Sánchez necesita que Cataluña vote en clave española para contener el desgaste del PSC

Pedro Sánchez necesita, si quiere revalidar su estancia en la Moncloa, que los catalanes tengan muy claro que la cita del 29 de noviembre es para escoger a los diputados del Congreso. Que las urnas de aquel domingo desplegadas por Cataluña son para elegir al presidente del Gobierno y no al presidente de la Generalitat. El examen del 29-N pondrá a prueba si la comunidad sigue siendo un granero de voto socialista en las generales.Los números no engañan. En 2023, el PSC logró el 34,47% de los votos en las elecciones generales, las últimas que se han celebrado. Menos de ocho meses después, los socialistas obtuvieron el 27,96% de apoyo en la cita de las autonómicas de 2024. Los sondeos auguran, ahora, una gran caída del PSC en las autonómicas (previstas para 2028). Está por ver si ese indicio se corresponde con un descenso de votos al PSC en las generales del 29-N.«Un PSC en horas bajas nunca es una buena noticia para el PSOE», advierte Toni Aira, profesor de Comunicación Política de la UPF-BSM, consultado por ABC. Pero subraya que las generales son, para el votante socialista catalán, «sus elecciones prioritarias» y las de «máxima movilización». Albert Guivernau, director general de la Fundación Civismo, comparte la cautela: «Puede haber contagio, pero no creo que sea automático ni proporcional».Por su parte, Astrid Barrio, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Valencia, sitúa la distinción en el comportamiento electoral y no solo del PSC: «En cada tipo de elección hay lógicas distintas». El voto dual -es decir, optar por un partido en unas elecciones y por otro, en otras de otro ámbito territorial- y la abstención diferencial, señala la politóloga catalana para este diario, alteran los resultados de una convocatoria a otra.«Un PSC en horas bajas nunca es una buena noticia para el PSOE» Toni Aira Profesor de Comunicación Política de la UPF-BSMEntre las autonómicas de 2006 (principio del fin del tripartito) y las generales de 2008 (segunda victoria de José Luis Rodríguez Zapatero), el PSC pasó del 26,82 al 45,39%. Es decir, 18,57 puntos y 893.738 votos más. Transcurrieron 16 meses entre ambas citas, por lo que la diferencia no puede atribuirse solo al tipo de elección. Pero estas cifras demuestran la gran capacidad de movilización socialista ante una cita con las urnas si es para elegir al Gobierno de España.Así, para que Sánchez pueda salir airoso la noche del 29-N necesita sumar más votos de los que Illa puede recabar. Que la marca PSOE se imponga a la del PSC. Plantear la campaña electoral en el eje clásico izquierda-derecha y lejos de los planteamientos del PSC, que no en pocas ocasiones se confunden con los del nacionalismo. Aira considera que, si es así, Sánchez puede movilizar a los socialistas y atraer a simpatizantes de ERC y Comuns.Guivernau coincide con este planteamiento inicial: «Alguien que pueda estar descontento con Illa puede volver a votar al PSC si entiende que la alternativa es un Gobierno del PP apoyado por Vox». La polarización (izquierda-derecha) permitiría desplazar el debate en Cataluña desde el balance de la Generalitat, para los dos años que Illa lleva como presidente, hacia un ‘plebiscito’ sobre el presidente del Gobierno.Sin embargo, Aira y Guivernau discrepan sobre la separación entre ambas gestiones. El primero sostiene que el votante socialista sí distingue claramente: «Clásicamente, no ha entendido la Generalitat como su institución de referencia». Su prioridad, argumenta, es la Moncloa y, en segundo término, los ayuntamientos. Desde esa perspectiva, el entusiasmo que despierta Illa, menor al de Sánchez, no es determinante.Guivernau introduce un límite: «Hay autonomía entre ambas marcas, pero no compartimentos estancos». El perfil institucional y moderado que atribuye a Illa puede atraer a ciudadanos con una valoración diferente de Sánchez, pero la vinculación se hace más visible en unas generales. Y, cuanto mayor sea la implicación del presidente autonómico en la campaña del 29-N, más difícil le resultará aislarse del desgaste del Gobierno en el futuro.