Ya está aquí, ya llegó: Alcaraz y Sinner, cara a cara en la final de Montecarlo

Ahí está el tenista que sube una y otra vez la piedra por la inclinación de la montaña, erre que erre, intentándolo sin parar. Pero de nuevo agua. No hay manera para él. Alexander Sísifo Zverev se estrella por octava vez consecutiva contra la dimensión creciente de Jannik Sinner (6-1 y 6-4, en 1h 22m) y luego, ya entrada la tarde, a Valentin Vacherot no le basta con el aliento de los suyos. Muy meritorio lo del monegasco, sin rastro alguno de él hasta hace medio año, pero para superar un reto así, de tanta envergadura como el que le proponía Carlos Alcaraz, hace falta más (doble 6-4, tras 1h 24m). Palmas para él y premio para el murciano, luego el aficionado ya tiene lo que llevaba esperando desde noviembre, cinco meses ya. Una pequeña eternidad. Los dos colosos se reúnen otra vez.

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INSATISFECHO: TRAS GANAR, A ENTRENAR

“Hoy fue un buen día”, resumió Sinner, que pernoctará en casa —otro de los tantos tenistas que residen en Montecarlo— y mantiene su excelente dinámica en los Masters 1000: dos trofeos este año (Indian Wells y Miami) y ahora otra final. Será la primera en casa, tras dos semifinales.

Alcaraz, en cambio, ya sabe lo que es triunfar en un marco donde grandes campeones inscribieron su nombre: de Borg y Nastase a Nadal, pasando por Vilas, Wilander o Kuerten. No lo consiguieron el sueco Stefan Edberg ni el alemán Boris Becker, presentes este sábado en el graderío.

“He visto sus partidos, sé en qué ha mejorado y qué está haciendo bien. Le conozco bastante bien…”, expuso Alcaraz, quien nada más finalizar su partido volvió a la pista de entrenamiento porque “no estaba golpeando la bola como quería” y “el saque tampoco terminó de funcionar”.

El murciano dice que contra Sinner “no hay favorito” y que puede perder contra él “en cualquier superficie”. Ambos son absolutos dominadores del presente, “pero no superhéroes”, quiso precisar. No obstante, el reparto entre ambos desde mayo de 2024 (esas 20 victorias en los últimos torneos en los que han coincidido) impresiona.

De hecho, se trata de un hecho inédito en el tenis masculino. Hasta ahora, el máximo lo fijaban las 15 de Nadal y Federer entre marzo de 2005 y agosto de 2006, por encima de las 14 de Borg y McEnroe (marzo de 1979 y junio de 1980) y las 13 de McEnroe e Ivan Lendl (enero de 1984 y mayo de 1985).

 El español (doble 6-4 a Vacherot) y el italiano (6-1 y 6-4 a Zverev) se jugarán este domingo el título, con el trono en juego y cinco meses después del último pulso  

Ahí está el tenista que sube una y otra vez la piedra por la inclinación de la montaña, erre que erre, intentándolo sin parar. Pero de nuevo agua. No hay manera para él. Alexander Sísifo Zverev se estrella por octava vez consecutiva contra la dimensión creciente de Jannik Sinner (6-1 y 6-4, en 1h 22m) y luego, ya entrada la tarde, a Valentin Vacherot no le basta con el aliento de los suyos. Muy meritorio lo del monegasco, sin rastro alguno de él hasta hace medio año, pero para superar un reto así, de tanta envergadura como el que le proponía Carlos Alcaraz, hace falta más (doble 6-4, tras 1h 24m). Palmas para él y premio para el murciano, luego el aficionado ya tiene lo que llevaba esperando desde noviembre, cinco meses ya. Una pequeña eternidad. Los dos colosos se reúnen otra vez.

Gran final en Montecarlo, donde convergen (15.00, Movistar+) dos fuerzas imparables, tan poderosas, irresistibles; seductora una (fantasía) y también la otra (demoledora). Magnífico entrante para esta gira de tierra batida en la que uno y otro contraponen y miden su grado de evolución, esa mejora constante y sin fin, porque por mucho que en apariencia todo parezca similar, de aquel cruce turinés del 16 noviembre hasta aquí las cosas han cambiado. Y mucho. Alcaraz compite cada vez con más poso y en febrero redondeó el Grand Slam, los cuatro grandes ya en el bolsillo; Sinner, mientras, ensaya sin parar en ese laboratorio interno a la búsqueda de nuevas herramientas, de mayor creatividad. Uno y otro mirándose siempre de reojo.

