Paco, podemos cenar sin hablarnos

Paco, me parece que he encontrado una solución para por lo menos no molestar a nuestros amigos. Podemos ir los dos a las cenas o a los almuerzos y no hablarnos directamente. A lo sumo, si me lo permites, puedo decir «pues yo estoy de acuerdo con Paco» si comentas algo que me parezca oportuno, aunque también puedo no decirlo, pero estate tranquilo si decides darme tu autorización: no te interpelaré ni mucho menos buscaré tu respuesta. Creo que podríamos probar uno o dos encuentros para ver si nos sentimos cómodos, o por lo menos no tan incómodos como hacemos sentir ahora a nuestros amigos con esta escenificación tuya de no hablarnos.No digo «escenificación» para molestarte, ni para herir todavía más tus sentimientos, sino porque sé de sobra que me quieres y que me echas de menos tanto como yo a ti. «Escenificación» lo digo por lo que tiene de teatralidad del dolor para ti el hecho de haber suspendido nuestra comunicación. Y también lo digo un poco, lo admito, porque Hollywood le viene pequeño al tornado que has desatado entre tú y yo. Por lo que refiere al fondo de tu ofensa, yo nunca quise insinuar en mi artículo que tú fabriques pruebas falsas o fueras el autor de ningún montaje, sino más bien que lo que pretendías demostrar con tu vídeo a mí me sugería todo lo contrario. Tal vez esta confesión hecha por escrito y en público pueda ayudar a la desescalada. Es algo que de todos modos te he escrito muchas veces en nuestro intercambio de mensajes pero he pensado que si consta el artículo podría compensar en tu contabilidad emocional el otro que escribí.Paco, cada uno hace su trabajo como puede y tú y yo tenemos esta situación tan complicada en que se cruza tu visión con la mía y desde diferentes oficios. Hasta ahora nos había salido todo bien pero hemos tenido discrepancias en cuanto a la causa de la caída de Isak Andic en la entrada de Mutua Universal. Los dos somos vehementes y por eso se nota tanto cuando nos queremos y tanto cuando nos enfadamos. Tal vez podríamos bajar un poco los guantes en un caso que por lo demás, ya casi todo el mundo ha olvidado.No creo que sea tan mala idea que vayamos juntos a las cenas aunque no hablemos. Lo que creo que es una mala idea es no hablarnos. No sé por qué no podemos hablar. Yo entiendo que estés ofendido e incluso que sea una ofensa que aunque la perdones, la cargues durante un tiempo. Pero no hablar, no hablar en absoluto, encontrarnos en Marbella y no hablar, cruzarnos por la calle y no decirnos nada, que nazca tu hija y no poder ir a verte al hospital, ver a tus hijos y sentirme como extraño al saludarlos por si te hiere que no hablándome tú me hablen ellos, todo esto, me parece excesivo. Me parece un castigo excesivo para ti y para mí, un castigo que además no lleva a ninguna parte porque yo no puedo retirar el artículo tal como tú no puedes pedir imposibles con cargo a una escenificación, o «situación», por decirlo tal vez modo menos ambiguo, que no nos beneficia a ninguno de los dos.Recuerdo el tiempo en que cuando me enfadaba dejaba de hablar con el otro. Así murió mi padre querido Paco. Yo era más joven y más bruto, tenía ideas más extremas, no en la política, pero sí sobre la vida. Sin duda aquellos años forjaron mi carácter, y fueron importantes, y cuando los miro a distancia no los veo con desprecio pero preferiría no haber acumulado tantos fantasmas. Preferiría haber sido más razonable, menos impetuoso, menos violento, violento de una violencia que nunca fue física, tú ya lo sabes, soy un cobarde, pero fue una violencia verbal, psicológica, como dirían hoy los afectados, y que agotó algunas relaciones que recuerdo con nostalgia y con tristeza.No es que quiera hacerte chantaje, pero tampoco tenemos tanto tiempo como para malgastarlo. Lo digo por la edad, por la salud, que no es que estemos mal, pero tú sabes bien que no nos hemos cuidado, y lo digo también porque todos tenemos cosas que hacer y ni que quisiéramos podríamos quedar cada día para vernos y conversar. Todos tenemos una energía y una luz y antes de acostarnos tenemos no el derecho, sino el deber de preguntarnos si hemos utilizado ambas de la mejor manera posible.Paco a los dos nos gusta hacer frases solemnes y llevarlas a cabo en nuestras vidas, aunque sea poco práctico o nos duela. Es algo que nos une de fondo, aunque ahora en la superficie nos separe. No es que pretenda decirte lo que tienes que hacer pero quiero contarte lo que yo he hecho al respecto: he dejado de tomarme tan en serio. Creo que fue cuando nació María pero también es verdad que no fue de golpe, es decir, pasaron algunos años en que a veces tenía el viejo vicio de volver a beber del agua de mi importancia. Pero duro poco y puedo jurarte que he dejado de hacerlo completamente y me siento mucho más libre. También mucho menos ridículo. Me siento ridículo por otras cosas -¿recuerdas lo de aquella chica que te conté, los dos desnudos frente al espejo?