En mi casa se ha puesto siempre mucho énfasis en eso de no decir lo primero que se te pase por la cabeza, quizá por aquello de haber vivido el franquismo de primera mano y ese miedo, bastante comprensible, a que una chanza sobre el cacique de turno o algún otro protegido del régimen pudiera ser dirimida en la fría intimidad de un pinar. La violencia del sistema se practicaba en todas partes y en muchos casos ni siquiera se ha pedido perdón por ello, que es lo que ahora se les exige a Kylian Mbappé y al Real Madrid para que el dinero chino no deje de fluir en la dirección acordada. El motivo, ya lo conocerán todos ustedes: el delantero francés osó referirse a un dictador utilizando la palabra dictador.
Solo Mbappé sabrá qué le habrá dolido más al otro Mbappé: si quedar segundo en su forzada carrera por este Balón de Oro o perder algún dinero en campañas canceladas por las empresas que le prometieron una parte considerable de su pastel en el mercado chino
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Solo Mbappé sabrá qué le habrá dolido más al otro Mbappé: si quedar segundo en su forzada carrera por este Balón de Oro o perder algún dinero en campañas canceladas por las empresas que le prometieron una parte considerable de su pastel en el mercado chino

TOLGA AKMEN (EFE)

En mi casa se ha puesto siempre mucho énfasis en eso de no decir lo primero que se te pase por la cabeza, quizá por aquello de haber vivido el franquismo de primera mano y ese miedo, bastante comprensible, a que una chanza sobre el cacique de turno o algún otro protegido del régimen pudiera ser dirimida en la fría intimidad de un pinar. La violencia del sistema se practicaba en todas partes y en muchos casos ni siquiera se ha pedido perdón por ello, que es lo que ahora se les exige a Kylian Mbappé y al Real Madrid para que el dinero chino no deje de fluir en la dirección acordada. El motivo, ya lo conocerán todos ustedes: el delantero francés osó referirse a un dictador utilizando la palabra dictador.
No fue una declaración pensada ni cargada con una clara intención política o histórica, sino parte de una broma que siguió a otra. No fue el Mbappé comprometido que pidió salir a votar en masa para frenar a la ultraderecha en Francia -la española se sienta en buenos palcos e incluso le aplaude cuando marca-, tan solo otro futbolista que aprovechó una entrevista para mostrarse cercano, divertido y humano al 99%: alguien como usted o como yo, aunque con las cuentas más saneadas. Se trataba de camelar en la carrera mediática hacia el Balón de Oro, no de ofender a nadie, pero ya se sabe cómo se toman algunos regímenes las referencias que ellos consideran inapropiadas hacia sus próceres.
No hace tantos años, el gobierno chino desató una campaña de censura sin precedentes en su historia más moderna contra Winnie The Pooh porque en las redes sociales de medio mundo se comentaba su parecido con el actual presidente, Xi Jinping.
Al disgusto por no haber alcanzo el deseado trofeo se suma, ahora, el contratiempo económico que supone para el propio Mbappé, para el Real Madrid y el resto de los clubes de LaLiga, el fin unilateral de las relaciones por parte del gobierno chino. Siempre hay algo caprichoso y delicado en estas rupturas sin consenso, forzadas por solo una de las partes, como bien aprendimos en España cuando la infanta Elena, duquesa de Lugo, puso fin a su relación con Don Jaime de Marichalar. La irrupción de Javier Tebas como máximo mandatario de nuestro fútbol, corriendo a pedir disculpas y anticipando las del propio Mbappé y el club blanco, solo viene a aportar esa mezcla de folclore y dramatismo que tanto nos gusta a los españoles cuando estalla algún tipo de escándalo.
“Cómo iba a imaginar un joven miembro de Fuerza Nueva en Huesca que muchos años después tendría que disculparse con la nación china porque un francés hijo de camerunés y apellido africano había definido a Mao como dictador”, lo resumía todo sin aparente esfuerzo el periodista Raúl Román.
Solo Mbappé sabrá qué le habrá dolido más al otro Mbappé: si quedar segundo en su forzada carrera por este Balón de Oro o perder algún dinero en campañas canceladas por las empresas que le prometieron una parte considerable de su pastel en el mercado chino. Si lo medimos en términos de ilusión, cabe pensar que habría preferido el galardón, pero las nuevas normas del trofeo, más complejas cada año, invitaban a pensar en Harry Kane o Lamine Yamal como máximos aspirantes. Finalmente, fue segundo, que es un puesto al que se está acostumbrando Kylian desde su llegada al fútbol español. Y que nadie se tome esto como una ofensa histórica: tan solo es un dato, aunque quizá no lo haya pensado demasiado.
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