La mejor noticia para Junts, en su peor momento. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha proporcionado a Carles Puigdemont una de las mejores noticias judiciales de los últimos años justo cuando Junts atraviesa probablemente su momento político más delicado desde que nació el partido. Mientras Waterloo prepara semanas de euforia y reivindicación, las encuestas dibujan un fuerte retroceso electoral, el ascenso de Aliança Catalana y un partido que ha decidido congelar cualquier decisión estratégica hasta que vuelvan a hablar las urnas.El entorno del expresidente ya ha activado el relato. La sentencia se presenta como una nueva victoria frente al Estado, un reconocimiento implícito de las tesis defendidas por Puigdemont desde su marcha a Bélgica en 2017, una oportunidad para recupera la épica del 1-O. No obstante, puertas adentro, la lectura es mucho más matizada. «Habrá unas semanas de forzada euforia y retórica octubrista. El círculo íntimo de Waterloo intentará venderlo como una victoria, cuando en realidad los indultos y la amnistía marcaron el final del ‘procés’», apuntan fuentes internas, que reconocen el mal momento por el que pasa la formación.Quien espere movimientos, lo hará en vano. «Hasta que pase el ciclo electoral no pasará nada en Junts. No se moverá nada», resume una fuente conocedora de las conversaciones internas de la formación. Ese es hoy el auténtico estado de ánimo del partido. La sentencia del TJUE podrá alimentar el relato político, pero a corto plazo nadie espera que modifique la estrategia de fondo. Las próximas urnas serán las que determinen si Junts mantiene el actual rumbo o se ve obligado a abrir una nueva etapa, en un contexto en el que la presencia o no de Puigdemont en Cataluña no se señala como determinante. Las perspectivas no son buenas. El último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) dibuja un escenario preocupante para Junts, con el partido sacando entre 16 y 18 diputados, prácticamente la mitad de los 35 obtenidos en las catalanas de 2024. Un retroceso que en parte se explica por el avance de Aliança Catalana. El partido de Sílvia Orriols pasaría de sus actuales dos diputados a 23-25 escaños, hasta el punto de disputar a ERC la segunda posición del Parlament. El estudio refleja además que el 28% de quienes votaron a Junts hace apenas dos años optarían ahora por la candidatura de Orriols, confirmando que la principal amenaza electoral para Puigdemont ya no procede del constitucionalismo, sino de un independentismo todavía más identitario y radical.La tendencia también se reproduce en Barcelona. El último barómetro municipal consolida un escenario catastrófico para Junts y refuerza la sensación de que el partido atraviesa un ciclo de desgaste del que la sentencia europea, por sí sola, obviamente podrá sacarle.Aunque el fallo europeo ha reactivado inmediatamente las especulaciones, en Junts nadie contempla un retorno inmediato del expresidente. La posición sigue siendo exactamente la misma que durante los casi nueve años transcurridos desde su salida hacia Waterloo: Puigdemont solo volverá cuando tenga garantías absolutas de que no será detenido ni ingresará en prisión.Durante todo este tiempo, ese ha sido el principal temor político y personal del líder independentista. Si regresara ahora a España seguiría existiendo el riesgo de una detención mientras los tribunales terminan de resolver definitivamente su situación jurídica. Después de haber convertido el exilio en el principal eje de su liderazgo político, en Waterloo consideran impensable ofrecer esa imagen a sus adversarios precisamente ahora.La tesis volvió a hacerse explícita este viernes. Después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, afirmara en una entrevista en RNE que el regreso de Puigdemont sería «un gesto de liderazgo político», el secretario general de Junts, Jordi Turull, respondió con dureza desde las redes sociales: «Cuánta miseria y frivolidad». La réplica resume la posición de la dirección del partido. Antes que escenificar una vuelta que pudiera acabar con Puigdemont ante un juez o