Tadej Pogacar lo dejó caer en la rueda de prensa nocturna y urgente (esperaba y urgía el gran party celebratorio del equipo) de ganador del Tour, y diversas fuentes tanto del entorno del quíntuple ganador del Tour como de la organización lo han confirmado: 2026 será el año en el que intentará tachar la última casilla que le queda de las grandes vueltas por etapas y el 22 de agosto se alineará en Mónaco en la rampa de salida, tan vecina a su apartamento, de la contrarreloj de nueve kilómetros con la que comienza la Vuelta a España.
El esloveno ha decidido participar a partir del 22 de agosto en la carrera española, donde, después de ser tercero a los 20 años, intentará cerrar la triple corona de la grandes rondas tras Tour y Giro
Tadej Pogacar lo dejó caer en la rueda de prensa nocturna y urgente (esperaba y urgía el gran party celebratorio del equipo) de ganador del Tour, y diversas fuentes tanto del entorno del quíntuple ganador del Tour como de la organización lo han confirmado: 2026 será el año en el que intentará tachar la última casilla que le queda de las grandes vueltas por etapas y el 22 de agosto se alineará en Mónaco en la rampa de salida, tan vecina a su apartamento, de la contrarreloj de nueve kilómetros con la que comienza la Vuelta a España.
A falta del anuncio oficial que el UAE, su equipo, hará en los próximos días, la decisión ya está tomada y la planificación de su final de temporada definida consigo mismo y con su entrenador. Una decena de días de vacaciones para fortalecer la relación de pareja –antes de que su chica, Urska Zigart, se lance a disputar el Tour femenino, el próximo sábado– después de haber cimentado sentimientos de amor eternos entre sus compañeros de equipo ya, ay, Torito, y recuperarse física más que mentalmente de un Tour que disputó más relajado que nunca, y alegre, y dos semanas de preparación. No hay tiempo para más. Junto a la Vuelta, que termina el 13 de septiembre en Granada y no en un Madrid entregado al GP de Fórmula 1, hay otros tres días de competición intocables en la cabeza del fenómeno: el 27 de septiembre, el Mundial, en Montreal, en el que buscará su tercer arcoiris consecutivo (igualando a Peter Sagan, 2015-2017, el único que ganó tres seguidos, Alfredo Binda hace un siglo, Rik van Steenbergen hace 70 años, Eddy Merckx siempre hace 50 y Óscar Freire hace 20); el 4 de octubre, el Campeonato de Europe, que este año se celebra en Liubliana, capital de su Eslovenia, y el Lombardía, el Monumento que más le place y que más veces ha ganado, y lo ha hecho cinco veces, ininterrumpidamente desde 2021.
Los 24 días de competición que suponen el calendario de la segunda parte de su temporada, sumados a los 37 ya pasados (cinco clásicas, con victoria en cuatro y un segundo puesto en la Roubaix, seis días en Romandía, cinco en Suiza y los 21 del Tour), en los que sumó 19 victorias, darán un total de 61, la cifra más alta desde los 62 de 2019, el año de su debut en el WorldTour, y en la Vuelta.

Ganador del Tour ya en su primera participación, en 2020, y cuatro veces más, y del Giro la única vez que lo disputó, en 2024, la Vuelta es la primera grande que disputó Pogacar. Fue en 2019. El esloveno, entonces un chavalín de 20 años con tez de niño y tan imberbe como ahora, mostró despreocupadamente que ya entonces más que un extraterrestre, la denominación actual, era un ángel alado aliado con la locura con un ataque de 45 kilómetros en la penúltima etapa en las laderas de Peña Negra, en la travesía hasta la ascensión a la Plataforma de Gredos a través de unas montañas de granito heladoras entonces y unos bosques verdes verdes entonces, tan ignorantes del fenómeno que alucinaba frenético, acelerado, maravilloso, en su carreteras como de que pocos años después de récords de aumento de temperatura, ellos serían, como los campeones envejecidos, madera achicharrada y cenizas, y tristeza. Con aquel ataque insensato y medido logró su tercera victoria de etapa en la ronda española y, sobre todo, hizo temblar el maillot rojo de su compatriota Primoz Roglic, el único héroe esloveno por entonces, y que salvó la primera de sus cuatro victorias finales en la Vuelta por poco más de dos minutos y, agotado su Jumbo imperial de perseguir inútilmente al chaval de Komenda, gracias al trabajo del Movistar para salvar (por 21 segundos) el segundo puesto de Valverde en el podio, tren al que enganchó su vagón Roglic. Pogacar quedó tercero. Fue el inicio de un récord único: no se ha bajado del podio en las nueve grandes que ha disputado en su vida en los últimos ocho años. Cinco Tours y dos segundos puestos, un Giro, y el podio de la Vuelta. Un año después, en 2020, en la cronoescalada final del Tour de Francia, Roglic no pudo evitar el triunfo de su subversivo compatriota, que iniciaba su reinado único en la grande boucle.
Siete años después, Pogacar volverá a encontrarse listo para la revancha con Primoz Roglic (36 años ya), que lucirá el dorsal número uno en las carreteras españolas y en el horno andaluz en agosto de cambio climático. Después de descender desde Mónaco principesco por la costa mediterránea con desvíos a las montañas de Font Romeu, Andorra, Valdelinares y Aitana, la Vuelta disputará sus últimos 10 días sin salir de Andalucía y visitando las ocho provincias, y con otro viejo conocido, el Nairo Quintana al que privó de la victoria en la etapa de Andorra del 19 y que este año cuelga la bicicleta.
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