Sánchez y la simbiosis del caos

El tramo final de Sánchez, los ocho años más infames de la democracia, puede ilustrarse con una fábula en la tradición de Esopo acerca de la zoología simbiótica . Ese mutuo acuerdo por el que los animales pequeños se asocian a los grandes. El camarón convive con la morena y a cambio le limpia los dientes. Los peces rémoras son el séquito del tiburón. Pajaritos encaramados al cocodrilo…Los coaligados del gobierno, ya cómplices de la corrupción socialista, se aferran al resistente para rebañar sus excrecencias o picotear los restos de la pitanza. Los comunistas simbióticos maquillan el cesarismo de un gabinete en el que ocupan una cuarta parte de los ministerios. Su coartada: desarrollan un programa progresista frente a «la-ola-reaccionaria-que-nos-invade». Varado en el mar de los Sargazos que es gobernar sin presupuestos, enflaquecido por la toxicidad de la endogamia partidista y familiar, Sánchez compromete su conservación como especie depredadora . Completó la simbiosis socialcomunista con otras especies cuya razón de ser es la metamorfosis del ecosistema constitucional en confederal: PNV, Esquerra, Junts y Bildu. Con estos acompañantes, no se sabe dónde acaba la simbiosis y dónde empieza el parasitismo. El jefe les dejó comer en su comida, pero le hicieron saber que no había suficiente con las migajas. Por eso les ofreció participar de los mejores bocados, siempre a costa del erario público: barra libre nacionalista en sus territorios, control de fronteras y aeropuertos, financiación a la carta. Tras llegar a un acuerdo con las rémoras comunistas, que sentían un poco de envidia, los pájaros y pececillos separatistas saborearon los cargos bien remunerados en las empresas públicas. En la radiotelevisión pública nacional, sometida a la propaganda gubernamental, el separatismo simbiótico arrancó la concesión de un canal en catalán; con el de TV3 es la otra cara de una misma moneda: una Cataluña moldeada por el nacionalismo de un tercio que ignora a los otros dos tercios. Al espectador que paga la fiesta identitaria le queda el recurso de cambiar de cadena. Lo que no puede evitar es tomar el tren para ir al trabajo. Los asociados -simbióticos o parasitarios- ostentan cargos en Renfe. Y la red ferroviaria española, por falta de mantenimiento, ha acabado en vía muerta: cuarenta y seis muertos. En Cataluña hubo también muerte y suspensión del servicio. Los simbióticos comunistas y separatistas clamaron por la mala gestión de un ministerio que no renueva las vías. La única soldadura conocida es el partido unificado con aquel al que el tuitero titular de Transportes ensalza como el «Puto Amo». Después de los aspavientos persisten en el amoral trapicheo de los votos prestados; esto es, seguir alimentándose de las excrecencias orgánicas del jefe del clan. Si se desmarcan de la bandada gubernamental corren el peligro de perder las prebendas de la simbiosis. La facción de Junts se desviaba hacia aguas más agitadas: el mal funcionamiento de los trenes en Cataluña como oportunidad para reavivar otro proceso secesionista.Noticia Relacionada spectator in barcino opinion Si Sanchistas (casi) al final de la escapada Sergi Doria Sánchez es el otro Michel en huida hacia adelante. Infinitas son las idas y venidas por la demagogia del inquiokupa de la Moncloa a la que accedió con las ganzúas de PNV, Esquerra, Junts y BilduAjeno a jerarquías políticas y morales, Sánchez sigue comprando votos a unos simbióticos que ya han parasitado, como una tenia, el organismo de un Estado que el gobierno ya no defiende. Queda el recurso de la confrontación. Regularizar por Real Decreto medio millón de inmigrantes en un país al que le revientan las costuras de la sanidad y los servicios sociales. Recuperar para la simbiosis a la izquierda podemita de papeles para todos, mientras delega el control de las fronteras a la derecha catalana de los papeles para pocos y se ceba el voto de Vox para quitárselo al centroderecha del PP. O yo o el caos. El caos. O sea, yo. Pedro Sánchez. El tramo final de Sánchez, los ocho años más infames de la democracia, puede ilustrarse con una fábula en la tradición