Ni los propietarios estadounidenses ni organizadores españoles del Mundial de MotoGP sienten necesidad de pronunciarse sobre la inminente disputa del GP de Qatar, aplazado desde el mes de abril debido a la guerra entre Estados Unidos e Irán que sigue haciéndose notar en todos los países del Golfo Pérsico. Para los responsables mundialistas, la cita del próximo 8 de noviembre nunca ha estado en peligro, al menos de puertas hacia fuera. Y eso a pesar de que la inmensa mayoría de gobiernos del mundo recomiendan a sus ciudadanos no viajar a la zona salvo en casos de necesidad extraordinaria.
Los organizadores mantienen la cita de la semana que viene a pesar de la inquietud creciente en el ‘paddock’ por viajar a una zona de conflicto
Ni los propietarios estadounidenses ni organizadores españoles del Mundial de MotoGP sienten necesidad de pronunciarse sobre la inminente disputa del GP de Qatar, aplazado desde el mes de abril debido a la guerra entre Estados Unidos e Irán que sigue haciéndose notar en todos los países del Golfo Pérsico. Para los responsables mundialistas, la cita del próximo 8 de noviembre nunca ha estado en peligro, al menos de puertas hacia fuera. Y eso a pesar de que la inmensa mayoría de gobiernos del mundo recomiendan a sus ciudadanos no viajar a la zona salvo en casos de necesidad extraordinaria.
Entre bambalinas, son muchos quienes expresan sus reticencias sobre el fin de semana de carreras reprogramado entre el 6 y 8 de noviembre. Entre ellos, unos pilotos que al no tener ni voz ni voto en las decisiones del campeonato se resignan a que la prueba siga adelante si así lo ordenan los organizadores. A pesar de que se han reunido dos veces en privado para discutir este asunto y encontrar una posición común, algo que hacía mucho tiempo que no ocurría, una tercera reunión este mismo jueves con el director ejecutivo del campeonato, Carmelo Ezpeleta, les ha reconfirmado que ahora mismo no habrá cancelación del antepenúltimo gran premio del campeonato.
El encuentro entre campeonato y pilotos en Sepang, donde a partir de este viernes se disputa el GP de Malasia, ha dejado patente que el grueso de trabajadores en el paddock también debe encogerse de hombros ante la decisión de MotoGP Sports Entertainment Group, rebautizada tras la compra del certamen por parte de la multinacional estadounidense Liberty Media. Los responsables del Mundial se apoyan en las garantías reiteradas del gobierno catarí, uno de sus socios más longevos y lucrativos desde que el circuito de Lusail se estrenara en el calendario en 2004.
“Creo que hay un 70 u 80 por ciento del paddock que preferiría no ir”, comentó Alex Márquez, uno de los pocos pilotos transparentes sobre el asunto. “Nadie lo sabe, nadie conoce la situación. Así que creo que no ha cambiado nada. Parece que el gran premio está confirmado y eso es todo. Por el momento, [los pilotos] no tenemos ningún poder”, agregó el vigente subcampeón del mundo del equipo Gresini Ducati.
Su hermano mayor, el vigente campeón y líder del certamen, prefirió no hacer ningún comentario como el resto de sus compañeros de parrilla. “No podemos decir nada”, señalaba Marc Márquez sobre el próximo viaje a Oriente Próximo. Su única frase sobre este asunto fue muy clara hace ya un par de semanas: “La vida es solo una, y carreras hay muchas”.
Los pilotos habrían buscado estos días asesoramiento legal y mandado una lista de peticiones concretas enfocadas en contar con garantías por escrito en caso de ser necesaria una repatriación cuando se encuentren en suelo arábigo. “Confío en la organización, es su decisión y la tomarán teniendo en cuenta muchos aspectos, no es un debate para nosotros”, apuntaba Marco Bezzecchi, otro de los contendientes al título con Aprilia. Esta situación ha vuelto a dar pie a la posible creación de un sindicato de pilotos que pueda defender sus intereses en el futuro, después de un reguero de decisiones sobre la que los protagonistas del espectáculo se han sentido apartados y ninguneados.
Mientras el debate seguía entre los talleres en Sepang, el director adjunto de MotoGP, Carlos Ezpeleta, participaba en Doha, capital de Catar, en un coloquio organizado por la cadena estadounidense CNN con total normalidad. Otros trabajadores del grupo, la mayoría españoles, se encuentran ya sobre terreno para ultimar los preparativos en el circuito de Lusail.
De seguir adelante, puede asegurarse ya que la cita catarí no se desarrollará con absoluta normalidad: algunos proveedores tienen cláusulas para que sus trabajadores elijan no viajar en situaciones extraordinarias, y varios equipos aseguran que sus empleados, entre ellos mecánicos y otro personal indispensable para su operativa habitual, podrán tomar su propia decisión sin penalización alguna. “Yamaha está ahora mismo en una situación singular, porque no saben si van a ir a Qatar”, reconocía Alex Rins, piloto de la fábrica japonesa, desde Malasia. El mismo contexto aplica para Honda, si bien ningún equipo ha discutido sobre este asunto públicamente.
En las últimas semanas y días, varios medios estadounidenses han adelantado que Estados Unidos, junto a Israel, prepara una nueva campaña militar, “corta pero intensa” según el Wall Street Journal, para intentar debilitar a Irán justo después de las elecciones de mitad de mandato que se celebran el próximo martes 3 de noviembre. Las más de 1.500 personas que conforman el paddock de MotoGP ya estarán entonces en la región.
“Nos sumimos en el caos, la guerra es muy posible una vez más. No hay plan, ni visión, ni estrategias de salida u objetivos definitivos”, apuntaba a The Washington Post Ibrahim Fraihat, profesor especializado en resolución de conflictos internacionales en el Instituto de Estudios Graduados de Doha. Qatar recibió el último impacto significativo de misiles iraníes el pasado 17 de julio, con un menor herido por la metralla de un proyectil. Estaban dirigidos a una base militar estadounidense situada a 60 kilómetros del trazado de Lusail.
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