incluso en prisión, Junts insiste en que todavía no concurren las garantías jurídicas suficientes. En esa misma línea se ha pronunciado también su abogado, Gonzalo Boye, quien ha recomendado mantener la prudencia y descartar cualquier regreso mientras persista la posibilidad de una actuación judicial contra el expresidente.Ese compás de espera condiciona toda la evolución del partido. Tanto los dirigentes más fieles a Puigdemont como aquellos que consideran necesario abrir una nueva etapa reconocen, aunque lleguen a conclusiones distintas, que Junts sigue atrapado en la situación personal de su líder.Los primeros sostienen que cualquier debate sucesorio sería un error mientras Puigdemont siga siendo el principal activo electoral del independentismo posconvergente. Los segundos creen que la formación lleva demasiado tiempo aplazando decisiones estratégicas y que tarde o temprano deberá construir un proyecto capaz de sobrevivir políticamente al ciclo abierto en 2017.Es innegable que la sentencia del TJUE concede a Puigdemont un importante balón de oxígeno político y permitirá a Waterloo recuperar durante unas semanas la iniciativa. Sin embargo, la sensación dominante dentro de Junts es que el partido ya ha entrado en una larga cuenta atrás marcada exclusivamente por las elecciones. La euforia es obligada. El inmovilismo, también. Porque, según resume gráficamente un dirigente de la formación, «hasta que hablen las urnas, no se moverá nada». La mejor noticia para Junts, en su peor momento. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha proporcionado a Carles Puigdemont una de las mejores noticias judiciales de los últimos años justo cuando Junts atraviesa probablemente su momento político más delicado desde que nació el partido. Mientras Waterloo prepara semanas de euforia y reivindicación, las encuestas dibujan un fuerte retroceso electoral, el ascenso de Aliança Catalana y un partido que ha decidido congelar cualquier decisión estratégica hasta que vuelvan a hablar las urnas.El entorno del expresidente ya ha activado el relato. La sentencia se presenta como una nueva victoria frente al Estado, un reconocimiento implícito de las tesis defendidas por Puigdemont desde su marcha a Bélgica en 2017, una oportunidad para recupera la épica del 1-O. No obstante, puertas adentro, la lectura es mucho más matizada. «Habrá unas semanas de forzada euforia y retórica octubrista. El círculo íntimo de Waterloo intentará venderlo como una victoria, cuando en realidad los indultos y la amnistía marcaron el final del ‘procés’», apuntan fuentes internas, que reconocen el mal momento por el que pasa la formación.Quien espere movimientos, lo hará en vano. «Hasta que pase el ciclo electoral no pasará nada en Junts. No se moverá nada», resume una fuente conocedora de las conversaciones internas de la formación. Ese es hoy el auténtico estado de ánimo del partido. La sentencia del TJUE podrá alimentar el relato político, pero a corto plazo nadie espera que modifique la estrategia de fondo. Las próximas urnas serán las que determinen si Junts mantiene el actual rumbo o se ve obligado a abrir una nueva etapa, en un contexto en el que la presencia o no de Puigdemont en Cataluña no se señala como determinante. Las perspectivas no son buenas. El último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) dibuja un escenario preocupante para Junts, con el partido sacando entre 16 y 18 diputados, prácticamente la mitad de los 35 obtenidos en las catalanas de 2024. Un retroceso que en parte se explica por el avance de Aliança Catalana. El partido de Sílvia Orriols pasaría de sus actuales dos diputados a 23-25 escaños, hasta el punto de disputar a ERC la segunda posición del Parlament. El estudio refleja además que el 28% de quienes votaron a Junts hace apenas dos años optarían ahora por la candidatura de Orriols, confirmando que la principal amenaza electoral para Puigdemont ya no procede del constitucionalismo, sino de un independentismo todavía más identitario y radical.La tendencia también se reproduce en Barcelona. El último barómetro municipal consolida