de Esopo acerca de la zoología simbiótica . Ese mutuo acuerdo por el que los animales pequeños se asocian a los grandes. El camarón convive con la morena y a cambio le limpia los dientes. Los peces rémoras son el séquito del tiburón. Pajaritos encaramados al cocodrilo…Los coaligados del gobierno, ya cómplices de la corrupción socialista, se aferran al resistente para rebañar sus excrecencias o picotear los restos de la pitanza. Los comunistas simbióticos maquillan el cesarismo de un gabinete en el que ocupan una cuarta parte de los ministerios. Su coartada: desarrollan un programa progresista frente a «la-ola-reaccionaria-que-nos-invade». Varado en el mar de los Sargazos que es gobernar sin presupuestos, enflaquecido por la toxicidad de la endogamia partidista y familiar, Sánchez compromete su conservación como especie depredadora . Completó la simbiosis socialcomunista con otras especies cuya razón de ser es la metamorfosis del ecosistema constitucional en confederal: PNV, Esquerra, Junts y Bildu. Con estos acompañantes, no se sabe dónde acaba la simbiosis y dónde empieza el parasitismo. El jefe les dejó comer en su comida, pero le hicieron saber que no había suficiente con las migajas. Por eso les ofreció participar de los mejores bocados, siempre a costa del erario público: barra libre nacionalista en sus territorios, control de fronteras y aeropuertos, financiación a la carta. Tras llegar a un acuerdo con las rémoras comunistas, que sentían un poco de envidia, los pájaros y pececillos separatistas saborearon los cargos bien remunerados en las empresas públicas. En la radiotelevisión pública nacional, sometida a la propaganda gubernamental, el separatismo simbiótico arrancó la concesión de un canal en catalán; con el de TV3 es la otra cara de una misma moneda: una Cataluña moldeada por el nacionalismo de un tercio que ignora a los otros dos tercios. Al espectador que paga la fiesta identitaria le queda el recurso de cambiar de cadena. Lo que no puede evitar es tomar el tren para ir al trabajo. Los asociados -simbióticos o parasitarios- ostentan cargos en Renfe. Y la red ferroviaria española, por falta de mantenimiento, ha acabado en vía muerta: cuarenta y seis muertos. En Cataluña hubo también muerte y suspensión del servicio. Los simbióticos comunistas y separatistas clamaron por la mala gestión de un ministerio que no renueva las vías. La única soldadura conocida es el partido unificado con aquel al que el tuitero titular de Transportes ensalza como el «Puto Amo». Después de los aspavientos persisten en el amoral trapicheo de los votos prestados; esto es, seguir alimentándose de las excrecencias orgánicas del jefe del clan. Si se desmarcan de la bandada gubernamental corren el peligro de perder las prebendas de la simbiosis. La facción de Junts se desviaba hacia aguas más agitadas: el mal funcionamiento de los trenes en Cataluña como oportunidad para reavivar otro proceso secesionista.Noticia Relacionada spectator in barcino opinion Si Sanchistas (casi) al final de la escapada Sergi Doria Sánchez es el otro Michel en huida hacia adelante. Infinitas son las idas y venidas por la demagogia del inquiokupa de la Moncloa a la que accedió con las ganzúas de PNV, Esquerra, Junts y BilduAjeno a jerarquías políticas y morales, Sánchez sigue comprando votos a unos simbióticos que ya han parasitado, como una tenia, el organismo de un Estado que el gobierno ya no defiende. Queda el recurso de la confrontación. Regularizar por Real Decreto medio millón de inmigrantes en un país al que le revientan las costuras de la sanidad y los servicios sociales. Recuperar para la simbiosis a la izquierda podemita de papeles para todos, mientras delega el control de las fronteras a la derecha catalana de los papeles para pocos y se ceba el voto de Vox para quitárselo al centroderecha del PP. O yo o el caos. El caos. O sea, yo. Pedro Sánchez.  

spectator in barcino

Ajeno a jerarquías políticas y morales, Sánchez sigue comprando votos a unos simbióticos que ya han parasitado, como una tenia, el organismo de un Estado que el gobierno ya no defiende

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