Y, de fondo, un dominio aplastante. Desde mayo de 2024, tan solo Andrey Rublev (Madrid) ha conseguido alterar el paso cuando ambos han coincido en un torneo. A partir de entonces, uno u otro —en concreto, 10-9 para el italiano— se han hecho con todas las citas en las que estaban presentes. Con esta última serán 20. Es decir, no admiten discusión. Ellos y los demás, dos mundos y dos realidades diferentes; compartimentos independientes; da igual, sin excepción; extrapolable a la hierba, el cemento y la arena, a la que Alcaraz le tiene sobradamente tomada la medida desde que levantaba dos palmos del suelo y con la que Sinner tampoco ha tardado en congeniar. Ellos, dos máquinas de la adaptación. De la evolución. Si uno se ha logrado concentrarse, ser más lineal, el otro tira ya dejadas sin que el recurso parezca un aderezo postizo.

Alcaraz luce orgulloso los cuatro majors en el palmarés y a la misma meta aspira Sinner, al que precisamente le falta un solo bocado para completar el póquer: Roland Garros. “Ese es el objetivo”, repite el transalpino, por debajo en la rivalidad (10-6) e igualmente en las disputas sobre arcilla (3-1). Sin embargo, el Sinner de hoy parece haber consolidado el salto cualitativo que dio hace un año sobre la superficie y, dice, aborda la resolución de este domingo sin demasiada tensión. Verdad a medias. “No tengo nada que perder”, señala. “Es fantástico jugar al menos un partido contra él antes de París. Será una gran prueba para mí”, agrega el de San Cándido, por primera vez finalista en el Principado. Por tanto, ya solo le queda por tachar una casilla (Madrid) en el terreno de los Masters 1000, ocho de nueve.

“Poco a poco”

Ante Zverev, más de lo mismo. O sea, marcado desequilibrio. Sube el tono el italiano (24 años) y apea sin aprietos al alemán (28 y tercero del mundo), intentando este ser más incisivo para abrir posibles vías, pero igualmente frustrado. No consigue dar con la llave. Señalado como alternativa, continúa lejos. Ha perdido los 13 últimos duelos contra rivales con un ranking superior; 12 ante la doble negación, el restante frente a Daniil Medvedev. Choca esta vez contra un Sinner imperial al que ya no se le adivina malestar alguno y que a excepción de la pájara puntual del jueves —media hora nublada ante el checo Tomas Machac— ha completado el trazado hacia la final con holgura. De nuevo, soberbio con el saque: retiene el 87% de los primeros, un 75% de los segundos y comete once errores. Convierte las cuatro opciones de break.

¿Qué le robaría?, le preguntan a Alcaraz. “El saque, porque lo ha mejorado mucho, y también la transición defensa-ataque. Su aproximación a la bola es increíble”, dice el de El Palmar, otra vez finalista en Montecarlo y obligado a ganar para no ceder el trono al italiano. “El número uno está en juego, así que lo hace más especial”, prorroga después de vencer a Vacherot, un tenista de rocambolesca ascensión —cerca de 200 puestos en solo medio año, a sus 27 años y sin haber emitido antes señal alguna— que explica la volatilidad actual: más allá de los dos gigantes, todo es posible; niveles mucho más parejos de lo que marcan los estratos de la clasificación. En cualquier caso, “respect to Valentin”, le dedica el murciano al firmar en la cámara, viniendo a decir que ahí está un buen tenista. Y no le falta razón. El grandullón sabe jugar. Ganó el octubre en Shanghái y cede ahora sin doblegarse.

Alcaraz controla bien el asunto, pero le cuesta. Y eso que Vacherot llevaba un buen empacho de horas encima, 10 para llegar hasta aquí. El doble que él. “Ha sido una semana complicada para mí”, admite el español. “Tranquilo, poco a poco…”, le decía antes su entrenador Samuel López, cuando el monegasco no desistía y trataba de enredar. Hay unos instantes de indecisión, tres roturas seguidas en la segunda manga, pero el líder del circuito lo cierra con una dejada invertida —y un reseñable 81% de botín con los primeros saques— y coge bien de aire, que a buen seguro lo necesitará. De nuevo, cara a cara con Sinner en la primera parada en tierra, el reencuentro deseado. 26 títulos y 66 semanas en lo más alto para cada uno, el poder en juego. Y, por encima de todo, el escenario perfecto para averiguar dónde están exactamente. Lo querían, se necesitaban.

Carlos Alcaraz

vs

Valentin Vacherot

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