No hay cadáver, ni escena del crimen o testigos y tampoco restos biológicos, pero una exhaustiva investigación de los Mossos d’Esquadra permitirá sentar en el banquillo, ante un tribunal popular, al sospechoso de haber matado a Diego Vargas . Diego, de 30 años, desapareció el 11 de mayo de 2020 , cuando comenzó la desescalada por el Covid. Oficialmente, sigue constando como tal, ya que aún no se han localizado sus restos. Tampoco su coche, un Audi A4 azul con el que la mañana de aquel lunes salió de su casa para encontrarse con quien habría sido su verdugo, su socio, en una nave industrial de la calle Granada, en Sant Andreu de la Barca (Barcelona). Habían quedado para ajustar cuentas tras un supuesto robo de marihuana que no sería tal. Una de las claves de las pesquisas ha sido el contenido de un chat encriptado, empleado por el crimen organizado, Encrochat, que permitió consolidar la línea de investigación en la ya que trabajaba la Policía catalana y así, junto a otros indicios, acusar de homicidio a Luis B. V. , que tenía un arsenal de 24 armas, y sobre quien pesaba una orden de detención y entrega por tráfico de drogas, emitida por Alemania. Dos años de pesquisas bajo secreto de la Unidad Central de Personas Desaparecidas se saldaron con su detención y posterior ingreso en prisión, el 2 de junio de 2022, donde se encuentra desde entonces. Las intervenciones telefónicas, las vigilancias, la geolocalización de su terminal y del de la víctima, así como las declaracionesdel entorno de esta, lo señalan como único autor del homicidio, por el que la Fiscalía le pide una condena de 15 años. Fue Rafi, la madre Diego, después de varias horas sin que nadie tuviese noticias de él, y que no contestase a ninguna llamada —su teléfono recibió 121 hasta que dejó de dar señal, cuando se le acabó la batería—, quien dio la alarma en la comisaría del Cuerpo en Sant Boi (Barcelona). Allí formalizó la denuncia. Aquella mañana, Vargas salió de su casa a primera hora, para verse con quien había sido su socio, después de mucho insistir. Su sospecha era que Luis lo había traicionado , fingiendo un vuelco en la plantación de marihuana ‘indoor’ que tenían, para evitar así repartir los beneficios. Diego pretendía pedir explicaciones a su socio, y así se lo trasladó por teléfono. « Si yo caigo, tú caerás conmigo », lo amenazó antes de su encuentro; según relataría a los investigadores la propia mujer de la víctima.Las cámaras de seguridad y la geolocalización de los teléfonos de víctima y sospechoso desmontaron su coartadaLos Mossos creen que Luis, ante el miedo de que Diego pusiese en riesgo su negocio, decidió matarlo en cuanto este llegó a la citada nave. No existe ni un solo indicio de que saliese de allí aquel 11 de mayo. El único sospechoso, entonces testigo, se personó en dependencias policiales sólo tres días después para denunciar que la familia de Diego lo había amenazado , al creer que era responsable de su desaparición. En su declaración, aseguró a los agentes que tras mantener una conversación cordial en la que le había pedido trabajo, la víctima se había marchado del espacio a mediodía, en dirección Gavá, para ver a su tío. Él hizo lo propio, indicó, a las 14.00 horas, para recoger un palé en la empresa Embamat, ubicada en un polígono de Tarrasa, donde reside. No era cierto, el dueño aseguró que lo había hecho tres días antes.Coartada falsaEl resto de su coartada la desmontaron los investigadores , no sólo con las cámaras de seguridad de la zona, que captaron como Luis abandonó Sant Andreu a las 12.24, en su furgoneta Iveco, sino que la geolocalización del teléfono de la víctima demuestra que su terminal se encontraba también en dicho vehículo y dejó de dar señal, precisamente, en Gavá, mientras que el del sospechoso de haberlo matado no se movió de la nave —donde estuvieron solos— hasta, exactamente, la hora que indicó en su declaración. Es decir, lo dejó allí para