Juan Señor: “Los centrocampistas españoles no surgieron hace 20 años, ¡estuvieron siempre!»

Tigana y Juan Señor disputan un balón durante la final de la Eurocopa de 1984 en el Parque de los Príncipes, en París.

Si los fenicios bautizaron a España por sus mamíferos más comunes, Is-pan-ya, el país de los conejos, en el mundo del fútbol España es el país de los centrocampistas. Siempre hubo Pedris en estos contornos. Pero hasta este siglo no se utilizaron apenas. Permanecieron aislados, dispersos, empequeñecidos en la atonía de la posguerra, ignorantes del poder que luego desarrollarían por medio de la asociación. Juan Señor, uno de tantos, fue el Pedri de su época. Su salto a la fama en la Eurocopa de Francia de 1984 con el 12º gol del 12-1 a Malta fue mucho más que un acontecimiento pop. Fue uno de los primeros indicios de que aquella multitud olvidada se estaba moviendo en el paisaje árido del fútbol nacional. La riqueza que exhibe hoy España en Estados Unidos no surgió espontáneamente de la nada.

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 El exinternacional evoca la época oscura del mediocampo hispano, antes de que la metodología aprovechada por Luis Aragonés produjera la opulencia que exhibe el equipo en el Mundial  

Si los fenicios bautizaron a España por sus mamíferos más comunes, Is-pan-ya, el país de los conejos, en el mundo del fútbol España es el país de los centrocampistas. Siempre hubo Pedris en estos contornos. Pero hasta este siglo no se utilizaron apenas. Permanecieron aislados, dispersos, empequeñecidos en la atonía de la posguerra, ignorantes del poder que luego desarrollarían por medio de la asociación. Juan Señor, uno de tantos, fue el Pedri de su época. Su salto a la fama en la Eurocopa de Francia de 1984 con el 12º gol del 12-1 a Malta fue mucho más que un acontecimiento pop. Fue uno de los primeros indicios de que aquella multitud olvidada se estaba moviendo en el paisaje árido del fútbol nacional. La riqueza que exhibe hoy España en Estados Unidos no surgió espontáneamente de la nada.

Señor nació en Madrid en 1958. De niño coincidió en el tiempo con héroes como Luis Suárez o Carlos Lapetra, dos volantes creativos y goleadores, campeones de la Europa en 1964 a los que, sin embargo, no pudo apenas ver jugar. “La televisión nos daba lo justo de lo justo de lo justo”, cuenta el veterano del Mundial del 86. “Vi muy poco a centrocampistas como Luis Suárez, o a Luis Aragonés. Mis referencias eran todos los futbolistas que podía ver: laterales, pivotes, llegadores, puntas… Ponías lo que tenías tú dentro. Yo cogía muchas cosas mirando colegas. Por eso debuté en Primera como interior derecho pero llegué a jugar en todas las posiciones salvo portero y delantero centro. Beenhakker en el Zaragoza me utilizó como lateral por mi compromiso defensivo, permitiéndome meterme en el mediocampo para hacer superioridad numérica, ya que esa era mi alma”.

En la antigüedad del fútbol algunos conceptos suenan hoy a futurismo guardiolano. Beenhakker, que vino del Ajax como Cruyff, utilizó a Señor como si fuera un Dani Alves para terminar haciendo lo que hoy hacen los llegadores de la selección. “Mi criterio era incorporarme a una zona en la que marqué muchos goles”, recuerda. “Podría sentirme reflejado en Merino o Fabián, que pueden venir abajo a asociarse para iniciar el juego o pueden estar entre líneas y finalmente llegan a los huecos que los Oyarzabal dejan para que otros aprovechen”.

“Teníamos una naturaleza parecida a la de Argentina”

Juan Señor habla por toda una generación. La que produjo a los Velázquez, a los Jesús Mari Zamora, los Martín Vázquez, o incluso los Guardiola o los Caminero, que rara vez pudieron gozar del valor que se le brinda ahora a los interiores en la selección. “Los niños de los años 60 no teníamos la cantidad de referencias que existen hoy”, prosigue, “pero teníamos un gen competitivo, una naturaleza, parecida a la de Argentina y otros equipos hispanoamericanos. En España siempre hubo jugadores creativos con un don para asociarse con una toma de decisiones que suele ser acertada, vivos, listos, que siempre pensaron que con el balón se pueden hacer muchas cosas y sin el balón no”.

