Hace un año, varios campesinos contemplaban silenciosos el trasiego de autobuses y policías italianos que llegaban a sus turnos en el centro de deportación que el Gobierno de Meloni levantó en Albania. En plena tierra de cultivos, entre granjas donde picotean las gallinas y los burros siguen tirando de carros, una gigantesca instalación blanca, luminosa y distópica, con verjas metálicas, cámaras y celdas para casi 900 personas había crecido ante sus ojos mucho más alto y rápido que las berzas y judías de Gjadër, una zona cercana a la costa. Los policías italianos iban y venían, mucho más numerosos que los inmigrantes que llegaban a este esperpento levantado por orden de Meloni y frenado varias veces por los jueces italianos.
Los centros de deportación como los que Bruselas ha autorizado son Guantánamos, campos de concentración donde no existen los derechos
Hace un año, varios campesinos contemplaban silenciosos el trasiego de autobuses y policías italianos que llegaban a sus turnos en el centro de deportación que el Gobierno de Meloni levantó en Albania. En plena tierra de cultivos, entre granjas donde picotean las gallinas y los burros siguen tirando de carros, una gigantesca instalación blanca, luminosa y distópica, con verjas metálicas, cámaras y celdas para casi 900 personas había crecido ante sus ojos mucho más alto y rápido que las berzas y judías de Gjadër, una zona cercana a la costa. Los policías italianos iban y venían, mucho más numerosos que los inmigrantes que llegaban a este esperpento levantado por orden de Meloni y frenado varias veces por los jueces italianos.
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