Mientras Novak Djokovic se estira en las interioridades de la pista central, meneando una barra a lo Jedi y expandiendo infinitamente las extremidades, Paula Badosa saborea con gusto la victoria contra Zarina Diyas (6-2 y 6-4, tras 1h 20m) en la pista 5 de Melbourne Park. Es la primera que firma en un gran escenario desde la que obtuvo hace siete meses en la segunda de Roland Garros y llega en Melbourne, donde hace un año era muy feliz. Entonces volvía a competir en plenitud durante las dos semanas australianas, pero al esperanzador despegue —alcanzó las semifinales, frenada únicamente por la campeona Aryna Sabalenka— le sucedió luego el castigo de la espalda.
LA ÚNICA ESPAÑOLA EN EL CUADRO
Campeona de Indian Wells en 2021 y segunda del mundo en 2022, la de Begur es ya la única representante española en el cuadro femenino. El día previo desaparecieron Cristina Bucsa y Guiomar Martistany, y este lunes se despidió también Jessica Bouzas. La gallega cedió ante la 363ª del mundo, Storm Hunter, por un doble 6-4 (en 1h 26m).
A su derrota se unió la de Roberto Bautista, apeado a las primeras de cambio en los cinco últimos majors que ha disputado. No pudo con el 318º de la ATP, el chino Juncheng Shang (6-4, 6-7(2), 6-4 y 6-0, tras 2h 52m). En cambio, sí avanzaron Alejandro Davidovich y Jaume Munar. El primero superó a Filip Misolic (6-2, 6-3 y 6-3, en 1h 42m) y el segundo remontó a Dalibor Svricina (3-6, 6-2, 6-7(5), 7-5 y 6-3, en 4h 27m).
Al cierre del día, Novak Djokovic despachó al valenciano Pedro Martínez (6-3, 6-2 y 6-2, en 2h) y festejó su victoria 100 en el Open de Australia; cabe recordar que también es centenario tanto en Roland Garros (101) como Wimbledon (102), así como que con 81 participaciones en los grandes torneos, iguala el récord de Roger Federer y Feliciano López. Se enfrentará en la próxima ronda al italiano Francesco Mastrelli, procedente de la fase previa.
Ausente desde octubre por sus problemas físicos, la catalana se reencuentra con la victoria en un grande siete meses después (6-2 y 6-4 a Diyas) y continúa sin rendirse
Mientras Novak Djokovic se estira en las interioridades de la pista central, meneando una barra a lo Jedi y expandiendo infinitamente las extremidades, Paula Badosa saborea con gusto la victoria contra Zarina Diyas (6-2 y 6-4, tras 1h 20m) en la pista 5 de Melbourne Park. Es la primera que firma en un gran escenario desde la que obtuvo hace siete meses en la segunda de Roland Garros y llega en Melbourne, donde hace un año era muy feliz. Entonces volvía a competir en plenitud durante las dos semanas australianas, pero al esperanzador despegue —alcanzó las semifinales, frenada únicamente por la campeona Aryna Sabalenka— le sucedió luego el castigo de la espalda.
“Están poniéndome a prueba desde ahí arriba”, decía en mayo. “Este año ha puesto a prueba mi salud mental como ninguno”, incidiría después, antes de la enésima interrupción y de, como acostumbra ella, volver a rebelarse contra sus circunstancias: frente al azote permanente de esa dichosa vértebra, una prueba de fe. La única vía, probablemente. Eso o la nada. “Unos años ganas, otros construyen tu carácter”, contrapuso después de tener que detenerse porque al dolor de la región lumbar se sumó una rotura en el psoas (junio) y, más tarde, octubre, otra lesión muscular en la ingle cuando intentaba pasar página en Pekín. Más resignación, más lágrimas. En consecuencia, de nuevo vuelta a la carga. No hay otra. Rebeldía. No se rinde.
“No sé cuándo, pero sé que va a pasar”, publicaba en el transcurso de este último proceso de reconstrucción, confiada en que tarde o temprano su cuerpo le dé una tregua y le brinde la oportunidad que hace un año tuvo en Australia; la que tanto se le ha negado a lo largo de los tres últimos. De nuevo, empacho de gimnasio y ejercicios a destajo para reanudar la marcha en la pretemporada, completada con buenas sensaciones antes del aterrizaje en un torneo al que llega con “expectativas bajas”. Lo de hoy no va tanto de competir, como de exponerse y ponerse necesariamente a prueba. Si el físico responde, dice, el resto vendrá de la mano. Calidad no le falta y el escenario es más o menos el mismo.