tratar de desvincularse de la desaparición de Diego .Tras la desaparición de Vargas, otros narcos quisieron dejar de trabajar con Luis al sospechar que se encontraba tras el crimenDespués, con su furgoneta, se desplazó hasta otro de sus almacenes, en Viladecavalls , donde la dejó, para pedir un taxi. La hipótesis que barajan los investigadores es que así fue como pudo deshacerse del cuerpo, aunque las búsquedas con georradar en ese espacio, donde detectaron zonas cubiertas con cemento, posteriores a la desaparición de Vargas, no hayan dado resultados.Un cargamento de hachísFue la última persona que lo vio con vida y entre ellos existía un conflicto por el robo de marihuana . En la nave, además, guardaba algunas de sus armas y había borrado varios de los mensajes que había intercambiado con Vargas. Había indicios, pero no los suficientes como para detenerlo por homicidio. Para ello resultaron clave conversaciones desencriptadas de Encrochat . Un sistema de alta seguridad, que ofrecía a sus usuarios —vinculados al crimen organizado— un terminal y un operador para comunicarse de forma segura. Tras haberse desmantelado la red, el contenido pasó a manos de un juzgado de Lille, que remitió parte del mismo a la UDYCO de la Policía Nacional. Una vez los Mossos tuvieron el material consiguieron conversaciones posteriores a la desaparición de Vargas en las que el entorno criminal del sospechoso manifestaba que quería dejar de colaborar con él al creer que se encontraba tras el crimen.Noticia Relacionada estandar Si ¿Quién dio la orden de ejecutar a Valentín Moreno? Elena Burés Tras el veredicto de culpabilidad para el sicario y el facilitador, el fiscal se plantea pedir la reapertura del caso para localizar a los autores intelectuales del crimenGracias a ese contenido de Encrochat, la Policía catalana también ha podido saber que la tarde de aquel 11 de mayo, Luis se reunió con otros traficantes en la nave de Sant Andreu para organizar el traslado de un cargamento de hachís de Marruecos a Cataluña . Allí, otros narcos vieron el Audi A4 de la víctima, tapado con cartones, cuando el sospechoso aseguró que había salido del local con su coche a mediodía, algo que les extrañó. Los investigadores creen que Luis, dedicado oficialmente a la compraventa de vehículos usados —industriales y grúas— a través de su empresa Servicios Logísticos Asociados Europeos, y con gran capacidad económica, pudo haberse deshecho del Audi en un desguace cercano a la nave, a escasos 350 metros de la misma. Y así, pese a que no se han localizado los restos de Diego, es como los Mossos han conseguido que el sospechoso de haberlo matado tenga que sentarse en el banquillo, acusado de homicidio, este febrero. No hay cadáver, ni escena del crimen o testigos y tampoco restos biológicos, pero una exhaustiva investigación de los Mossos d’Esquadra permitirá sentar en el banquillo, ante un tribunal popular, al sospechoso de haber matado a Diego Vargas . Diego, de 30 años, desapareció el 11 de mayo de 2020 , cuando comenzó la desescalada por el Covid. Oficialmente, sigue constando como tal, ya que aún no se han localizado sus restos. Tampoco su coche, un Audi A4 azul con el que la mañana de aquel lunes salió de su casa para encontrarse con quien habría sido su verdugo, su socio, en una nave industrial de la calle Granada, en Sant Andreu de la Barca (Barcelona). Habían quedado para ajustar cuentas tras un supuesto robo de marihuana que no sería tal. Una de las claves de las pesquisas ha sido el contenido de un chat encriptado, empleado por el crimen organizado, Encrochat, que permitió consolidar la línea de investigación en la ya que trabajaba la Policía catalana y así, junto a otros indicios, acusar de homicidio a Luis B. V. , que tenía un arsenal de 24 armas, y sobre quien pesaba una orden de detención y entrega por tráfico de drogas, emitida por Alemania. Dos años de pesquisas bajo secreto de la Unidad