Pasen y vean el esplendor de la gran feria oscura: toda la maravilla de Ray Bradbury en 113 cuentos

Ray Bradbury, en un programa de televisión en 1979.

Siempre es un 4 de julio de feliz y melancólica pirotecnia oscura en el mundo de Ray Bradbury. El escritor que nos llevó a las ciudades muertas de los marcianos desde rutilantes cohetes lanzados en la rural Minnesota y nos hizo ver como nadie el resplandor tenebroso de las viejas ferias ambulantes, combinó de manera portentosa la alegría y la calidez de la vida —simbolizada en el júbilo de los veranos de la infancia y las maravillas que ofrece nuestro mundo y allá afuera el universo— con la otra cara de la existencia: las cosas y la gente de otoño, el reverso sombrío y extraño donde reinan los esqueletos y el asombro se tiñe de misterio sobrenatural y de escalofrío.

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 Se publica la mayor antología en español de los relatos del escritor: más de mil páginas de cohetes rutilantes, marcianos melancólicos y fantasías estremecedoras  

Siempre es un 4 de julio de feliz y melancólica pirotecnia oscura en el mundo de Ray Bradbury. El escritor que nos llevó a las ciudades muertas de los marcianos desde rutilantes cohetes lanzados en la rural Minnesota y nos hizo ver como nadie el resplandor tenebroso de las viejas ferias ambulantes, combinó de manera portentosa la alegría y la calidez de la vida —simbolizada en el júbilo de los veranos de la infancia y las maravillas que ofrece nuestro mundo y allá afuera el universo— con la otra cara de la existencia: las cosas y la gente de otoño, el reverso sombrío y extraño donde reinan los esqueletos y el asombro se tiñe de misterio sobrenatural y de escalofrío.

Autor de libros que forman parte del acervo más preciado de la literatura fantástica como Crónicas marcianas, Fahrenheit 451 o La feria de las tinieblas, Bradbury (Waukegan, Illinois, 1920-Los Ángeles, 2012), está considerado sobre todo como un maestro de los relatos cortos —algunas de sus grandes novelas son en realidad una suma de ellos—. Y ahora una extensísima antología de su creación en ese formato literario, Ray Bradbury, cuentos (Páginas de espuma, 2025), pone a disposición del lector español una llave excepcional para aterrizar en el gran planeta de la imaginación que es la obra del autor estadounidense. Son 1.328 páginas, 113 cuentos, de fantasía desbordante, maravillas y estremecimientos, un viaje interestelar y a la vez un pícnic de un día de estío a lugares donde reinan la sorpresa y la fascinación, la poesía, la ternura, la inocencia y el más conmovedor calor humano, y al instante siguiente lo siniestro y lo macabro, el frío helador de la noche sideral, del Mal y de la muerte.

En la colección, el lector habitual de Bradbury va a reencontrar felizmente sus relatos más conocidos —El viento, La multitud, El tarro, El verano del cohete, El marciano, La lluvia interminable, Se oyó un trueno, Usher II—, en las mejores versiones (el escritor solía reescribirlos y publicarlos continuamente), y el que se aproxime a descubrirlo por primera vez hallará una sorprendente experiencia de deslumbrante emoción. Porque leer a Bradbury sigue siendo adentrarse en uno de los universos creativos más originales, estimulantes y conmovedores de la imaginación humana. Pasen y vean el esplendor y la emoción de su gran feria oscura, donde la carpa no tiene más límite que las estrellas.

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“Reunir una antología representativa de los cuentos de Ray Bradbury era un gran reto”, explica a este diario el escritor, editor y crítico literario Paul Viejo, que se ha encargado de seleccionar y ordenar el material del volumen. Una tarea ingente y complicada no solo por lo extenso de la obra de Bradbury, que se desarrolló a lo largo más de siete décadas, sino por “la naturaleza cambiante” de los propios textos, “reescritos, reciclados y renombrados” a lo largo de los años por un escritor que nunca dejó de trabajar sobre su propia producción. Un caso paradigmático es su primer libro, Dark Carnival, muchos de cuyos cuentos rehizo luego en El país de octubre, la obra con que lo conocieron muchos lectores españoles.

De esa colección era La guadaña, el tercer cuento de la presente antología, y el favorito de siempre de quien firma estas líneas. Es la historia terrible del campesino sin trabajo y su familia que llegan a una granja abandonada en la que a cambio de quedarse el padre ha de segar los campos de trigo con una misteriosa guadaña y descubre que el encargo es en realidad hacer el trabajo de la muerte y que cada vez que siega acaba con vidas humanas. Y entonces localiza en un sector del campo las espigas que son su mujer y sus hijos… “Estremecedor”, acuerda Paul Viejo; “el mío preferido es uno muy típico y considerado de los mejores de la historia de la ciencia ficción, La tercera expedición, que aparece aquí con el título original Marte es el cielo (Bradbury lo incluyó luego en Crónicas marcianas)”. El cuento es la historia de unos expedicionarios al planeta rojo que encuentran allí una réplica de su propio pueblo de Illinois y en el que los habitantes son sus parientes muertos. “Me parece la perfección misma, como La dama del perrito, de Chéjov, aunque también me gusta muchísimo La noche, la historia de la madre y el niño que buscan al hermano desaparecido una noche de verano en un barranco y que plasma los peores miedos”. Viejo destaca lo inimitable de los cuentos de Bradbury con su atmósfera de melancolía, fascinación y estremecimiento. De viejos cohetes fusiformes, monstruos de feria, y limonada o zarzaparrilla en el porche.

