75.000 muertos después, Gaza es la gran ausente en las elecciones israelíes

Los colegios electorales israelíes están a menos de 10 kilómetros de la tienda de campaña de la familia Adnan, en Al Mawasi, en el sur de la franja de Gaza, donde viven decenas de miles de desplazados. Pero el destino de esta familia y el de dos millones de palestinos que desde hace tres años han sido diezmados por las bombas, obligados a salir de sus casas y hundidos en una miseria sin futuro están totalmente ausentes en los discursos de los candidatos de las elecciones legislativas israelíes del martes.

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 Los principales candidatos no han presentado un plan para el futuro de la Franja, devastada tras tres años de bombardeos, y se han centrado en las víctimas de Hamás  

Los colegios electorales israelíes están a menos de 10 kilómetros de la tienda de campaña de la familia Adnan, en Al Mawasi, en el sur de la franja de Gaza, donde viven decenas de miles de desplazados. Pero el destino de esta familia y el de dos millones de palestinos que desde hace tres años han sido diezmados por las bombas, obligados a salir de sus casas y hundidos en una miseria sin futuro están totalmente ausentes en los discursos de los candidatos de las elecciones legislativas israelíes del martes.

“Sentimos que, gane quien gane, la política israelí hacia Gaza seguirá siendo la misma: bloqueo, destrucción y negación de nuestros derechos fundamentales”, lamenta Kholoud Adnan, de 23 años, que forma parte de una generación de gazatíes que nunca ha votado ya que no ha habido elecciones generales palestinas desde 2006.

Los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, los más de 250 rehenes en manos de la milicia y la implacable ofensiva israelí contra Gaza, que ha dejado casi 75.000 muertos y una destrucción prácticamente total de las infraestructuras, han marcado la legislatura y la vida de los israelíes. Sin embargo, en la campaña solo han estado presentes las víctimas israelíes de Hamás y sobre todo las supuestas negligencias en materia de seguridad cometidas hace tres años, que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, se ha opuesto a que sean investigadas.

El silencio sobre Gaza en los discursos de la derecha, pero también de la oposición a Netanyahu, “dice mucho sobre el marco en el que se celebran estas elecciones”, afirma Yair Dvir, portavoz de la ONG israelí B’Tselem. “Nadie habla de la responsabilidad de Israel o de sus crímenes. Hay una especie de consenso, de acuerdo tácito, sobre el genocidio que está cometiendo nuestro ejército”, afirma.

Ni Netanyahu ni su principal rival, Gadi Einsenkot, que según los sondeos será el candidato más votado este martes, parecen tener un plan para Gaza, al menos públicamente. Sus discursos se centran terminar con Hamás, un tema clave en la sociedad israelí, aún traumatizada con los ataques de 2023, y en apoyar el plan de paz de Donald Trump, que está totalmente atascado.

Es un misterio que Netanyahu haya podido sobrevivir políticamente a la hecatombe social que supusieron los ataques de Hamás y siga siendo un candidato popular. Pero puede que su negativa a crear una comisión independiente para investigar los supuestos errores cometidos aquel día, los rumores de que había recibido informaciones sobre los planes de Hamás de atacar y no hizo nada al respecto, o las acusaciones de haber antepuesto sus intereses personales a la liberación de los rehenes le acaben pasando factura este martes. Los sondeos apuntan que será muy difícil que reúna los 61 escaños que necesita para mantenerse en el puesto. Su partido, el Likud, obtendría unos 21 escaños, frente a los 32 que logró en 2022.

Frente a él, Eisenkot, exjefe del Estado mayor cuyo hijo murió en la ofensiva militar en Gaza, ha prometido que si es elegido primer ministro logrará en año y medio “la destrucción del brazo armado de Hamás”. “Bien mediante una operación basada en el plan del presidente Trump, bien mediante una operación militar”, dijo.

“Eisenkot cree que Netanyahu no terminó la misión que Israel tenía en Gaza, pese a haber destruido la Franja y haber desplazado prácticamente a toda su población”, apunta Raji Sourani, gazatí y director del Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR, por sus siglas en inglés). “Así que seguirá adelante con la limpieza étnica no solo en Gaza, sino en Cisjordania y Jerusalén, como quieren la mayoría de israelíes”.

