“Aunque estamos en un negocio subjetivo, la verdad es que yo busco la grandeza. Sé que la gente no suele hablar así, pero quiero ser uno de los grandes”. Con el premio del Sindicato de actores en la mano por encarnar a Bob Dylan en Un completo desconocido, en febrero de 2025, Timothée Chalamet (Nueva York, 30 años) se confesó ante sus compañeros intérpretes. El actor nunca ha escondido su ambición artística, su selección de proyectos ha ido afinándose con su experiencia, y ahora se prepara para ganar su primer premio Oscar por su buscavidas Marty Mauser en Marty Supreme. Alabado por sus compañeros como Javier Bardem, ensalzado por su director, Josh Safdie, tras siete años juntos para sacar adelante el filme, ha llegado la época Chalamet en el cine mundial.
Con su doble candidatura al Oscar por ‘Marty Supreme’, el actor, con 30 años, ya es una de las grandes estrellas de Hollywood. Su director, Josh Safdie (“Posee algo mágico”), y su compañero en ‘Dune’, Javier Bardem (“Ha hecho el mejor trabajo del año”), alaban su talento
“Aunque estamos en un negocio subjetivo, la verdad es que yo busco la grandeza. Sé que la gente no suele hablar así, pero quiero ser uno de los grandes”. Con el premio del Sindicato de actores en la mano por encarnar a Bob Dylan en Un completo desconocido, en febrero de 2025, Timothée Chalamet (Nueva York, 30 años) se confesó ante sus compañeros intérpretes. El actor nunca ha escondido su ambición artística, su selección de proyectos ha ido afinándose con su experiencia, y ahora se prepara para ganar su primer premio Oscar por su buscavidas Marty Mauser en Marty Supreme. Alabado por sus compañeros como Javier Bardem, ensalzado por su director, Josh Safdie, tras siete años juntos para sacar adelante el filme, ha llegado la época Chalamet en el cine mundial.
Solo otro actor había logrado tres candidaturas al Oscar con 30 años. Y no uno cualquiera: Marlon Brando. Chalamet, que alcanzó esa edad el pasado 27 de diciembre, tiene ya cuatro, por Call Me By Your Name (2017), Un completo desconocido (2024) y dos, como protagonista y como productor, por Marty Supreme, que se estrena en España el próximo viernes 30.
En su filmografía ya acumula títulos con enjundia: Interstellar, Lady Bird, Mujercitas, Beautiful Boy, Call Me By Your Name (que subrayó su ascenso en el cine de autor), Día de lluvia en Nueva York, Hostiles, Hasta los huesos, The King (todo actor quiere un shakespeare), Mujercitas, las tres entregas de Dune, La crónica francesa (igual: todo actor quiere una con Wes Anderson), Wonka, No mires arriba o Un mundo desconocido.

“No recuerdo querer dedicarme a otra cosa”, aseguraba en el festival de San Sebastián en la promo de Beautiful Boy. De crío trabajó en varios anuncios, y al final de la adolescencia ya estaba en los escenarios del off Broadway, mientras resolvía sus dudas sobre si sentirse francés (como su padre, funcionario de Unicef) o estadounidense (como su madre, agente inmobiliaria). “Al final me he quedado con los dos mundos”, confesaba.
A su ambición artística se suma su ojo para el marketing. La campaña de Marty Supreme ha sido de quitarse el sombrero. Su personaje —que se basa en parte en el auténtico Marty Reisman— es un campeón pendenciero de ping-pong a mediados de los años cincuenta, un jovencísimo timador compulsivo que miente, engatusa y urde todo tipo de artimañas para sobrevivir. Y para venderse: fue quien propuso que las pelotas de ping-pong fueran de color naranja para que se vieran mejor, y en el filme hasta les imprime su nombre. Por eso, Chalamet y su pareja, Kylie Jenner, han aparecido de naranja chillón en las alfombras rojas. Incluso dirigió una falsa reunión por Zoom con el equipo de promoción de Marty Supreme, en la que soltaba: “Si utilizamos un naranja básico, estaríamos copiando a Barbie. ¿Y cómo conseguimos separarnos? ¡Con un naranja intenso, corroído, oxidado!”. Lo que parecía la filtración de una llamada de alto voltaje es, en realidad, otra herramienta de promoción. Como lo del zepelín naranja sobrevolando Los Ángeles. O lo de subir a Chalamet a lo más alto del estadio circular The Sphere, en Las Vegas, coloreado de naranja gracias a las luces LED mientras gritaba “Marty Supreme”. O aparecer en televisión rodeado de hombres de negro con cabezas-pelota de ping-pong.

