Montero cumple un año al frente del PSOE-A con el estigma de las cesiones a Cataluña y las encuestas en contra

El cambio de liderazgo no ha servido, de momento, para remontar en los sondeos, que acusan los casos de corrupción y el acoso Leer El cambio de liderazgo no ha servido, de momento, para remontar en los sondeos, que acusan los casos de corrupción y el acoso Leer  

María Jesús Montero ha acaparado en los últimos días buena parte de los titulares, portadas incluidas, de los medios nacionales. Su protagonismo se debía, se debe, al último acuerdo cerrado por el gobierno de Pedro Sánchez con los independentistas catalanes de ERC, el nuevo modelo de financiación que introduce de facto el principio de ordinalidad para Cataluña, que los soberanistas venían exigiendo y que supone el reconocimiento de un privilegio más para la comunidad.

Montero no solo ha sido la negociadora con ERC y la arquitecta, junto a Oriol Junqueras, del nuevo sistema -contestado no solo por el PP, sino también por barones del PSOE-, sino que, además, ha sido la encargada de su defensa pública. Eso sí, 24 horas después de que el líder de ERC se vanagloriase de haber arrancado al PSOE otra concesión.

Era su papel como ministra de Hacienda, pero es que Montero es, al mismo tiempo, la secretaria general del PSOE andaluz y candidata a la Junta en unas elecciones que, a más tardar, deben celebrarse en el mes de junio. Y, pese a sus esfuerzos, la foto del pacto con Junqueras hará muy difícil que el nuevo modelo de financiación sea valorado más allá del nuevo pago al independentismo.

Por contra, en el entorno de la candidata confían en hacer llegar al electorado cómo María Jesús Montero ha sido, precisamente, el «dique» que ha impedido que hoy estemos hablando de un «cupo catalán» (a la manera del cupo vasco) que habría hecho saltar por los aires el sistema de financiación. De la misma forma, su papel en la redacción del proyecto habría servido para situar a Andalucía como la comunidad que más fondos adicionales recibirá con el nuevo reparto, 4.800 millones frente a los 4.700 millones que recibirá Cataluña. El PSOE andaluz saca pecho, por tanto, tras conocer los detalles del acuerdo, aunque a la vez reconoce la dificultad de trasladar el mensaje tras el efecto demoledor de la foto con Junqueras en vísperas de las elecciones andaluzas.

Para el PSOE-A, y pese a los lastres vinculados al desgaste del Gobierno de Pedro Sánchez, la presencia de Montero en el Consejo de Ministros sigue siendo un valor añadido del que la candidata no va a prescindir hasta que Juanma Moreno no disuelva el Parlamento.

El 18 de enero de 2025 el Comité de Ética del PSOE-A designaba a Montero como nueva secretaria general después de que su único rival, Luis Ángel Hierro, retirase su candidatura, y tras superar ampliamente el umbral de avales exigido. Aquel día, la flamante líder proclamaba su «orgullo» por ocupar el cargo en el que sustituía a Juan Espadas y se fijaba una meta: «recuperar la confianza de los andaluces» y abrir una «nueva etapa» en la formación que había sido hegemónica en Andalucía y heredaba en su peor momento.

Prácticamente doce meses después, en el PSOE andaluz sigue defendiendo las bondades del liderazgo de Montero, que la división interna es cosa del pasado y que el partido está más movilizado que nunca. Pero…

Es igualmente cierto que en el socialismo de Andalucía se da por descontada la derrota en las elecciones autonómicas de este año y se ha instalado cierta resignación ante la crítica situación de sus siglas en el ámbito nacional, cercado el PSOE de Pedro Sánchez por multitud de frentes: los casos de corrupción (con dos ex secretarios de Organización imputados, José Luis Ábalos y Santos Cerdán), las investigaciones judiciales al entorno familiar del presidente (su hermano y su mujer están imputados) y los casos de acoso sexual dentro de la formación silenciados sistemáticamente mientras a las víctimas se las abandonaba.

«No hemos cambiado el camino por el que íbamos, ha sido una oportunidad perdida«, señalan fuentes socialistas, que consideran que hoy en día no hay posibilidades ni siquiera de romper la mayoría absoluta del PP y que el partido «está aletargado».

Además del daño a las siglas, el PSOE andaluz suma el daño directo a la propia Montero, salpicada directamente, en su faceta de miembro del Gobierno central y número dos del partido a nivel nacional, por la corrupción (puso «la mano en el fuego» por Cerdán) o por los casos de acoso sexual.

Y a todo lo anterior hay que sumar el desgaste de Montero por su implicación directa en las concesiones a los independentistas, desde el modelo de financiación a la quita de la deuda.

Precisamente, una de las cuestiones que ha sido objeto de debate en estos meses ha sido la conveniencia o no de que la vicepresidenta se desligase del Gobierno y se dedicase en exclusiva a Andalucía.

El resultado final de todo esto aún tiene que concretarse y no se conocerá hasta que se haga el recuento de papeletas de los comicios que ya se vislumbran en Andalucía, pero la evolución de las encuestas electorales dibujan un horizonte nada halagüeño para la secretaria general del PSOE-A y, mucho menos, para el propio partido.

El último sondeo del Centro de Estudios Andaluces (Centra, considerado como el CIS andaluz y dependiente de la Junta de Andalucía) augura un batacazo en toda regla de la aspirante a presidenta de la Junta, que lograría apenas un 21,4% de los votos y un máximo de 28 escaños. Es decir, casi tres puntos y dos escaños menos de lo que consiguió su antecesor, el ex alcalde de Sevilla y hoy portavoz del PSOE en el Senado, en junio de 2022, al que arrebataría el dudoso honor de llevar al partido a su peor escenario histórico.

Ese resultado no es puntual ni tampoco es una excepción. Al contrario, está dentro de los márgenes de respaldo electoral que le han otorgado a la candidata socialista sondeo tras sondeo desde que asumió el liderazgo. De hecho, ese 21,4% es el mismo resultado que le auguró a Espadas la último encuesta del Centra que midió su estimación de voto.

El mejor resultado que le ha concedido el Barómetro del CIS andaluz no ha superado el 23,3% de los votos, con un máximo de 29 escaños, en septiembre del año pasado, por debajo siempre del peor resultado histórico del PSOE andaluz y profundizando el hundimiento al que llevó Espadas al partido.

Montero y el PSOE-A son conscientes de las dificultades a las que se enfrentan, de los obstáculos casi insalvables que tienen que sortear de aquí a unos meses y fían su estrategia a explotar el desgaste de Juanma Moreno metiendo el dedo en la llaga de los problemas de la sanidad pública andaluza.

Pese a todo, confían en poder remontar (algo) las encuestas dejando atrás el desgaste de los casos de corrupción y acoso y las polémicas cesiones a los soberanistas catalanes una vez cerrado el capítulo del modelo de financiación.

Para definir esa hoja de ruta y pisar el acelerador, Montero ha convocado este sábado en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra -uno de los escasos ayuntamientos que el PSOE ha controlado sin interrupción- a todos sus parlamentarios con la vista puesta en la precampaña electoral y cercano ya el día en el que tenga que deja sus cargos en Madrid para, al fin, centrarse en Andalucía.

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