo”, aclara.

En el caso actual, esto se ha visto agravado por varias circunstancias. Para empezar, por una simple acumulación de incidentes extraordinarios. Hubo un primer choque de trenes el domingo por la tarde en Adamuz con 43 víctimas mortales. Un accidente el martes en un tren en Gelida, Barcelona, con un muerto. Y un descarrilamiento ese mismo día en Girona, afortunadamente sin víctimas.

Pero también por el ruido que se ha creado alrededor. En este contexto se ha convocado una huelga de maquinistas de trenes, se ha reducido la velocidad a la que circula la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona y han proliferado en redes sociales los vídeos y testimonios de viajeros que denuncian un temblor excesivo en los convoyes. La trifulca política, que en los primeros compases de la tragedia pareció dar algo de tregua, tampoco ayuda a mantener la calma. Todo esto crea cierta sensación de inseguridad, de desbordamiento, que no se corresponde necesariamente con la realidad.

Este miércoles, Atocha empezaba a recuperar la normalidad. Pero todavía había inquietud entre quienes bajaban hacia los andenes: si podrían viajar, si tendrían demora, si correrían algún peligro que nunca antes habían considerado… Dos trabajadores de Renfe que llegaban desde Toledo observaban que en el viaje la gente estaba un poco apagada: “Normalmente, van hablando más, se oye bullicio y hoy estaban todos más cabizbajos, más a su rollo”. La estación parece haber recuperado la normalidad. Puede que a algunos viajeros les lleve un poco más de tiempo.

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