Central de Personas Desaparecidas se saldaron con su detención y posterior ingreso en prisión, el 2 de junio de 2022, donde se encuentra desde entonces. Las intervenciones telefónicas, las vigilancias, la geolocalización de su terminal y del de la víctima, así como las declaracionesdel entorno de esta, lo señalan como único autor del homicidio, por el que la Fiscalía le pide una condena de 15 años. Fue Rafi, la madre Diego, después de varias horas sin que nadie tuviese noticias de él, y que no contestase a ninguna llamada —su teléfono recibió 121 hasta que dejó de dar señal, cuando se le acabó la batería—, quien dio la alarma en la comisaría del Cuerpo en Sant Boi (Barcelona). Allí formalizó la denuncia. Aquella mañana, Vargas salió de su casa a primera hora, para verse con quien había sido su socio, después de mucho insistir. Su sospecha era que Luis lo había traicionado , fingiendo un vuelco en la plantación de marihuana ‘indoor’ que tenían, para evitar así repartir los beneficios. Diego pretendía pedir explicaciones a su socio, y así se lo trasladó por teléfono. « Si yo caigo, tú caerás conmigo », lo amenazó antes de su encuentro; según relataría a los investigadores la propia mujer de la víctima.Las cámaras de seguridad y la geolocalización de los teléfonos de víctima y sospechoso desmontaron su coartadaLos Mossos creen que Luis, ante el miedo de que Diego pusiese en riesgo su negocio, decidió matarlo en cuanto este llegó a la citada nave. No existe ni un solo indicio de que saliese de allí aquel 11 de mayo. El único sospechoso, entonces testigo, se personó en dependencias policiales sólo tres días después para denunciar que la familia de Diego lo había amenazado , al creer que era responsable de su desaparición. En su declaración, aseguró a los agentes que tras mantener una conversación cordial en la que le había pedido trabajo, la víctima se había marchado del espacio a mediodía, en dirección Gavá, para ver a su tío. Él hizo lo propio, indicó, a las 14.00 horas, para recoger un palé en la empresa Embamat, ubicada en un polígono de Tarrasa, donde reside. No era cierto, el dueño aseguró que lo había hecho tres días antes.Coartada falsaEl resto de su coartada la desmontaron los investigadores , no sólo con las cámaras de seguridad de la zona, que captaron como Luis abandonó Sant Andreu a las 12.24, en su furgoneta Iveco, sino que la geolocalización del teléfono de la víctima demuestra que su terminal se encontraba también en dicho vehículo y dejó de dar señal, precisamente, en Gavá, mientras que el del sospechoso de haberlo matado no se movió de la nave —donde estuvieron solos— hasta, exactamente, la hora que indicó en su declaración. Es decir, lo dejó allí para tratar de desvincularse de la desaparición de Diego .Tras la desaparición de Vargas, otros narcos quisieron dejar de trabajar con Luis al sospechar que se encontraba tras el crimenDespués, con su furgoneta, se desplazó hasta otro de sus almacenes, en Viladecavalls , donde la dejó, para pedir un taxi. La hipótesis que barajan los investigadores es que así fue como pudo deshacerse del cuerpo, aunque las búsquedas con georradar en ese espacio, donde detectaron zonas cubiertas con cemento, posteriores a la desaparición de Vargas, no hayan dado resultados.Un cargamento de hachísFue la última persona que lo vio con vida y entre ellos existía un conflicto por el robo de marihuana . En la nave, además, guardaba algunas de sus armas y había borrado varios de los mensajes que había intercambiado con Vargas. Había indicios, pero no los suficientes como para detenerlo por homicidio. Para ello resultaron clave conversaciones desencriptadas de Encrochat . Un sistema de alta seguridad, que ofrecía a sus usuarios —vinculados al crimen organizado— un terminal y un operador para comunicarse de forma segura. Tras haberse desmantelado la red, el contenido pasó a manos de un juzgado de Lille, que remitió parte del