un escenario catastrófico para Junts y refuerza la sensación de que el partido atraviesa un ciclo de desgaste del que la sentencia europea, por sí sola, obviamente podrá sacarle.Aunque el fallo europeo ha reactivado inmediatamente las especulaciones, en Junts nadie contempla un retorno inmediato del expresidente. La posición sigue siendo exactamente la misma que durante los casi nueve años transcurridos desde su salida hacia Waterloo: Puigdemont solo volverá cuando tenga garantías absolutas de que no será detenido ni ingresará en prisión.Durante todo este tiempo, ese ha sido el principal temor político y personal del líder independentista. Si regresara ahora a España seguiría existiendo el riesgo de una detención mientras los tribunales terminan de resolver definitivamente su situación jurídica. Después de haber convertido el exilio en el principal eje de su liderazgo político, en Waterloo consideran impensable ofrecer esa imagen a sus adversarios precisamente ahora.La tesis volvió a hacerse explícita este viernes. Después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, afirmara en una entrevista en RNE que el regreso de Puigdemont sería «un gesto de liderazgo político», el secretario general de Junts, Jordi Turull, respondió con dureza desde las redes sociales: «Cuánta miseria y frivolidad». La réplica resume la posición de la dirección del partido. Antes que escenificar una vuelta que pudiera acabar con Puigdemont ante un juez o incluso en prisión, Junts insiste en que todavía no concurren las garantías jurídicas suficientes. En esa misma línea se ha pronunciado también su abogado, Gonzalo Boye, quien ha recomendado mantener la prudencia y descartar cualquier regreso mientras persista la posibilidad de una actuación judicial contra el expresidente.Ese compás de espera condiciona toda la evolución del partido. Tanto los dirigentes más fieles a Puigdemont como aquellos que consideran necesario abrir una nueva etapa reconocen, aunque lleguen a conclusiones distintas, que Junts sigue atrapado en la situación personal de su líder.Los primeros sostienen que cualquier debate sucesorio sería un error mientras Puigdemont siga siendo el principal activo electoral del independentismo posconvergente. Los segundos creen que la formación lleva demasiado tiempo aplazando decisiones estratégicas y que tarde o temprano deberá construir un proyecto capaz de sobrevivir políticamente al ciclo abierto en 2017.Es innegable que la sentencia del TJUE concede a Puigdemont un importante balón de oxígeno político y permitirá a Waterloo recuperar durante unas semanas la iniciativa. Sin embargo, la sensación dominante dentro de Junts es que el partido ya ha entrado en una larga cuenta atrás marcada exclusivamente por las elecciones. La euforia es obligada. El inmovilismo, también. Porque, según resume gráficamente un dirigente de la formación, «hasta que hablen las urnas, no se moverá nada».
La mejor noticia para Junts, en su peor momento. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha proporcionado a Carles Puigdemont una de las mejores noticias judiciales de los últimos años justo cuando Junts atraviesa probablemente su momento político más delicado desde … que nació el partido. Mientras Waterloo prepara semanas de euforia y reivindicación, las encuestas dibujan un fuerte retroceso electoral, el ascenso de Aliança Catalana y un partido que ha decidido congelar cualquier decisión estratégica hasta que vuelvan a hablar las urnas.
El entorno del expresidente ya ha activado el relato. La sentencia se presenta como una nueva victoria frente al Estado, un reconocimiento implícito de las tesis defendidas por Puigdemont desde su marcha a Bélgica en 2017, una oportunidad para recupera la épica del 1-O. No obstante, puertas adentro, la lectura es mucho más matizada. «Habrá unas semanas de forzada euforia y retórica octubrista. El círculo íntimo de Waterloo intentará venderlo como una victoria, cuando en realidad los indultos y la amnistía marcaron el final del ‘procés’», apuntan fuentes internas, que reconocen el mal momento por el que pasa la formación.
