La angustia de buscar vida entre edificios colapsados: “Si alguien puede oírme, dé dos golpes”

“Hay pocos supervivientes. En la mayoría de edificios que registramos, lo que encontramos son personas fallecidas”, lamenta Víctor de Vega, paramédico sevillano de la Fundación SAMU desplegado en La Guaira (Venezuela) tras el doble terremoto del pasado miércoles en el que han muerto ya, al menos, 1.450 personas. Él mismo relata cómo han sentido una fuerte réplica este lunes que ha hecho temblar todo, pero que, pese a todo, han seguido con su misión. A sus 19 años, sus colegas no se extrañaron en exceso cuando, a las pocas horas de la catástrofe, hizo el petate y emprendió viaje. Ya había participado anteriormente en misiones en Florida (Estados Unidos) o Jamaica, isla en la que permaneció tres meses.

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Víctor de Vega (derecha), de SAMU, junto a un agente venezolano en La Guaira (Venezuela). Un equipo español desplegado en La Guaira describe su trabajo entre las ruinas, mientras las posibilidades de hallar supervivientes se reducen con cada hora  

“Hay pocos supervivientes. En la mayoría de edificios que registramos, lo que encontramos son personas fallecidas”, lamenta Víctor de Vega, paramédico sevillano de la Fundación SAMU desplegado en La Guaira (Venezuela) tras el doble terremoto del pasado miércoles en el que han muerto ya, al menos, 1.450 personas. Él mismo relata cómo han sentido una fuerte réplica este lunes que ha hecho temblar todo, pero que, pese a todo, han seguido con su misión. A sus 19 años, sus colegas no se extrañaron en exceso cuando, a las pocas horas de la catástrofe, hizo el petate y emprendió viaje. Ya había participado anteriormente en misiones en Florida (Estados Unidos) o Jamaica, isla en la que permaneció tres meses.

“La catástrofe es una estremecedora realidad en la que las necesidades superan cruelmente todas las capacidades. La noche es desoladora, los silencios [son] intermitentes para escuchar alguna voz desde algún edificio colapsado”, describe el doctor Carlos Álvarez Leiva, jefe de la misión y presidente de SAMU. Hay familiares de víctimas “llegados desde todos los puntos de Venezuela que están aposentados de manera eventual, durmiendo en las aceras, esperando escuchar la voz de alguien que pueda estar dentro de los edificios. Pasan la noche esperando una voz”, añade desde el epicentro del terremoto.

Las condiciones de trabajo están siendo duras, tanto a nivel físico como psicológico, relata De Vega a través de mensajes de voz en los que responde a preguntas cuando tiene unos minutos. “Mi primera impresión es que aquí sigue haciendo falta ayuda. Sigue haciendo falta equipo pesado. Estamos haciendo todo lo posible”, asegura. Nada más desplegarse, tras 30 horas de viaje desde la capital hispalense, lograron dar con tres personas con vida con ayuda de los tres perros con los que cuentan, Gio, Homero y Aquiles, adiestrados únicamente para dar con víctimas vivas.

“En el caso de que el perro marque o se escuche algún ruido, se hace lo que se conoce como un llamado. Se ordena silencio a toda la zona, se paran los coches y las motos, se paran los generadores y todo el mundo se mantiene en silencio. Entonces, una de las personas grita. `Equipo de rescate y equipo de rescate. Si alguien puede oírme, que haga un ruido o dé dos golpes’. Eso se repite varias veces”, explica De Vega.

En el caso de los tres supervivientes con los que dieron el primer día, al tratarse de rescates complicados y tareas que iban a llevar en torno a seis y ocho horas, dejaron paso a un equipo estadounidense que dispone de maquinaria pesada. En esos casos, “hace falta apuntalar, hace falta personal especializado, hacen falta arquitectos…”, detalla. Ellos, entonces, se desplazan a otra zona.

“El olor es lo que nos guía con frecuencia a detectar los cadáveres”, agrega. Entonces, cooperan en la apertura de una vía de acceso entre los cascotes, apuntalando y desescombrando con ayuda de maquinaria. La operación, señala el integrante del SAMU, se lleva a cabo de manera similar a como se haría en el caso de rescates de supervivientes. Una vez extraído el cadáver, se deja en manos de la policía científica, encargada de la identificación. Los edificios y lugares peinados se marcan entonces con espray, con unos símbolos acordados de manera internacional para facilitar la coordinación entre diferentes equipos.

El joven paramédico reconoce que le ha impresionado comprobar el alto nivel de destrucción que impera en La Guaira, donde casi todas las torres de apartamentos se han desmoronado. “Es muy impactante ver edificios de, a lo mejor, 10 plantas, donde la sexta está a ras de suelo”. Es entre esos escombros entre los que siguen tratando todavía de hallar a personas con vida. Las réplicas ―este lunes por la mañana, cuenta De Vega, ha habido una de magnitud 4,5 que ha hecho temblar todo― obligan a la población a vivir y dormir en parques, medianas y carreteras.

En los dos días que llevan desplegados han dormido un total de menos de tres horas y lo hacen en el suelo de la misma tienda en la que estabilizan a heridos antes de transferirlos a centros médicos locales, relata De Vega. La higiene brilla por su ausencia por la falta de medios, pero han de permanecer lo más cerca posible mientras haya posibilidades de rescatar a personas vivas o sea necesaria su participación en alguna otra labor. En todo caso, el equipo, asegura, mantiene la ilusión sobre el terreno, colaborando tanto con agentes locales como con otros equipos llegados de fuera de Venezuela.

Víctor de Vega se muestra sorprendido por casualidades como la que ha llevado a salvarse a un hombre que no podía fumar por prescripción médica. Se “escabulló” de casa a echar un cigarro mientras veía junto a su pareja un partido de béisbol en televisión y “justo en ese momento tuvo lugar el terremoto”. “Su mujer se había quedado dentro y es una de las personas a las que hemos estado buscando entre los escombros”, cuenta.

En la zona cero hay un “tsunami de personas” que acabará dando paso a “un tiempo nuevo en el que esto se irá diluyendo” porque “los tiempos de rescate están ya agotados y empezaremos una fase de reconstrucción”, describe Carlos Álvarez Leiva. El facultativo no oculta que, como en otras grandes catástrofes, se están dando casos de “saqueos” y hasta “robo de menores que han quedado huérfanos”. “Los plazos se cumplen inexorablemente. La vida tiene un límite”, reconoce el presidente de SAMU con la experiencia de otras emergencias a sus espaldas.

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