«Alguien que pueda estar descontento con Illa puede volver a votar al PSC si entiende que la alternativa es un Gobierno del PP apoyado por Vox» Albert Guivernau Director general de la Fundación CivismoBarrio añade un problema transversal: las expectativas pendientes. A su juicio, ambos ejecutivos están desgastados, «más el de Sánchez que el de Illa», y el adelanto electoral afecta a promesas fracasadas, como la quita de la deuda autonómica, el traspaso de Cercanías al Govern catalán o la financiación autonómica, pactada solo con ERC y que beneficia claramente a la Generalitat. Son «incumplimientos que pueden tener impacto electoral», dice la profesora.El director general de la Fundación Civismo identifica una vía similar de contagio, como los problemas que el elector atribuya a ambas administraciones. Por ejemplo, la dificultad de acceso a la vivienda; la pérdida de poder adquisitivo por la inflación; la gestión de la inmigración; la seguridad o la falta de ella y el deterioro de los servicios públicos. La balanza de estos temas y sus culpables pueden determinar el voto.Otro aspecto es el corrimiento de votos entre partidos afines a los socialistas y la abstención. Los tres expertos consultados tienen visiones distintas respecto a su impacto el 29-N. Guivernau, por ejemplo, dibuja el siguiente escenario, que resume una posición global: «El PSC tiene que evitar simultáneamente la abstención, cerrar la fuga hacia ERC y su izquierda y conservar al votante moderado que puede mirar hacia el PP».En cualquier caso, el desgaste de ambos ejecutivos también puede viajar en sentido inverso. Aira considera «evidente» que un mal momento de Sánchez afecta al ánimo y a la movilización del electorado del PSC, para el 29-N y para 2028. Guivernau coincide en que Illa, difícilmente, puede aislarse por completo de la marca PSOE. Y zanja que el primer secretario del PSC puede contribuir a sostener a Sánchez, ahora, pero recibir parte de su factura, después. Pedro Sánchez necesita, si quiere revalidar su estancia en la Moncloa, que los catalanes tengan muy claro que la cita del 29 de noviembre es para escoger a los diputados del Congreso. Que las urnas de aquel domingo desplegadas por Cataluña son para elegir al presidente del Gobierno y no al presidente de la Generalitat. El examen del 29-N pondrá a prueba si la comunidad sigue siendo un granero de voto socialista en las generales.Los números no engañan. En 2023, el PSC logró el 34,47% de los votos en las elecciones generales, las últimas que se han celebrado. Menos de ocho meses después, los socialistas obtuvieron el 27,96% de apoyo en la cita de las autonómicas de 2024. Los sondeos auguran, ahora, una gran caída del PSC en las autonómicas (previstas para 2028). Está por ver si ese indicio se corresponde con un descenso de votos al PSC en las generales del 29-N.«Un PSC en horas bajas nunca es una buena noticia para el PSOE», advierte Toni Aira, profesor de Comunicación Política de la UPF-BSM, consultado por ABC. Pero subraya que las generales son, para el votante socialista catalán, «sus elecciones prioritarias» y las de «máxima movilización». Albert Guivernau, director general de la Fundación Civismo, comparte la cautela: «Puede haber contagio, pero no creo que sea automático ni proporcional».Por su parte, Astrid Barrio, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Valencia, sitúa la distinción en el comportamiento electoral y no solo del PSC: «En cada tipo de elección hay lógicas distintas». El voto dual -es decir, optar por un partido en unas elecciones y por otro, en otras de otro ámbito territorial- y la abstención diferencial, señala la politóloga catalana para este diario, alteran los resultados de una convocatoria a otra.