mismo a la UDYCO de la Policía Nacional. Una vez los Mossos tuvieron el material consiguieron conversaciones posteriores a la desaparición de Vargas en las que el entorno criminal del sospechoso manifestaba que quería dejar de colaborar con él al creer que se encontraba tras el crimen.Noticia Relacionada estandar Si ¿Quién dio la orden de ejecutar a Valentín Moreno? Elena Burés Tras el veredicto de culpabilidad para el sicario y el facilitador, el fiscal se plantea pedir la reapertura del caso para localizar a los autores intelectuales del crimenGracias a ese contenido de Encrochat, la Policía catalana también ha podido saber que la tarde de aquel 11 de mayo, Luis se reunió con otros traficantes en la nave de Sant Andreu para organizar el traslado de un cargamento de hachís de Marruecos a Cataluña . Allí, otros narcos vieron el Audi A4 de la víctima, tapado con cartones, cuando el sospechoso aseguró que había salido del local con su coche a mediodía, algo que les extrañó. Los investigadores creen que Luis, dedicado oficialmente a la compraventa de vehículos usados —industriales y grúas— a través de su empresa Servicios Logísticos Asociados Europeos, y con gran capacidad económica, pudo haberse deshecho del Audi en un desguace cercano a la nave, a escasos 350 metros de la misma. Y así, pese a que no se han localizado los restos de Diego, es como los Mossos han conseguido que el sospechoso de haberlo matado tenga que sentarse en el banquillo, acusado de homicidio, este febrero.
No hay cadáver, ni escena del crimen o testigos y tampoco restos biológicos, pero una exhaustiva investigación de los Mossos d’Esquadra permitirá sentar en el banquillo, ante un tribunal popular, al sospechoso de haber matado a Diego Vargas.
Diego, de 30 … años, desapareció el 11 de mayo de 2020, cuando comenzó la desescalada por el Covid. Oficialmente, sigue constando como tal, ya que aún no se han localizado sus restos. Tampoco su coche, un Audi A4 azul con el que la mañana de aquel lunes salió de su casa para encontrarse con quien habría sido su verdugo, su socio, en una nave industrial de la calle Granada, en Sant Andreu de la Barca (Barcelona). Habían quedado para ajustar cuentas tras un supuesto robo de marihuana que no sería tal. Una de las claves de las pesquisas ha sido el contenido de un chat encriptado, empleado por el crimen organizado, Encrochat, que permitió consolidar la línea de investigación en la ya que trabajaba la Policía catalana y así, junto a otros indicios, acusar de homicidio a Luis B. V. , que tenía un arsenal de 24 armas, y sobre quien pesaba una orden de detención y entrega por tráfico de drogas, emitida por Alemania.
Dos años de pesquisas bajo secreto de la Unidad Central de Personas Desaparecidas se saldaron con su detención y posterior ingreso en prisión, el 2 de junio de 2022, donde se encuentra desde entonces. Las intervenciones telefónicas, las vigilancias, la geolocalización de su terminal y del de la víctima, así como las declaracionesdel entorno de esta, lo señalan como único autor del homicidio, por el que la Fiscalía le pide una condena de 15 años.
Fue Rafi, la madre Diego, después de varias horas sin que nadie tuviese noticias de él, y que no contestase a ninguna llamada —su teléfono recibió 121 hasta que dejó de dar señal, cuando se le acabó la batería—, quien dio la alarma en la comisaría del Cuerpo en Sant Boi (Barcelona). Allí formalizó la denuncia. Aquella mañana, Vargas salió de su casa a primera hora, para verse con quien había sido su socio, después de mucho insistir. Su sospecha era que Luis lo había traicionado, fingiendo un vuelco en la plantación de marihuana ‘indoor’ que tenían, para evitar así repartir los beneficios. Diego pretendía pedir explicaciones a su socio, y así se lo trasladó por teléfono. «Si yo caigo, tú caerás conmigo», lo amenazó antes de su encuentro; según relataría a los investigadores la propia mujer de la víctima.
