Afectados por el fuego que causó 14 muertos en julio piden mejorar los sistemas de alerta y las rutas de evacuación mientras los pueblos quemados tratan de recuperar la normalidad con secuelas ambientales y, sobre todo, psicológicas Leer Afectados por el fuego que causó 14 muertos en julio piden mejorar los sistemas de alerta y las rutas de evacuación mientras los pueblos quemados tratan de recuperar la normalidad con secuelas ambientales y, sobre todo, psicológicas Leer
Hace un mes, en el grupo de Facebook Bédar Village People, sólo cabían publicaciones de furgonetas en venta, carteles de fiestas y noticias sobre la comarca. Ahora proliferan publicaciones pidiendo un lugar en el que poder quedarse, contactos de jardineros o fontaneros o fotos de mascotas perdidas o encontradas.
Con sus 409 miembros, Bédar Village People es un reflejo virtual de la comunidad multinacional que hace décadas se asentó en este rincón de la comarca del Levante almeriense. Británicos, belgas, holandeses, alemanes… que encontraron su particular paraíso en un municipio que no llega al millar de habitantes y que el 9 de julio pasado se tiñó de negro ceniza tras verse afectado por un fuego que se declaró a unos pocos kilómetros, en el pueblo vecino de Los Gallardos, y que en apenas unas horas se convirtió en una bestia incontrolable que lo arrasó todo a su paso y que dejó el balance más mortal: 14 fallecidos y una veintena de heridos.
Bédar cambió, quién sabe si para siempre, aquel 9 de julio y su reflejo virtual en Facebook también.
En el Bédar real, cuentan sus vecinos, aún huele a quemado en algunos momentos y el paisaje, se mire adonde se mire, es una paleta de grises y negros en los que el verde es excepción, además de esperanza.
Éste fue uno de los pueblos con los que se cebó especialmente el incendio de Los Gallardos, que en total arrasó 5.400 hectáreas. Aquí ardieron 3.856 hectáreas o, lo que es lo mismo, el 84% de todo su término municipal. Pero sobre todo, Bédar fue el epicentro de la tragedia humana que supuso el fuego: la mayoría de las muertes se produjeron en este pueblo en el que todos se conocen y el luto por sus vecinos fallecidos es generalizado.
El recuerdo de los vecinos que murieron tras quedar atrapados por el fuego cuando intentaban escapar de él es omnipresente en Bédar.
En Lubrín, el fuego «saltó por encima de las casas» en la barriada de El Marchal, un puñado de casas diseminadas junto a un barranco que es hoy, cuenta el alcalde, Domingo Ramos, un depósito de cenizas y maleza y arbustos achicharrados. Sus vecinos, al igual que los de Campico, Alcarria o Alameda tuvieron que ser desalojados a la carrera.
Lo hizo el mismo alcalde junto a los dos agentes de la Policía Local del pueblo, de puerta en puerta. Igual que el de Antas o el de otras localidades alcanzadas por la tragedia, como Los Gallardos.
«Tuvimos suerte», dice Pedro Ridao, el alcalde de Antas, porque el incendio se dirigía, la madrugada del 9 al 10, hacia su pueblo pero un cambio de viento, a última hora, alejó las llamas. Aunque, añade, «el susto lo llevamos en el cuerpo porque el aire corría y el en dos horas el incendio había recorrido quince kilómetros».
«Nunca habíamos visto nada igual», resalta Ridao, que hace hincapié en el paisaje «desolador» que ha dejado el fuego en la comarca, aunque en su pueblo, en Antas, solo ardiesen unas seis hectáreas.
Lo peor, coinciden los alcaldes, son las catorce vidas que se cobró el incendio más mortífero en la historia de Andalucía.
Celeste Picken, holandesa de nacimiento, lleva doce años en Bédar y se confiesa «enamorada de esta zona». Recuerda bien aquel 9 de julio en el que el fuego comenzó en la barriada de Almocázar, en Los Gallardos, provocado, al menos según las primera hipótesis, por la caída de un cable de alta tensión abandonado.
«Eran las cinco de la tarde y yo estaba en el médico, Bédar, con otra persona y empezó a verse el humo. Al principio, parecía lejos, pero «avanzó muy rápido», rememora desde su casa, tras terminar su jornada de teletrabajo -tiene su propia empresa en Holanda-, que se salvó de las llamas.
Una hora más tarde, continúa, ya vio que aquello era más serio de lo que parecía en un primer momento «y fuimos a por los pasaportes por si teníamos que irnos». Contactó con conocidos y con su coche recogió a tres que no podían moverse por sus propios medios y los evacuó ella misma a Antas o Garrucha. De madrugada, cuenta, recibió la llamada de la Policía Local instándola a una evacuación que hacía horas que Celeste había hecho por su cuenta.
«Les conocía a casi todos», afirma de los fallecidos, y apunta que no solo «eran una familia» dentro de la comunidad de extranjeros, sino «todos los del pueblo». Por eso, siente ahora «la necesidad de ayudar».
Lo mismo que el abogado Gerardo Vázquez, también vecino de Bédar y, como Celeste, de los afortunados a los que el fuego respetó sus casas, aunque fuera por poco. En el caso de Gerardo, las llamas alcanzaron la vivienda de su vecino «y su palmera se quemó».
Celeste y Gerardo son dos de los afectados que se han unido en una plataforma recién creada -Bédar Fire Working Group- con el objetivo, cuenta la primera y ratifica el segundo, de «saber qué es lo que pasó».
«Ya llegará el momento de buscar culpables, ahora lo que queremos es que no vuelva a pasar», dice la ciudadana holandesa de 37 años tras destacar que en los últimos años se han registrado en la zona tres incendios importantes.
Ya se han reunido en un par de ocasiones, la última en la terraza de un restaurante de Los Gallardos, y en septiembre prometen darle un impulso a la plataforma con más encuentros y la investigación propia sobre aspectos del incendio como el sistema de alerta o las rutas de evacuación en caso de emergencia.
Por su parte, los alcaldes de los pueblos afectados, desde Los Gallardos a Bédar, pasando por Lubrín o Antas, están coordinándose entre ellos y con otras administraciones, como la Diputación de Almería y la Junta de Andalucía, para evaluar daños y reclamar ayudas.
Los Gallardos y Bédar, como los más afectados por el fuego, son los que más apoyo necesitan, pero también Lubrín o Antas han solicitado ayuda para recuperar suministros básicos, como el agua, en algunas zona o limpiar los restos que dejó el fuego.
Reclaman los regidores «información y saber qué hacer», como dice Ridao, o mejorar la coordinación, como apunta Ramos.
Celeste aún se estremece cuando escucha un helicóptero sobrevolando su casa o las sirenas de una ambulancia o un camión de bomberos porque evoca aquellos días de pesadilla y «cosas que nunca vamos a olvidar. Convive con aquella pesadilla día y noche y, por eso, insiste, «no debe repetirse nada igual».
Andalucía // elmundo