“Dicen que los centrocampistas españoles surgieron hace 20 años”, protesta. “¡No! ¡Han estado siempre! Pero en mi época no estaban de moda los pequeños, y 20 años después se pusieron de moda porque se juntaron tres o cuatro que lo hicieron maravillosamente bien, llámense Iniesta, Xavi, Mata, Silva… Gente que tenía muy buena cabeza. En los últimos 40 años se ha ido demostrando que al fútbol se juega con una buena cabeza, no para cabecear sino para crecer personalmente aceptando conceptos que incorporados a los que tienes genéticamente implican que seas más completo. Esa toma de decisiones que cada jugador hace en cada momento del partido ha provocado un entendimiento colectivo que hoy identifica a España como un equipo que juega de maravilla. En mi época no teníamos tantas herramientas para prepararnos. Pero la matriz estaba”.

Jesús Paredes, mano derecha de Luis Aragonés en el proceso que revolucionó a la selección española en la Eurocopa de 2008, recuerda los tenebrosos años 70, cuando estudiaba educación física en Alemania. “Sentíamos que técnicamente todos eran superiores a nosotros, que teníamos que esforzarnos mucho para igualar a rivales como la Alemania de Overath y Beckenbauer o a la Holanda de Cruyff y Van Hanegem. Pasaron 44 años sin títulos en la selección. ¿Por qué se produce una evolución? Es un tema metodológico. Si hoy ves los entrenamientos de todos los equipos españoles desde alevines, niños y niñas son muy capaces de hacer juegos de posesión con movilidad. Por eso, si vas a presionar a un equipo español, te puede pasar lo que le pasó a Francia en la semifinal”.

España ha refinado su identidad combinativa. A veces hasta el barroquismo. Paredes ironiza sobre el nivel de asociacionismo de la actual selección. “Los he visto en este Mundial jugando un sistema de 5-5. Cinco en defensa y cinco en el mediocampo buscando superioridad técnica en el control y el pase. Hay pases que no están ni definidos en la escuela de entrenadores. Yo les llamo pases prolongados. Lo que hacía tan bien Iniesta: le metían un balón al área y él lo redirigía con un toque en otra dirección. Sin control. Aragonés insistía: ‘¡Velocidad de balón!’. Estos pases con un toque son un multiplicador de la velocidad y es algo muy español, igual que la pared. Se trabajan desde alevines. Niños y niñas cada día se asocian mejor con estos pases”.

“Se hacían muy pocos rondos”

“En mi época se hacían muy pocos rondos”, reconoce Señor. “Cuando pasabas de los 15 años empezabas a trabajar más el aspecto físico que el técnico. En el Alavés entrenaba cargando troncos para que el tren inferior aguantara un peso mayor. Era como si el aspecto técnico fuera una cosa personal de cada uno. Como si de nacimiento le pegas muy bien con la derecha. No. Le pegas bien porque la practicas y porque el pie de apoyo permite que utilices la superficie de contacto adecuada con el pie bueno. A lo mejor en cada plantilla había uno o dos, como mucho, que entendían el fútbol así o estaban dotados para poder hacerlo. Ahora técnicamente se ha mejorado mucho por la infinidad de rondos y posesiones a un toque, sabiendo que no solo tienes que enviar el balón donde está tu compañero si no exactamente donde te lo pide para sorprender al defensor”.

Señor pasó por la cantera del Madrid pero fue inmediatamente cedido. Era un juvenil que no superaba el 1,70 y el prejuicio arraigaba. “Los pequeñitos no estaban de moda”, recuerda. “Sí, el chaval juega bien, pero es que su físico…’. Era la idea de antes. Había muy poquitos futbolistas pequeños. Ahora vemos a muchos que son como Vitinha”.

“Puede que fuera el Pedri de los años 80”, dice. “Era muy de su estilo, de tener el balón y crear como doble pivote o enganche. Pero en el fútbol que hacíamos antes el pase largo era mucho más determinante. Antes el balón pasaba menos por el mediocampo. Creo que la Eurocopa de 1984 fue una inflexión para España. De ser una selección más pasaron a considerarla un equipo con buenos jugadores y centrocampistas que marcaban ciertas diferencias. Su exquisitez, sus cualidades técnicas, de llegada y asociación conectaban con las otras dos líneas y hacían que España fuera un equipo más solvente de lo que había mostrado en las dos décadas anteriores. Lo que ocurre es que en esta vida nos quedamos con los resultados. Si hubiéramos ganado la final, la historia se habría contado de otra manera”.

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