
Dejó escrito el médico humanista Andrés Laguna que tenemos la obligación de llegar al “término de la vida en plenitud”, a “la raya que no es propuesta” si vivimos “cauta, sobria y templadamente”. Pues, ciertamente, el profesor, compañero y ejemplo de convivencia que ha sido Pedro Ribas cumplió sus días el pasado viernes 9 de enero y lo ha hecho con la garantía de haber vivido de acuerdo con las reglas de aquel médico sabio.
El catedrático en Filosofía, fallecido a los 86 años, deja un legado vinculado a la renovación del pensamiento filosófico español
Dejó escrito el médico humanista Andrés Laguna que tenemos la obligación de llegar al “término de la vida en plenitud”, a “la raya que no es propuesta” si vivimos “cauta, sobria y templadamente”. Pues, ciertamente, el profesor, compañero y ejemplo de convivencia que ha sido Pedro Ribas cumplió sus días el pasado viernes 9 de enero y lo ha hecho con la garantía de haber vivido de acuerdo con las reglas de aquel médico sabio.
Nacido en la isla de Ibiza, hijo, pues, del Mediterráneo cuyas aguas han bañado culturas milenarias de las que el propio mar se alimentaba desde los ríos que cruzaban Europa, ha sido un hombre universal que ha fallecido justamente cuando se conmemora el quinto centenario de los fundamentos del conocido como “Derecho de Gentes”. Pedro ha sido un ejemplo de ese talante, que el jurista de origen brasileño Antonio Cançado Trindade asoció con el concepto de la recta razón, es decir, aquella que se constituye sobre los principios de la justicia, la buena fe y la benevolencia.
Formado en la Universidad Pontificia de Salamanca y, luego, en la Universidad Complutense de Madrid, fue discípulo del dominico, historiador, Guillermo Fraile, con quien dio los primeros pasos en el conocimiento de la historia de la filosofía española, aunque esa visión de fraile fuera desde una perspectiva muy conservadora. Ha formado parte del grupo conocido como “filósofos jóvenes”: es decir, los nacidos en los años cuarenta, en la posguerra, algunos de los cuales, se incorporaron a la recién fundada Universidad Autónoma de Madrid, en el cambio de década de los sesenta a los setenta, aglutinados por el profesor Carlos París, primer director del Departamento de Filosofía. Años, pues, finales del franquismo e inicio de la transformación hacia la España democrática, con los avatares sufridos entre grupos y tendencias que se proyectaban sobre todos los órdenes de la vida, de la ciencia y la filosofía, de las relaciones económicas y sociales hasta abarcar los discursos de legitimación que habrían de regir la convivencia nacional e internacional.
Miembro de una familia muy numerosa (once hermanos), Ribas compartió, en los sesenta, estancias en Alemania con otros emigrantes españoles y eso conformó en Pedro una conciencia social a favor de la clase trabajadora, que perduró en él toda su vida. Estas estancias también marcarían su vida personal: allí conoció a Ortrun, quien ha sido su esposa y apoyo de por vida, y adquirió el conocimiento de la vida y del idioma alemanes, que lo formaron como mediador entre ambas culturas. Estancias posteriores en la Universidad de Berlín completarían su formación académica.
Profesor ya en la Universidad Autónoma de Madrid en 1968, se incorporó a la línea iniciada por Carlos París de renovación de la filosofía en diálogo con la ciencia, la educación y la vida política y social. Junto con el profesor Diego Núñez, ambos apostaron por el estudio de las tradiciones españolas más olvidadas, creando una asignatura específica sobre Historia del Pensamiento español para estudiantes de Licenciatura y una línea de investigación que se consolidó enseguida y ha tenido continuidad hasta el presente. Sería expulsado (“No renovado su contrato”, expresado en lenguaje administrativo) y no podría reincorporarse hasta 1977. Desde entonces y hasta su jubilación en 2006, ya como catedrático, su vida ha trascurrido como profesor en esta universidad dejando un recuerdo imborrable de amistad, compromiso y lealtad.
Tres han sido las líneas principales de su labor como investigador: traductor de Kant, cuya Crítica de la Razón puravio la luz en castellano en 1978 y desde entonces se convirtió en la referencia de los lectores españoles del autor que identificamos con la Ilustración. Desde ahí hasta las realizadas en los últimos años y dedicadas a Herder. Ensayo sobre el origen del lenguaje (2022), Dios. Algunas conversaciones sobre el sistema de Espinosa (2024), Una metacritica de la Crítica de la razón pura (2025).
Gran estudioso de los movimientos sociales, Pedro Ribas ha dedicado una parte importante de su investigación a la recepción de Marx y el marxismo en España. Proyectos de investigación de los que han visto la luz varias decenas de publicaciones han sido la fuente que ha nutrido esta parte de la historia del pensamiento español. Basten aquí la cita de estos dos títulos, el más reciente: “¿Rehuyó Marx tratar de la moral y la justicia en su análisis del capitalismo?” (Azafea, 2023); y, probablemente, el primero, Aproximación a la historia del marxismo español (1990).
Finalmente, Pedro Ribas es una autoridad reconocida internacionalmente por sus trabajos sobre Miguel de Unamuno, autor al que llegó, seguramente, desde las orientaciones marcadas en los apartados anteriores: la dimensión social de la obra del “vasco universal” y su vinculación con autores alemanes. Sus libros Para leer a Unamuno (2016), Filosofía, política y literatura en Unamuno (2017) y Cartas de Alemania (2022), editado con Fernando Hermida, junto con otros textos similares y un buen número de artículos, forman parte, por derecho propio, de la literatura sobre quien fuera considerado como “intelectual moderno”.
No olvidó Pedro la filosofía cultivada en América como marco común de un pensamiento iberoamericano, de la mano del propio Unamuno que tantos corresponsales tuvo al otro lado del Atlántico, o del exiliado Adolfo Sánchez Vázquez, tan próximo al propio departamento de la UAM, o del peruano José Carlos Mariátegui.
Pedro Ribas deja esta obra, fruto de un esfuerzo enorme, continuado hasta los últimos días y nos lega, como ejemplo, un estilo de vida propio de la universidad, con voluntad de profesor responsable, respetuoso con los estudiantes y siempre dispuesto al diálogo.
Como expresaba el profesor de la UNAM, Ambrosio Velasco, en el correo que recordaba al profesor Pedro Ribas: “Liberado de corporales cadenas, como dice sor Juana, su espíritu y sus obras perduran con nosotros”.
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