A la derecha de la derecha, los discursos sobre Gaza son todavía más radicales. El ministro de Seguridad Nacional, el ultra Itamar Ben Gvir, ha abogado, por ejemplo, por ocupar toda la Franja, donde el ejército israelí ya ocuparía en torno al 60%, según la ONU, construir asentamientos y transferir a toda su población. “Hay gente allí que no merece vivir. Ni siquiera son personas, no los quiero llamar personas”, dijo recientemente. Su partido, Poder judío, obtendría este martes unos ocho escaños sobre 120.

“Creo que estos discursos nos muestran el nivel de deshumanización de los palestinos en nuestro país y que ya nos parece normal que Israel los controle y los siga controlando. Su sufrimiento no nos interesa”, lamenta Dvir.

Solo la Lista Conjunta, una de las dos opciones árabes que representan a los palestinos con nacionalidad israelí en estas elecciones, que rondan el 20% de la población total, publicó durante su campaña un vídeo que mostraba las ruinas de Gaza y acusó al resto de partidos de “querer más destrucción”. Para los analistas, los israelíes no saben y no quieren saber qué está pasando en Gaza. “Cuando se lanzó la película NAZA, por ejemplo, vimos como todo el país, incluso la gente de izquierda, atacó a los directores por mostrar esa realidad”, recuerda el portavoz de B’Tselem.

Los últimos rehenes israelíes en manos de Hamás volvieron a casa en octubre de 2025. Con ellos, Gaza desapareció de la agenda y de las calles, donde las manifestaciones pidiendo un verdadero alto el fuego se redujeron a un puñado de activistas irreductibles. Otro tema del que apenas se habla en Israel son las bajas militares o los traumas que arrastran algunos soldados que sirvieron en la Franja. Según cifras del ejército israelí, unos 470 militares han muerto en las operaciones terrestres en Gaza.

El futuro y la reconstrucción de este territorio palestino tampoco están sobre la mesa, aunque también se incluyan en el plan de Trump. Y menos aún durante la campaña electoral. El alto el fuego auspiciado por Estados Unidos como parte del plan para Gaza entró oficialmente en vigor hace algo más de un año, pero “en realidad nunca empezó”, apunta Raji Sourani. Desde octubre de 2025, han muerto por fuego israelí unos 1.500 gazatíes. Además, no hay agua corriente ni electricidad, los hospitales funcionan a medio gas y no pueden atender correctamente a los enfermos por falta de material y espacio. Las escuelas están destruidas, no hay tierras que cultivar y el 90% de la población no tiene ningún ingreso. Tampoco se han podido quitar los escombros ni ha entrado un saco de cemento para empezar a construir, enumera Sourani.

“Pero, después de tres años de un genocidio retransmitido en directo frente al silencio de la comunidad internacional, ¿por qué Israel cambiaría su manera de actuar? La sangre de los palestinos es demasiado barata”, se pregunta este abogado palestino.

Para Meir Margalit, analista y exdirigente del partido Meretz (izquierda), los políticos israelíes no hablan de Gaza porque no saben cómo encarar el tema y “temen que les puede costar escaños” si se adentran en ese terreno pantanoso. “Sobre todo si es verdad, como dicen algunos expertos, que Hamás ha logrado rearmarse y que tiene tantos combatientes como el 6 de octubre de 2023. La gente se pregunta: ¿entonces no sirvió de nada?”, agrega.

Ante este panorama desolador, ¿son Eisenkot y su bloque anti-Netanyahu una verdadera alternativa? “Es verdad que casi todos se oponen a un Estado palestino y también al fin de las colonias”, apunta Dvir, de B’Tselem. “Desde luego no son un cambio real, pero estamos en un punto en que son un plan B frente a un Gobierno que está dispuesto a seguir adelante con el genocidio y la limpieza étnica aunque el mundo entero esté contra ellos”, concluye.

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