Su corazón está en otra parte

Cataluña ha tenido dos grandes suertes en los últimos años. La primera es que los independentistas, a pesar de ser muchos, son muy poco inteligentes, y como los palestinos, no pierden ninguna oportunidad de perder una oportunidad. La autoinmolación del enemigo es mucho más cómoda que tener que ir a derrotarlo, y esto España lo ha podido atestiguar.La segunda gran suerte que ha tenido Cataluña es que su presidente, Salvador Illa, es muy listo, y ha sabido dividir a los independentistas para derrotarlos. Ha sabido pactar con Esquerra para romper la cohesión social que había alrededor de una idea que sólo se ha acabado percibiendo como absurda, o quimérica, cuando se ha visto la imposibilidad de su articulación política, y ha quedado retratada a través de la mediocridad y el ridículo que han hecho sus representantes. Hay que recordar que las elecciones en la ANC las ganó un payaso -el payaso Pessarrodona-, pero al no ser la ANC una organización democrática, la presidencia recayó en otro humorista, Lluís Llach. Precisamente a través de esta sucesión de despropósitos, muchos independentistas se han dado cuenta de la imposibilidad de lo que deseaban, y volvemos a su falta de inteligencia para subrayar que no ha sido a través de la lógica política sino del lamentable espectáculo que han dado. Independentistas quedan, y muchos, y además tienen ganas de salir a la calle un día de fiesta, porque es lo único «independentista» que pueden hacer a lo largo del año. Pero hace años que el partido no es contra España sino entre facciones del atraso: la más cursi (Junts), contra la más izquierdista, Esquerra. Y la más violenta -la que tiene la desfachatez de llamarse antifascista, cuando es lo más fascista y trágico que existe en Cataluña-, contra Alianza Catalana, que es el único partido que tiene credibilidad a la hora de defender su espacio político, y cada vez que alguien le acusa de ser de extrema derecha, le regala un buen puñado de votos. Este viernes se vio en la depauperada manifestación, y en la delirante cobertura de los medios afines, que la independencia como idea o posibilidad real está hoy en vía muerta. Cataluña está sumida, como cualquier región de España y Europa, en el debate entre una socialdemocracia ineficaz y decadente, pero reconocible en los valores más o menos liberales y europeístas que nos han traído hasta aquí; y un populismo emergente muy parecido en fondo y forma al populismo independentista, pero más liberal en lo económico, más transversal en lo político, y que en lugar de culpar de todo a España y a los españoles, culpa a la inmigración y al islamismo. El presidente Illa contempla el esperpento en la distancia y procura no decir nada que pueda azuzar inútilmente el fuego. Su partido aparece menguado en las últimas encuestas, pero tiene cerca de dos años para tratar de remontar. Este viernes no fue la Diada de la independencia. Este viernes fue la Diada del folklore y de las castañeras que siempre quedan en los pueblos que fueron importantes cuando la gente que tiene cosas importantes que hacer se marcha.Cataluña sigue latiendo pero su corazón está en otra parte. Cataluña ha tenido dos grandes suertes en los últimos años. La primera es que los independentistas, a pesar de ser muchos, son muy poco inteligentes, y como los palestinos, no pierden ninguna oportunidad de perder una oportunidad. La autoinmolación del enemigo es mucho más cómoda que tener que ir a derrotarlo, y esto España lo ha podido atestiguar.La segunda gran suerte que ha tenido Cataluña es que su presidente, Salvador Illa, es muy listo, y ha sabido dividir a los independentistas para derrotarlos. Ha sabido pactar con Esquerra para romper la cohesión social que había alrededor de una idea que sólo se ha acabado percibiendo como absurda, o quimérica, cuando se ha visto la imposibilidad de su articulación política, y ha quedado retratada a través de la mediocridad y el ridículo que han hecho sus representantes. Hay que recordar que las elecciones en la ANC las ganó un payaso -el payaso Pessarrodona-, pero al no ser la ANC una organización democrática, la presidencia recayó en otro humorista, Lluís Llach. Precisamente a través de esta sucesión de despropósitos, muchos independentistas se han dado cuenta de la imposibilidad de lo que deseaban, y volvemos a su falta de inteligencia para subrayar que no ha sido a través de la lógica política sino del lamentable espectáculo que han dado. Independentistas quedan, y muchos, y además tienen ganas de salir a la calle un día de fiesta, porque es lo único «independentista» que pueden hacer a lo largo del año. Pero hace años que el partido no es contra España sino entre facciones del atraso: la más cursi (Junts), contra la más izquierdista, Esquerra. Y la más violenta -la que tiene la desfachatez de llamarse antifascista, cuando es lo más fascista y trágico que existe en Cataluña-, contra Alianza Catalana, que es el único partido que tiene credibilidad a la hora de defender su espacio político, y cada vez que alguien le acusa de ser de extrema derecha, le regala un buen puñado de votos. Este viernes se vio en la depauperada manifestación, y en la delirante cobertura de los medios afines, que la independencia como idea o posibilidad real está hoy en vía muerta. Cataluña está sumida, como cualquier región de España y Europa, en el debate entre una socialdemocracia ineficaz y decadente, pero reconocible en los valores más o menos liberales y europeístas que nos han traído hasta aquí; y un populismo emergente muy parecido en fondo y forma al populismo independentista, pero más liberal en lo económico, más transversal en lo político, y que en lugar de culpar de todo a España y a los españoles, culpa a la inmigración y al islamismo. El presidente Illa contempla el esperpento en la distancia y procura no decir nada que pueda azuzar inútilmente el fuego. Su partido aparece menguado en las últimas encuestas, pero tiene cerca de dos años para tratar de remontar. Este viernes no fue la Diada de la independencia. Este viernes fue la Diada del folklore y de las castañeras que siempre quedan en los pueblos que fueron importantes cuando la gente que tiene cosas importantes que hacer se marcha.Cataluña sigue latiendo pero su corazón está en otra parte.  

Cataluña ha tenido dos grandes suertes en los últimos años. La primera es que los independentistas, a pesar de ser muchos, son muy poco inteligentes, y como los palestinos, no pierden ninguna oportunidad de perder una oportunidad. La autoinmolación del enemigo es mucho más cómoda … que tener que ir a derrotarlo, y esto España lo ha podido atestiguar.

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