Las familias de esta promoción de viviendas salen a la calle armados con camisetas, pancartas, bocinas y cencerros para pedir luz eléctrica en sus pisos terminados hace siete meses Leer Las familias de esta promoción de viviendas salen a la calle armados con camisetas, pancartas, bocinas y cencerros para pedir luz eléctrica en sus pisos terminados hace siete meses Leer
Volver a casa de papá, compartir piso o vivir en una caravana: ésta es la dramática situación a la que se enfrentan hoy los afectados de la promoción de viviendas Alma, en Estepona (Málaga). Sus viviendas están terminadas desde hace siete meses, pero no pueden entrar a vivir en ellas porque no tienen electricidad ni saben cuándo la tendrán porque, aunque parezca increíble, en la región no hay más energía disponible.
Tampoco pueden hipotecarlas y ponerlas a su nombre los que dependen del banco para financiar la compra -que son la mayoría- porque las entidades financieras no conceden préstamos hipotecarios a viviendas que carecen de Licencia de Ocupación y las de Alma, de momento, no la tienen.
El Ayuntamiento no puede darle a la promotora la Licencia de Primera Ocupación (LPO) porque la urbanización no tiene suministro eléctrico, un requisito imprescindible para su habitabilidad, y Endesa insiste en que ha recibido la petición hace nada por lo que -asegura- no puede acelerar el trámite. De todas formas, se pregunta Jorge Valenzuela, uno de los afectados, ¿quién quiere hipotecarse o invertir en una vivienda en la que no puede vivir?
Son 72 las familias que compraron en este residencial del Grupo Level en Estepona, cada una de ellas con su situación particular, sus propios problemas y sus necesidades concretas. 72 familias que de un día para otro se han dado de bruces con una situación que los supera y que los ha dejado literalmente a oscuras.
Al retraso, casi asumido, en la entrega de las viviendas, que estaba previsto para el último trimestre de 2024, añaden el que está provocando la falta de electricidad.
Y, mientras en los despachos se lanzan balones fuera del área, los afectados han decidido salir a la calle. Armados con camisetas, pancartas, bocinas y cencerros, un nutrido grupo de vecinos de Alma se ha concentrado este viernes a las puertas del Ayuntamiento de Estepona y desde allí se han dirigido hacia la urbanización de sus desvelos y a la sede de la promotora que ha ejecutado el residencial, para protestar por esta injusticia que los ha llevado a convertirse en víctimas de una mala gestión de la que todos saben y nadie se responsabiliza.
«No buscamos responsables, queremos soluciones», dice Mamen Salas, otra de las afectadas. Pero la realidad es que detrás de la falta de suministro eléctrico de Alma hay toda una serie de errores, de los que nadie se responsabiliza, y que los compradores -ajenos a la burocracia urbanística- están sufriendo en primera persona. «Queremos entrar en nuestras viviendas. Es nuestro derecho y es de justicia. No podemos más», precisa Mamen. Cuando ella y su marido compraron en 2021 eran dos, hoy son cuatro, y su ilusión se pierde como la luz que no llega a la urbanización en la que un día soñaron con ver crecer a sus hijos.
Manolo ha vendido su casa, pero ahora no puede entrar en la que le compró al Grupo Level, por lo que se ha visto obligado a trasladarse a una parcela que tenía en el campo. Allí ha instalado una caravana y en ella vive junto a su familia.
«Natalia ha vuelto a compartir piso con amigas, como si estuviese en la universidad, y ahora va de casa casa» en lo que pensó sería algo provisional y para poco tiempo, comenta Rosario. Ella y su marido, Paco, vendieron su residencia en Puerto Llano y reservaron un piso en Alama. Querían estar cerca de su hija, que había empezado a trabajar en Estepona.
Rosario y Paco, hoy presidente de la recién constituida Asociación de Damnificados de las Viviendas Alma de Estepona (ADVAE) y portavoz de los afectados, han invertido el dinero de la venta de su casa de toda la vida en un piso que hoy no pueden habitar y, para rematar el cuadro, comenta a EL MUNDO Paco, tienen a Hacienda pisándoles los talones.
Cuando uno vende la residencia en la que vive tiene dos años para invertir ese dinero en su nueva vivienda habitual. De no hacerlo, hay que pagar impuestos a las arcas públicas por incremento de patrimonio, pero la urbanización Alma no cuenta con LPO y este matrimonio de La Mancha no puede registrar el piso de Estepona como su residencia habitual. Por tanto, aún no han gastado el dinero de la venta de su casa en la nueva y tendrían que pagar impuestos por un dinero que realmente si han gastado.
Jose María y su mujer también vendieron, así que ahora están de alquiler y ven, no sin preocupación, cómo cada día sus ahorros se van reduciendo. «Lo que pagamos de alquiler lo deberíamos estar destinando al préstamo hipotecario», lamenta. A eso le suman el gasto del trastero en el que tienen guardados sus muebles. «Lo que necesitamos es que las administraciones se pongan de acuerdo», dice este afectado. «Es una vergüenza que el edificio esté acabado y que no tengamos energía eléctrica», añade.
Andalucía // elmundo
