Trump demuestra la necesidad del acuerdo de la UE con Mercosur

Donald Trump ha sido el mejor aliado del difícil acuerdo comercial entre la UE y Mercosur desde que su regreso a la Casa Blanca estuvo claro y confirmado. Ni siquiera había tomado posesión el republicano cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se subió a un avión en diciembre de 2024 y se plantó en Montevideo para suscribir un principio de acuerdo —el segundo— de unas negociaciones que se habían prolongado durante todo lo que va de este siglo. Que las conversaciones hayan durado 26 años dice mucho de la cantidad de resistencias internas europeas que ha tenido que afrontar este pacto y que solo la vuelta al poder de Trump las derribara habla del shock que se preveía en las relaciones internacionales y comerciales, por mucho que la capacidad de sorpresa del republicano haya superado todas las expectativas.

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 Europa está obligada a buscar nuevas alianzas comerciales y políticas para tener un margen mayor de respuesta a EE UU  

Análisis

Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Europa está obligada a buscar nuevas alianzas comerciales y políticas para tener un margen mayor de respuesta a EE UU

Acuerdo de la UE con Mercosur
Manuel V. Gómez

Donald Trump ha sido el mejor aliado del difícil acuerdo comercial entre la UE y Mercosur desde que su regreso a la Casa Blanca estuvo claro y confirmado. Ni siquiera había tomado posesión el republicano cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se subió a un avión en diciembre de 2024 y se plantó en Montevideo para suscribir un principio de acuerdo —el segundo— de unas negociaciones que se habían prolongado durante todo lo que va de este siglo. Que las conversaciones hayan durado 26 años dice mucho de la cantidad de resistencias internas europeas que ha tenido que afrontar este pacto y que solo la vuelta al poder de Trump las derribara habla del shock que se preveía en las relaciones internacionales y comerciales, por mucho que la capacidad de sorpresa del republicano haya superado todas las expectativas.

Esa alianza —involuntaria, por supuesto— volvió a quedar clara este sábado. Ni siquiera había empezado a correr el ponche en la ceremonia oficial de Asunción para la firma de un pacto que todavía precisa de ratificación, cuando Trump irrumpió en el evento al anunciar que a partir del 1 de febrero subirá los aranceles para los ocho países europeos —seis de la UE— que han participado en las maniobras militares desplegadas por Dinamarca en Groenlandia para demostrarle a Washington que la soberanía danesa se respeta y que están comprometidos con la seguridad en el Ártico.

El anuncio del presidente estadounidense deja claro, por enésima vez, que él solo entiende la ley del más fuerte y que es ese el concepto que pretende aplicar para reordenar la geopolítica mundial. Él mismo lo dijo hace unos días. ¿Dónde está el límite para este criterio? “Mi propia moralidad. Mi propia mentalidad. Es lo único que puede detenerme. No necesito la ley internacional”, respondía en una entrevista a The New York Times.

Pese a que Trump ya había dejado claro el viernes cómo pensaba contestar a quienes no tragaran con sus intenciones de conquistar Groenlandia, el anuncio de estos aranceles volvió a demostrar que su mejor cualidad es la sorpresa. Las reacciones han llegado pronto, incluso por la vía de los hechos: el Parlamento Europeo va a suspender la aprobación de una parte importante del humillante acuerdo comercial de este verano entre Washington y Bruselas. Pero la respuesta más contundente y la más eficaz se estaba produciendo en Paraguay justo cuando el presidente estadounidense anunciaba sus intenciones en su propia red social: la firma del acuerdo entre la UE y Mercosur.

Habrá otra, si nada se tuerce, a finales de este mes en Nueva Delhi. Allí se celebrará una cumbre entre India y la UE en la que se anunciará otro acuerdo comercial. Será menos ambicioso que el alcanzado con Mercosur, pero como este, tendrá mucho de estratégico y también de simbólico, igual que lo han sido el firmado con Indonesia hace pocos meses o la actualización y renovación de los suscritos con México o Chile.

Ampliar las alianzas comerciales con socios previsibles —en esta categoría no encajan los Estados Unidos de Donald Trump— es un gran paso para reducir las dependencias comerciales que tiene Europa con su otrora gran socio. La no respuesta de la UE la pasada primavera cuando Washington abrió el fuego comercial se explica por la necesidad de tener abierto el mercado estadounidense para los productos europeos. Abrir otros nuevos, diversificar, no reducirá el daño potencial a cero, pero hará menos doloroso el contragolpe si es necesario.

Esta nueva gran crisis sistémica, ahora geopolítica —las crisis son las aliadas de la construcción europea, según el lugar común inaugurado por Jean Monnet— sitúa a la UE ante la necesidad de profundizar en su proyecto inacabado. El acuerdo con Mercosur es solo un paso, pendiente de confirmar. Hay más tabúes que echar abajo. El aliado Trump, por ahora, ha ayudado a derribar este.

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Sobre la firma

Manuel V. Gómez

Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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