Viejo señala que en la antología, un verdadero mamut raybradburyano (al escritor le encantaría la descripción), ha querido no solo incluir los cuentos más famosos e imprescindibles de Bradbury, los canónicos, sino otros “que hablan en voz más baja”, iluminan aspectos creativos menos evidentes del autor y muestran un Bradbury “menos conocido pero igual de esencial”. El compilador recalca que la antología, con traducción de todos los cuentos a cargo de Ce Santiago y prólogo de la buena conocedora de Bradbury Laura Fernández, ella misma alumbradora de historias portentosas, “es la más extensa publicada hasta ahora en lengua española y ofrece una retrospectiva amplia y generosa de su trayectoria sin pretender agotar todas sus facetas”. De hecho, apunta que la enorme producción de Bradbury daría para otro volumen de cuentos igualmente mastodóntico y del mismo nivel.

Paul Viejo, enumera los temas recurrentes en Bradbury, un autor que —aunque reconocido como maestro para Stephen King— “es como una isla sin epígonos ni continuadores, único”: la infancia perdida, el miedo a la deshumanización tecnológica, la nostalgia del pasado, el terror doméstico, el extrañamiento cósmico. Reflexiona que su obra, “que tanto conmueve como perturba” y es “tan vasta como íntima”, escapa a la clasificación por géneros (ciencia ficción, terror, fantasía) y “no renuncia jamás a la emoción, a la imaginación y a la esperanza”. Resigue Viejo la manera en que el escritor construyó libros como Crónicas marcianas, en realidad una colección estructurada de relatos independientes algunos de los cuales habían aparecido previamente en revistas, y que juntó escribiendo intercapítulos a la manera de viñetas de conexión para crear algo que es como una novela de cuentos (Viejo recuerda cómo el escritor incluso marcianizó cuentos que no eran originalmente de la temática). Esa técnica, usada también en El hombre ilustrado, Las manzanas doradas del sol o Un remedio para la melancolía (y El vino del estío) muestra la importancia decisiva y esencial de los cuentos en la obra de Bradbury.

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“Para Bradbury los cuentos no eran una cosa acabada y estaba continuamente en busca del relato perfecto, corrigiéndolos y mejorándolos en lo posible”, señala el compilador. “También hay que tener en cuenta que versionar un cuento hacía posible volverlo a vender”. Había asimismo una voluntad de juego, del niño perpetuo que quiso ser siempre Bradbury, que se definía como “ese monstruo de feria, el hombre que lleva un niño dentro”. Viejo asegura que Bradbury funciona muy bien con las nuevas generaciones. “El enganche es el mismo que hemos tenido todos, quizá responden con una risita inicial cuando lo mencionas y sugieres pero luego no hay lector que no se sienta arrastrado por su estilo y sus historias, no es arqueología del fantástico, es algo muy vivo y actual”.

Por supuesto, no todo en Bradbury es excelso. “Tiene historias más flojas, algunas por encargo. La excelencia todo el rato no era posible en un escritor que se movió en el fantástico durante tantos años”. El voluminoso tomo con los cuentos puede impresionar pero “la lectura de Bradbury no abruma, no agota, sales satisfecho; en una visión conjunta de los relatos ves muchos puntos de contacto, sus temas, conexiones y guiños”. El compilador dice que se puede leer la antología abriéndola al azar por cualquier parte y dejándose sorprender, pero recomienda hacerlo en orden, pues piensa que se observa una progresión y una cohesión que generalmente no se aprecia al leer los cuentos sueltos o en colecciones. “Frecuentemente, nos han dado libros de Bradbury compuestos de cuentos que eran en realidad de diversas épocas y procedencias, y aquí tienes una visión más real y amplia de su trabajo”.

Viejo, que ha pasado dos años enfrascado en la antología, cree que el secreto de Bradbury estriba en que “todo viene desde el miedo, todo es un recordatorio de la finitud de la vida, un memento mori, con la nostalgia y el recuerdo como elementos relevantes”. En Bradbury, señala, es esencial rememorar el pasado y que las cosas del pasado no se olviden. Apunta que el escritor camufló mucha memoria personal en sus historias, incluidas las inesperadas infidelidades con amantes (como en La historia de amor de Laurel y Hardy) que se han revelado con el tiempo. “Parece contradictoria esa mirada hacia atrás y la nostalgia con un escritor que se ha visto como de ciencia ficción. Yo no diría que no es un autor de ese género, pero no creo que sea su etiqueta principal, y de hecho, se le ha ninguneado mucho en la ciencia ficción”. Volviendo a las infidelidades, ¿cómo cree que negociaba eso con su imagen de hombre familiar, honesto y e inocente? “Bueno, los humanos somos en última instancia, y él también nos lo enseñó, seres que combinamos luces y sombras, somos las criaturas más misteriosas y peligrosas”.

¿Qué pensaría Bradbury, que se veía como representante de la América buena, de la América de Trump? “Estaría horrorizado de la violencia y la prepotencia, pero hemos de recordar que en su tiempo protestó mucho y sin embargo se dejó premiar por George Bush y se codeó con su círculo. Era contradictorio en eso como en sus miedos y esperanzas en relación con el futuro y los avances científicos. Le habría interesado ver cómo se están cumpliendo sus sueños y pesadillas”.

En todo caso, por la antología aparecen maravillas como la ciudad marciana perdida y maldita, la cosa al final de la escalera, el padre astronauta que se estrella contra el sol, la noche del fin del mundo, la mujer electrocutada cada función de feria, la lluvia en Venus, el safari para cazar un tiranosaurio o las zapatillas de verano Cream Sponge de Douglas Spaulding. Y siempre descubres en Bradbury alguna nueva metáfora que te golpea de manera especial (como la de las tres jóvenes que bajan las escaleras entre risas “como una troupe de oropéndolas”, de En una noche de verano), o imágenes inolvidables como la de las latas de leche condensada en los canales secos y polvorientos de Marte… Ray Bradbury, ¡pasen y vean!

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