En esa promoción también entra la moda, en lo que se conoce como method dressing o estilismo de método. En la carrera por el Oscar con Un completo desconocido, el actor se dedicó a replicar looks de Bob Dylan. Ahora regala chaquetas de Marty Supreme a quien él considera grandes, y en cada aparición su vestuario publicita la película. Siempre sale bien parado en el marketing. Un ejemplo: en aquel festival de San Sebastián de 2018 se prohibía a la prensa preguntar por su relación con Woody Allen, caído entonces en desgracia (Amazon no sabía si estrenar o no Día de lluvia en Nueva York). Cuando este periodista preguntó al actor en su última cuestión: “Antes, usted como mucho se preocuparía de su comportamiento. ¿Ahora estudia el comportamiento de quienes trabajan a su lado? Al ser estrella, ¿mide mucho más sus pasos?“, su publicista, sentada en el suelo, saltó gritando “¡Noooooooo. Eso es una pregunta sobre Woody Allen!”. Chalamet la miró ojiplático, y por ello decidió acompañar al periodista en su salida de la suite para seguir hablando de las dificultades de adaptar Dune y de las distintas lecturas del libro: aplacó ánimos.
Todo lo anterior no significa que no sea un currito contumaz de la interpretación. Desde que firmó en 2018 por Marty Supreme, ha viajado por todo el mundo con una mesa de ping-pong. En el festival de Cannes de 2021 se alojó en un Airbnb de lujo a las afueras de la ciudad, rechazando una suite de hotel, para tener jardín con espacio y entrenar con sus colegas. Durante unos años, a ese entrenamiento le sumó clases de guitarra para dar el pego como Bob Dylan. Por videollamada, el director Josh Safdie insiste en ese esfuerzo: “Conocí a Timothée en 2017 y quien me lo presentó me aseguró que iba a ser la siguiente superestrella. No era el único, y desde luego en el entorno de Timothée alimentaban esa premonición. No sé, me pareció raro. Cuatro meses después vi Call Me By Your Name, y lo entendí. Timothée tiene la capacidad de coger una película pequeña y elevarla y engrandecerla. Es un icono, de esos más grandes que la vida”.

Safdie asegura que la mejor manera de calar a Chalamet es verle en acción en la vida real: “Tiene algo mágico. En los coloquios tras las proyecciones habla con cada espectador como si solo estuvieran ellos dos en la sala”. El cineasta ha logrado que la ambición del actor vertebre la acción adrenalítica de Marty Mauser, su personaje, igual de ambicioso, en dos horas y media de película que emanan un perenne estado de ansiedad estilo Scorsese, un faro en el cine de Safdie. “Reescribimos el guion, porque sentimos que esa energía funcionaría. Marty es hijo de su tiempo, de una América que cree que todo es posible; que si tienes un sueño, debes ir a por él porque lo lograrás. Y Timothée posee esa pulsión”.
Safdie asegura que ahí acaban las similitudes. “No creo que Timothée sea una figura del individualismo, como sí lo era Marty. Aquel EE UU de los cincuenta, movido por la férrea ilusión del individualismo, tuvo un eco en la América de Reagan de los ochenta, que miraba hacia atrás con una nostalgia condescendiente. Por eso, la música de la película pertenece a esa década. Sin embargo, Timothée ha nacido en el siglo XXI, explora más mundos e intereses”.
Y desde luego, el cineasta subraya su compromiso artístico. “Creo que queda claro que esta película no es de deportes”. Marty juega al ping-pong como en El buscavidas Eddie Felson se dedicaba al billar. Importa el universo en que se mueven, la posibilidad de ganar dinero y gloria en él, no la competición deportiva. “Con todo, Timothée ha estado años y años jugando al tenis de mesa. Ni desesperó en la pandemia, ni mientras yo buscaba la financiación”, recuerda.
Un actor muy inteligente
En realidad, Timothée Chalamet ha ido, como su gran rival en los Oscar, Leonardo DiCaprio, eligiendo cada proyecto con mucho tiempo y cuidado. Busca por autores, no por proposiciones. Se subió a Dune porque el responsable era Denis Villeneuve. Javier Bardem, su compañero de reparto en las tres entregas de Dune, recuerda para EL PAÍS: “Conocí a Timothée el año antes de la pandemia. Y ya le dije lo que sigo pensando. Si con 20 años hace Call Me By Your Name y Beautiful Boy, ¿qué hará cuando crezca?”.

Bardem desgrana: “He sido testigo de ese crecimiento, de cómo se amolda a las circunstancias. Es muy inteligente, con muchísimo sentido del humor y buen compañero. Posee un hambre enorme por aprender, está siempre absorbiendo en lo artístico y en lo técnico. Ah, y respeta a los mayores [risas]”. El actor español recuerda el asombro que le produjo en Un completo desconocido no solo la caracterización, sino que cantara las 15 canciones igual que Dylan. “Es que es alguien que se prepara muchísimo. En Marty Supreme hace el mejor trabajo del año. Y pienso que seguirá creciendo”.
Chalamet cumple una última regla para llevarse el Oscar con Marty Supreme: abandonar su belleza y ponerse feo. En este filme, lleva unos apósitos que asemejan acné en su rostro. Gwyneth Paltrow, que le conoció en el plató y que encarna a una actriz madura necesitada de alegrías, le vio y le recomendó unas cremas. Chalamet le mostró que sus granos eran puro maquillaje.
¿Y qué opina el aludido? En la BBC, en diciembre, aseguraba que su responsabilidad estriba “en hacer creíble lo que haga en pantalla” sea tocar y cantar, sea jugar al ping-pong. “Tengo la oportunidad de disfrutar esta increíble vida trabajando en proyectos que realmente me importan. Muchos actores no logran ni trabajar, y mucho menos hacerlo en proyectos que realmente les apasionan. De verdad, hay cosas peores en la vida que tener que aprender a tocar la guitarra y jugar al tenis de mesa a un alto nivel”. ¿Y su futuro? Más allá de otras colaboraciones con el rapero de Liverpool EsDeeKid (la rumorología viral asegura que son la misma persona), Chalamet apuesta por el desarrollo vital: “Quiero crecer como persona. Pero eso es una gran curva de aprendizaje. Y trato de no ser demasiado duro conmigo mismo ni con quienes me rodean, que también están creciendo”. El 15 de marzo, si la ola de Una batalla tras otra no aúpa a DiCaprio, Chalamet recogerá su primer, y muy merecido, Oscar.
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