Es el alcalde más longevo de una gran ciudad, Málaga. Hace natación, gimnasia y reconoce que, aunque en su familia le animan a retirarse, no lo piensa. Leer Es el alcalde más longevo de una gran ciudad, Málaga. Hace natación, gimnasia y reconoce que, aunque en su familia le animan a retirarse, no lo piensa. Leer
Francisco de la Torre, Paco, como le llaman todos los malagueños, parece no tener demasiada prisa por jubilarse. El regidor atiende a este suplemento en vísperas de la feria de Málaga que se celebra en estos días y, después de casi tres décadas al frente del Ayuntamiento de esta ciudad, el popular -que también fue teniente alcalde con Celia Villalobos-, reconoce que no se imagina la vida sin una agenda. No porque crea que un cargo público deba convertirse en vitalicio, sino porque, sencillamente, todavía tiene ganas de trabajar. «No me lo puedo imaginar. Sé que echaría muchísimo de menos el trabajo y el poder ser útil».
Pese a tener las ideas tan claras sobre el tema de la jubilación, De la Torre sostiene que la decisión, en su caso, no depende únicamente de él: está la opinión de los ciudadanos y, por supuesto, la salud. «Yo no tengo ahí ninguna llave de decir con seguridad voy a seguir de alcalde hasta tal fecha», explica. Por el momento, en la próxima convocatoria electoral de 2027, se presentará a la reelección. A sus 83 años, si revalida, podría estar al frente del consistorio malagueño hasta los 88.
Lo resume de una manera muy sencilla: le sigue apasionando su ciudad, Málaga. «Todavía tengo mucha ilusión por resolver desafíos», asegura. Y ahí encuentra la explicación de una carrera política tan prolongada. De la Torre habla de una ciudad que, a su juicio, estuvo «muy olvidada» y reivindica la satisfacción de haber conseguido oportunidades que cuando él era pequeño no existían.
La jubilación, por tanto, no aparece en su discurso como una liberación. Más bien al contrario. De la Torre pone el ejemplo de profesionales que continúan ejerciendo su oficio mucho más allá de la edad habitual de retiro. «Hay gente que con más de 80 años sigue en su trabajo porque le apasiona su vocación, como a mí», cuenta. Y recuerda el caso de un médico malagueño que incluso llegó a reclamar judicialmente seguir trabajando.
Su posición es clara: las normas deberían ser más flexibles para quienes quieran continuar. «Quien demuestre que sigue teniendo la capacidad para trabajar, debería seguir. Hay que ser flexibles».
En su reflexión aparece también el problema de las pensiones. De la Torre considera que el aumento de la esperanza de vida obliga a replantearse la duración de la vida activa. «España tiene, felizmente, por la salud de los españoles, por las buenas prácticas de comida, por lo que sea, una esperanza de vida cada vez mayor; entonces tienes que plantearte que la vida activa no puede acortarse o crecer muy poquito, sino que hay que tratar de ir un poco en relación a esa esperanza de vida».
No cree, sin embargo, que prolongar la vida laboral deba plantearse como una batalla entre generaciones. «Cuando la gente esté dispuesta a trabajar, hagamos posible que pueda trabajar. Si puede, no que sea una carga trabajando. Que aporte». Y vuelve a señalar especialmente a dos ámbitos en los que, en su opinión, se pierde demasiado talento: la docencia y la sanidad. «Te da pena que en el mundo docente y en el sanitario haya gente con grandes condiciones físicas y mentales y con una experiencia valiosísima que no puedan seguir».
Él mismo intenta cuidar esa forma física. Reconoce que ha tenido que hacer cambios en su agenda para encontrar más tiempo para el deporte. «He intentado buscar más huecos para hacer deporte porque es fundamental», explica. La natación es su principal actividad ya que todos los años hace el recorrido de la tradicional Travesía a Nado del Puerto de Málaga. También ha incorporado ejercicios de gimnasia para fortalecer piernas, cuello y abdominales. Reconoce, además, que prácticamente no coge vacaciones y que lleva muchos años dedicando buena parte de su tiempo a la actividad pública.
Pero hay otra razón para continuar: todavía quedan cosas por hacer. De la Torre habla de vivienda y movilidad, pero también de proyectos concretos para Málaga. Entre ellos menciona el relacionado con el río, con nuevas plazas y puentes, y la rehabilitación de un antiguo convento.
Su balance de estos años es positivo. Se muestra especialmente orgulloso de la mejora de la calidad del agua de Málaga, del desarrollo cultural y tecnológico de la ciudad, del puerto y de la red de equipamientos. Habla de una Málaga capaz de atraer talento y generar oportunidades que hace dos décadas no existían.
También reivindica una política local cercana. Escuchar a los ciudadanos, dice, forma parte de su manera de entender el cargo. Se considera respetuoso y anima a los políticos a no contribuir al clima de tensión. «Da la impresión de que a veces a algunos grupos les gusta tensionar la vida política pero no es mi estilo y yo trato de ser moderado. Hay que decir las cosas con claridad pero sin ofender».
Paco de la Torre está casado y tiene cuatro hijos. Confiesa que en su entorno familiar la idea de que continúe no entusiasma pero poco pueden hacer frente a las ganas de seguir que él tiene. «El desafío es tan grande que necesitamos el talento de todos, de jóvenes y mayores. Hay que sumar».
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