Ricardo de Madrazo y Garreta (Madrid, 1852-1917) es el miembro menos conocido de una dinastía prodigiosa que marcó el arte español del siglo XIX: el padre, Federico de Madrazo y Kuntz (1815-1894); el hermano, Raimundo de Madrazo (1841-1920) y su cuñado, Mariano Fortuny y Marsal (1838-1874). El Museo del Prado ha inaugurado este martes una muestra dedicada al benjamín del clan familiar. Es la primera vez que el público podrá ver la obra de Ricardo de Madrazo, compuesta sobre todo por cuadernos de dibujo, dibujos y acuarelas, un autorretrato y documentos personales. La exposición podrá visitarse desde este martes y hasta el 17 de enero de 2027, en la sala 60 del edificio Villanueva, a propósito del programa Almacén abierto, una iniciativa que el Museo del Prado realiza desde 2009 para difundir obras y autores poco conocidos.
El Museo del Prado inaugura una muestra inédita dedicada al benjamín de la dinastía Madrazo, uno de los pilares del arte español del siglo XIX
El Museo del Prado inaugura una muestra inédita dedicada al benjamín de la dinastía Madrazo, uno de los pilares del arte español del siglo XIX
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Luis von Putlitz
Madrid –
Ricardo de Madrazo y Garreta (Madrid, 1852-1917) es el miembro menos conocido de una dinastía prodigiosa que marcó el arte español del siglo XIX: el padre, Federico de Madrazo y Kuntz (1815-1894); el hermano, Raimundo de Madrazo (1841-1920) y su cuñado, Mariano Fortuny y Marsal (1838-1874). El Museo del Prado ha inaugurado este martes una muestra dedicada al benjamín del clan familiar. Es la primera vez que el público podrá ver la obra de Ricardo de Madrazo, compuesta sobre todo por cuadernos de dibujo, dibujos y acuarelas, un autorretrato y documentos personales. La exposición podrá visitarse desde este martes y hasta el 17 de enero de 2027, en la sala 60 del edificio Villanueva, a propósito del programa Almacén abierto, una iniciativa que el Museo del Prado realiza desde 2009 para difundir obras y autores poco conocidos.
La trayectoria de casi medio siglo de Ricardo de Madrazo (sus primeros trabajos datan de 1867 y los últimos de 1903) quedó eclipsada por las figuras tan prominentes de su hermano Raimundo y de Mariano Fortuny, de quien Ricardo fue aprendiz y adquirió las sutilezas técnicas que después llevaría a las acuarelas. Así lo explica Pedro José Martínez Plaza, conservador del área de pintura del siglo XIX y comisario de la exposición: “Es un artista que no es que entre o salga del canon, sino que está a la sombra de otros grandes artistas. Es un artista que está en el canon, pero quiero que entiendan ustedes que ha quedado ensombrecido por la familia”. Martínez señala, además, que Ricardo alternó su obra con los cuidados de su padre, Federico.
Pero los trabajos de Ricardo arrojan luz sobre otros aspectos de la dinastía Madrazo. Alfonso Palacio, director adjunto de conservación e investigación del Prado, comenta con entusiasmo que uno de los grandes hallazgos fue un dibujo de Ricardo del estudio de Fortuny, poco después de la muerte de este último. El resultado es una especie de instantánea de carácter testimonial, señala Palacio, porque Ricardo dibujó lo que había en el estudio tal cual lo dejó Fortuny. También destaca el dibujo de un porrón del que bebía Mariano Fortuny en su lecho de muerte.
La exposición, recuerda Martínez, está estructurada en cuatro ejes: la importancia de los viajes de Ricardo de Madrazo, en los que Toledo y Venecia ocuparon lugares centrales así como una inclinación hacia el orientalismo; la relación de maestro y alumno con su cuñado Fortuny; su trabajo como pintor profesional de retratos y copista de las obras del Museo del Prado, que reinterpretaba en acuarela para venderlas; y las piezas más tardías, dedicadas a la intimidad familiar o a escenas cotidianas, como en Dos ancianas con una niña a la puerta de una casa en Segovia (1884), un dibujo que destaca por el nivel de atención a los detalles, como el trazo de una pequeña paloma que picotea en el suelo.

Entre los dibujos de Ricardo de Madrazo, llaman la atención también aquellas piezas que evocan una época. Tal es el caso de los dibujos que hizo de algunos oficios hoy inexistentes, como Juan Pino, cazador de lobos en Ávila (1876), testimonio de un trabajo que llegó a tener cierta popularidad en la España decimonónica. O la pieza Los memorialistas (1874), dedicada a aquellas personas que montaban un puestecito en la calle y ofrecían leer en voz alta para los analfabetos.
El trabajo para reunir los 29 cuadernos de dibujo de Ricardo de Madrazo, en colaboración con los herederos, abarca 20 años de búsqueda y conservación (desde 2006). Se trata de la segunda colección más numerosa de cuadernos que posee el Prado y que permiten recorrer las etapas en la obra de un artista, solo por detrás de los 40 de Martín Rico.
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