Quien espere movimientos, lo hará en vano. «Hasta que pase el ciclo electoral no pasará nada en Junts. No se moverá nada», resume una fuente conocedora de las conversaciones internas de la formación. Ese es hoy el auténtico estado de ánimo del partido. La sentencia del TJUE podrá alimentar el relato político, pero a corto plazo nadie espera que modifique la estrategia de fondo. Las próximas urnas serán las que determinen si Junts mantiene el actual rumbo o se ve obligado a abrir una nueva etapa, en un contexto en el que la presencia o no de Puigdemont en Cataluña no se señala como determinante.
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Las perspectivas no son buenas. El último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) dibuja un escenario preocupante para Junts, con el partido sacando entre 16 y 18 diputados, prácticamente la mitad de los 35 obtenidos en las catalanas de 2024. Un retroceso que en parte se explica por el avance de Aliança Catalana. El partido de Sílvia Orriols pasaría de sus actuales dos diputados a 23-25 escaños, hasta el punto de disputar a ERC la segunda posición del Parlament. El estudio refleja además que el 28% de quienes votaron a Junts hace apenas dos años optarían ahora por la candidatura de Orriols, confirmando que la principal amenaza electoral para Puigdemont ya no procede del constitucionalismo, sino de un independentismo todavía más identitario y radical.
La tendencia también se reproduce en Barcelona. El último barómetro municipal consolida un escenario catastrófico para Junts y refuerza la sensación de que el partido atraviesa un ciclo de desgaste del que la sentencia europea, por sí sola, obviamente podrá sacarle.
Aunque el fallo europeo ha reactivado inmediatamente las especulaciones, en Junts nadie contempla un retorno inmediato del expresidente. La posición sigue siendo exactamente la misma que durante los casi nueve años transcurridos desde su salida hacia Waterloo: Puigdemont solo volverá cuando tenga garantías absolutas de que no será detenido ni ingresará en prisión.
Durante todo este tiempo, ese ha sido el principal temor político y personal del líder independentista. Si regresara ahora a España seguiría existiendo el riesgo de una detención mientras los tribunales terminan de resolver definitivamente su situación jurídica. Después de haber convertido el exilio en el principal eje de su liderazgo político, en Waterloo consideran impensable ofrecer esa imagen a sus adversarios precisamente ahora.
La tesis volvió a hacerse explícita este viernes. Después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, afirmara en una entrevista en RNE que el regreso de Puigdemont sería «un gesto de liderazgo político», el secretario general de Junts, Jordi Turull, respondió con dureza desde las redes sociales: «Cuánta miseria y frivolidad». La réplica resume la posición de la dirección del partido. Antes que escenificar una vuelta que pudiera acabar con Puigdemont ante un juez o incluso en prisión, Junts insiste en que todavía no concurren las garantías jurídicas suficientes. En esa misma línea se ha pronunciado también su abogado, Gonzalo Boye, quien ha recomendado mantener la prudencia y descartar cualquier regreso mientras persista la posibilidad de una actuación judicial contra el expresidente.
Ese compás de espera condiciona toda la evolución del partido. Tanto los dirigentes más fieles a Puigdemont como aquellos que consideran necesario abrir una nueva etapa reconocen, aunque lleguen a conclusiones distintas, que Junts sigue atrapado en la situación personal de su líder.
Los primeros sostienen que cualquier debate sucesorio sería un error mientras Puigdemont siga siendo el principal activo electoral del independentismo posconvergente. Los segundos creen que la formación lleva demasiado tiempo aplazando decisiones estratégicas y que tarde o temprano deberá construir un proyecto capaz de sobrevivir políticamente al ciclo abierto en 2017.
Es innegable que la sentencia del TJUE concede a Puigdemont un importante balón de oxígeno político y permitirá a Waterloo recuperar durante unas semanas la iniciativa. Sin embargo, la sensación dominante dentro de Junts es que el partido ya ha entrado en una larga cuenta atrás marcada exclusivamente por las elecciones. La euforia es obligada. El inmovilismo, también. Porque, según resume gráficamente un dirigente de la formación, «hasta que hablen las urnas, no se moverá nada».
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