Las cámaras de seguridad y la geolocalización de los teléfonos de víctima y sospechoso desmontaron su coartada
Los Mossos creen que Luis, ante el miedo de que Diego pusiese en riesgo su negocio, decidió matarlo en cuanto este llegó a la citada nave. No existe ni un solo indicio de que saliese de allí aquel 11 de mayo. El único sospechoso, entonces testigo, se personó en dependencias policiales sólo tres días después para denunciar que la familia de Diego lo había amenazado, al creer que era responsable de su desaparición. En su declaración, aseguró a los agentes que tras mantener una conversación cordial en la que le había pedido trabajo, la víctima se había marchado del espacio a mediodía, en dirección Gavá, para ver a su tío. Él hizo lo propio, indicó, a las 14.00 horas, para recoger un palé en la empresa Embamat, ubicada en un polígono de Tarrasa, donde reside. No era cierto, el dueño aseguró que lo había hecho tres días antes.
Coartada falsa
El resto de su coartada la desmontaron los investigadores, no sólo con las cámaras de seguridad de la zona, que captaron como Luis abandonó Sant Andreu a las 12.24, en su furgoneta Iveco, sino que la geolocalización del teléfono de la víctima demuestra que su terminal se encontraba también en dicho vehículo y dejó de dar señal, precisamente, en Gavá, mientras que el del sospechoso de haberlo matado no se movió de la nave —donde estuvieron solos— hasta, exactamente, la hora que indicó en su declaración. Es decir, lo dejó allí para tratar de desvincularse de la desaparición de Diego.
Tras la desaparición de Vargas, otros narcos quisieron dejar de trabajar con Luis al sospechar que se encontraba tras el crimen
Después, con su furgoneta, se desplazó hasta otro de sus almacenes, en Viladecavalls, donde la dejó, para pedir un taxi. La hipótesis que barajan los investigadores es que así fue como pudo deshacerse del cuerpo, aunque las búsquedas con georradar en ese espacio, donde detectaron zonas cubiertas con cemento, posteriores a la desaparición de Vargas, no hayan dado resultados.
Un cargamento de hachís
Fue la última persona que lo vio con vida y entre ellos existía un conflicto por el robo de marihuana. En la nave, además, guardaba algunas de sus armas y había borrado varios de los mensajes que había intercambiado con Vargas. Había indicios, pero no los suficientes como para detenerlo por homicidio. Para ello resultaron clave conversaciones desencriptadas de Encrochat. Un sistema de alta seguridad, que ofrecía a sus usuarios —vinculados al crimen organizado— un terminal y un operador para comunicarse de forma segura. Tras haberse desmantelado la red, el contenido pasó a manos de un juzgado de Lille, que remitió parte del mismo a la UDYCO de la Policía Nacional. Una vez los Mossos tuvieron el material consiguieron conversaciones posteriores a la desaparición de Vargas en las que el entorno criminal del sospechoso manifestaba que quería dejar de colaborar con él al creer que se encontraba tras el crimen.
Gracias a ese contenido de Encrochat, la Policía catalana también ha podido saber que la tarde de aquel 11 de mayo, Luis se reunió con otros traficantes en la nave de Sant Andreu para organizar el traslado de un cargamento de hachís de Marruecos a Cataluña. Allí, otros narcos vieron el Audi A4 de la víctima, tapado con cartones, cuando el sospechoso aseguró que había salido del local con su coche a mediodía, algo que les extrañó. Los investigadores creen que Luis, dedicado oficialmente a la compraventa de vehículos usados —industriales y grúas— a través de su empresa Servicios Logísticos Asociados Europeos, y con gran capacidad económica, pudo haberse deshecho del Audi en un desguace cercano a la nave, a escasos 350 metros de la misma. Y así, pese a que no se han localizado los restos de Diego, es como los Mossos han conseguido que el sospechoso de haberlo matado tenga que sentarse en el banquillo, acusado de homicidio, este febrero.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de espana/cataluna