«Un PSC en horas bajas nunca es una buena noticia para el PSOE» Toni Aira Profesor de Comunicación Política de la UPF-BSMEntre las autonómicas de 2006 (principio del fin del tripartito) y las generales de 2008 (segunda victoria de José Luis Rodríguez Zapatero), el PSC pasó del 26,82 al 45,39%. Es decir, 18,57 puntos y 893.738 votos más. Transcurrieron 16 meses entre ambas citas, por lo que la diferencia no puede atribuirse solo al tipo de elección. Pero estas cifras demuestran la gran capacidad de movilización socialista ante una cita con las urnas si es para elegir al Gobierno de España.Así, para que Sánchez pueda salir airoso la noche del 29-N necesita sumar más votos de los que Illa puede recabar. Que la marca PSOE se imponga a la del PSC. Plantear la campaña electoral en el eje clásico izquierda-derecha y lejos de los planteamientos del PSC, que no en pocas ocasiones se confunden con los del nacionalismo. Aira considera que, si es así, Sánchez puede movilizar a los socialistas y atraer a simpatizantes de ERC y Comuns.Guivernau coincide con este planteamiento inicial: «Alguien que pueda estar descontento con Illa puede volver a votar al PSC si entiende que la alternativa es un Gobierno del PP apoyado por Vox». La polarización (izquierda-derecha) permitiría desplazar el debate en Cataluña desde el balance de la Generalitat, para los dos años que Illa lleva como presidente, hacia un ‘plebiscito’ sobre el presidente del Gobierno.Sin embargo, Aira y Guivernau discrepan sobre la separación entre ambas gestiones. El primero sostiene que el votante socialista sí distingue claramente: «Clásicamente, no ha entendido la Generalitat como su institución de referencia». Su prioridad, argumenta, es la Moncloa y, en segundo término, los ayuntamientos. Desde esa perspectiva, el entusiasmo que despierta Illa, menor al de Sánchez, no es determinante.Guivernau introduce un límite: «Hay autonomía entre ambas marcas, pero no compartimentos estancos». El perfil institucional y moderado que atribuye a Illa puede atraer a ciudadanos con una valoración diferente de Sánchez, pero la vinculación se hace más visible en unas generales. Y, cuanto mayor sea la implicación del presidente autonómico en la campaña del 29-N, más difícil le resultará aislarse del desgaste del Gobierno en el futuro.«Alguien que pueda estar descontento con Illa puede volver a votar al PSC si entiende que la alternativa es un Gobierno del PP apoyado por Vox» Albert Guivernau Director general de la Fundación CivismoBarrio añade un problema transversal: las expectativas pendientes. A su juicio, ambos ejecutivos están desgastados, «más el de Sánchez que el de Illa», y el adelanto electoral afecta a promesas fracasadas, como la quita de la deuda autonómica, el traspaso de Cercanías al Govern catalán o la financiación autonómica, pactada solo con ERC y que beneficia claramente a la Generalitat. Son «incumplimientos que pueden tener impacto electoral», dice la profesora.El director general de la Fundación Civismo identifica una vía similar de contagio, como los problemas que el elector atribuya a ambas administraciones. Por ejemplo, la dificultad de acceso a la vivienda; la pérdida de poder adquisitivo por la inflación; la gestión de la inmigración; la seguridad o la falta de ella y el deterioro de los servicios públicos. La balanza de estos temas y sus culpables pueden determinar el voto.Otro aspecto es el corrimiento de votos entre partidos afines a los socialistas y la abstención. Los tres expertos consultados tienen visiones distintas respecto a su impacto el 29-N. Guivernau, por ejemplo, dibuja el siguiente escenario, que resume una posición global: «El PSC tiene que evitar simultáneamente la abstención, cerrar la fuga hacia ERC y su izquierda y conservar al votante moderado que puede mirar hacia el PP».En cualquier caso, el desgaste de ambos ejecutivos también puede viajar en sentido inverso. Aira considera «evidente» que un mal momento de Sánchez afecta al ánimo y a la movilización del electorado del PSC, para el 29-N y para 2028. Guivernau coincide en que Illa, difícilmente, puede aislarse por completo de la marca PSOE. Y zanja que el primer secretario del PSC puede contribuir a sostener a Sánchez, ahora, pero recibir parte de su factura, después.  

Pedro Sánchez necesita, si quiere revalidar su estancia en la Moncloa, que los catalanes tengan muy claro que la cita del 29 de noviembre es para escoger a los diputados del Congreso. Que las urnas de aquel domingo desplegadas por Cataluña son para elegir al … presidente del Gobierno y no al presidente de la Generalitat. El examen del 29-N pondrá a prueba si la comunidad sigue siendo un granero de voto socialista en las generales.

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