A la búsqueda de ritmo, Badosa vive deportivamente al día, al punto prácticamente, pero perfila un plan a tres o cuatro meses vista con el objetivo de alcanzar un pico óptimo de forma de cara a la primavera. “Estoy entrenando muy bien y cada día me siento mejor. Me faltan horas de competición, sobre todo para afrontar esos momentos en el que tienes que gestionar las bien cosas y leer las situaciones, pero se recupera a base de tiempo sobre la pista”, contesta con el pelo todavía húmedo tras el paso por la ducha y de una actuación dentro de la lógica contra Diyas. El miércoles se enfrentará a la rusa Oksana Slekhmeteva (103ª del mundo) en, aparentemente, otra buena ocasión para rodarse.
Carrera de obstáculos
Por delante, Badosa encara un horizonte de contrastes. Por una parte, la progresión del curso pasado en Melbourne le obliga a otro buen recorrido para no perder demasiados puntos y caer en el ranking; por otra, a partir de marzo tendrá la oportunidad de sumar e ir recuperando terreno, siempre y cuando logre tener continuidad. “Yo quiero hacerlo bien desde ya”, contesta a este periódico, “pero, pensándolo en perspectiva y en frío, creo que dentro de tres o cuatro meses [coincidiendo con la gira de tierra batida] va a llegar mi mejor nivel. Sinceramente, creo que ahí estaré mejor que ahora, aunque ojalá llegue antes porque hay torneos que me hacen muchísima ilusión”.

A pesar de la oscilación y la discontinuidad de los últimos tiempos, a la catalana (28 años) se le percibe más tranquila que nunca. Responde la paz, en buena parte, al círculo que la rodea desde la primavera de 2023. Departe con los enviados especiales y escuchan sin perder detalle, desde la platea, el técnico Pol Toledo y el fisio Pablo Solana. “Es una luchadora”, la define su amiga Sabalenka. De eso va y de eso ha ido siempre, en realidad, la carrera de una tenista que venció a la depresión, primero, y que se revuelve todavía ante el órdago que le lanzó la espalda a partir de 2023. Desde entonces rema a contracorriente, pero no desiste. La idea de ganar un gran torneo, el sueño, sigue ahí.
“Por ahora, el cuerpo me ha respondido muy bien”, precisa. “Pero, cuando te paras, la confianza a la hora de competir se va”, admite. Disputó un par de partidos en Brisbane y otro en Adelaida; independientemente del marcador, gasolina para el tanque (especialmente anímico). Instalada en el puesto 26, la temporada previa tan solo pudo disputar 30 partidos, de ahí el empeño. Dosis extra. “Quiero ser positiva, estoy trabajando y entrenándome más duro que nunca. Quería ponerme lo más fuerte posible en la pretemporada, por eso ha sido de dos meses y medio. Ese es el camino”, zanja Badosa. Pese a todo y entre la marejada, optimistamente en pie.
A. C. | Melbourne
Campeona de Indian Wells en 2021 y segunda del mundo en 2022, la de Begur es ya la única representante española en el cuadro femenino. El día previo desaparecieron Cristina Bucsa y Guiomar Martistany, y este lunes se despidió también Jessica Bouzas. La gallega cedió ante la 363ª del mundo, Storm Hunter, por un doble 6-4 (en 1h 26m).
A su derrota se unió la de Roberto Bautista, apeado a las primeras de cambio en los cinco últimos majors que ha disputado. No pudo con el 318º de la ATP, el chino Juncheng Shang (6-4, 6-7(2), 6-4 y 6-0, tras 2h 52m). En cambio, sí avanzaron Alejandro Davidovich y Jaume Munar. El primero superó a Filip Misolic (6-2, 6-3 y 6-3, en 1h 42m) y el segundo remontó a Dalibor Svricina (3-6, 6-2, 6-7(5), 7-5 y 6-3, en 4h 27m).
Al cierre del día, el serbio Novak Djokovic despachó al valenciano Pedro Martínez (6-3, 6-2 y 6-2, en 2h) y festejó su victoria 100 en Australia. Se enfrentará en la próxima ronda al italiano Francesco Mastrelli, procedente de la fase previa.
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