- pero no por ésta. Es un gran alivio no ser importante, reírme de lo que me pasa, no dármelas de nada y pensar que lo que más me acerca a Dios o a una forma superior de existencia es perdonar, y perdonar de verdad, olvidar y volver a querer sobre lo querido, aunque solo sea porque no sé qué sería de mí sin la compasión de vuelta de la gente a la que quiero y me quiere.Hemos arrojado las botellas contra cristal y hemos puesto un cartón con cinta aislante en la ventana, pero sabes que tarde o temprano tendrá que venir el cristalero a arreglarlo. Cuanto más tiempo pase más fealdad tendremos que soportar y menos podremos disfrutar del paisaje. Porque se va a arreglar, supongo que no tienes duda de ello, sería que estuvieras, y poco inteligente, entonces pregúntate qué hacemos exactamente no hablando no cenando haciendo ante terceros que preguntan que no tenemos ningún problema, por no darles munición, porque eso sí que sería rebajarnos. Hemos quedado esta noche a cenar en Sushi 99: vendrá Fermín porque le quiere comentar algo al doctor Anguita y estará también Alejandro. Yo ahora me daré prisa para terminar el artículo y que puedas leerlo antes de la hora de la cena. Ven. Podemos cenar en silencio o darnos un abrazo, olvidar el incidente, y volver a empezar. Y tú como siempre aguantarás las bromas que yo te haga tal como yo aguantaré las tuyas a condición de que no te pongas demasiado guarro. Paco, me parece que he encontrado una solución para por lo menos no molestar a nuestros amigos. Podemos ir los dos a las cenas o a los almuerzos y no hablarnos directamente. A lo sumo, si me lo permites, puedo decir «pues yo estoy de acuerdo con Paco» si comentas algo que me parezca oportuno, aunque también puedo no decirlo, pero estate tranquilo si decides darme tu autorización: no te interpelaré ni mucho menos buscaré tu respuesta. Creo que podríamos probar uno o dos encuentros para ver si nos sentimos cómodos, o por lo menos no tan incómodos como hacemos sentir ahora a nuestros amigos con esta escenificación tuya de no hablarnos.No digo «escenificación» para molestarte, ni para herir todavía más tus sentimientos, sino porque sé de sobra que me quieres y que me echas de menos tanto como yo a ti. «Escenificación» lo digo por lo que tiene de teatralidad del dolor para ti el hecho de haber suspendido nuestra comunicación. Y también lo digo un poco, lo admito, porque Hollywood le viene pequeño al tornado que has desatado entre tú y yo. Por lo que refiere al fondo de tu ofensa, yo nunca quise insinuar en mi artículo que tú fabriques pruebas falsas o fueras el autor de ningún montaje, sino más bien que lo que pretendías demostrar con tu vídeo a mí me sugería todo lo contrario. Tal vez esta confesión hecha por escrito y en público pueda ayudar a la desescalada. Es algo que de todos modos te he escrito muchas veces en nuestro intercambio de mensajes pero he pensado que si consta el artículo podría compensar en tu contabilidad emocional el otro que escribí.Paco, cada uno hace su trabajo como puede y tú y yo tenemos esta situación tan complicada en que se cruza tu visión con la mía y desde diferentes oficios. Hasta ahora nos había salido todo bien pero hemos tenido discrepancias en cuanto a la causa de la caída de Isak Andic en la entrada de Mutua Universal. Los dos somos vehementes y por eso se nota tanto cuando nos queremos y tanto cuando nos enfadamos. Tal vez podríamos bajar un poco los guantes en un caso que por lo demás, ya casi todo el mundo ha olvidado.No creo que sea tan mala idea que vayamos juntos a las cenas aunque no hablemos. Lo que creo que es una mala idea es no hablarnos. No sé por qué no podemos hablar. Yo entiendo que estés ofendido e incluso que sea una ofensa que aunque la perdones, la cargues durante un tiempo. Pero no hablar, no hablar en absoluto, encontrarnos en Marbella y no hablar, cruzarnos por la calle y no decirnos nada, que nazca tu hija y no poder ir a verte al hospital, ver a tus hijos y sentirme como extraño al saludarlos por si te hiere que no hablándome tú me hablen ellos, todo esto, me parece excesivo. Me parece un castigo excesivo para ti y para mí, un castigo que además no lleva a ninguna parte porque yo no puedo retirar el artículo tal como tú no puedes pedir imposibles con cargo a una escenificación, o «situación», por decirlo tal vez modo menos ambiguo, que no nos beneficia a ninguno de los dos.Recuerdo el tiempo en que cuando me enfadaba dejaba de hablar con el otro. Así murió mi padre querido Paco. Yo era más joven y más bruto, tenía ideas más extremas, no en la política, pero sí sobre la vida. Sin duda aquellos años forjaron mi carácter, y fueron importantes, y cuando los miro a distancia no los veo con desprecio pero preferiría no haber acumulado tantos fantasmas. Preferiría haber sido más razonable, menos impetuoso, menos violento, violento de una violencia que nunca fue física, tú ya lo sabes, soy un cobarde, pero fue una violencia verbal, psicológica, como dirían hoy los afectados, y que agotó algunas relaciones que recuerdo con nostalgia y con tristeza.No es que quiera hacerte chantaje, pero tampoco tenemos tanto tiempo como para malgastarlo. Lo digo por la edad, por la salud, que no es que estemos mal, pero tú sabes bien que no nos hemos cuidado, y lo digo también porque todos tenemos cosas que hacer y ni que quisiéramos podríamos quedar cada día para vernos y conversar. Todos tenemos una energía y una luz y antes de acostarnos tenemos no el derecho, sino el deber de preguntarnos si hemos utilizado ambas de la mejor manera posible.Paco a los dos nos gusta hacer frases solemnes y llevarlas a cabo en nuestras vidas, aunque sea poco práctico o nos duela. Es algo que nos une de fondo, aunque ahora en la superficie nos separe. No es que pretenda decirte lo que tienes que hacer pero quiero contarte lo que yo he hecho al respecto: he dejado de tomarme tan en serio. Creo que fue cuando nació María pero también es verdad que no fue de golpe, es decir, pasaron algunos años en que a veces tenía el viejo vicio de volver a beber del agua de mi importancia. Pero duro poco y puedo jurarte que he dejado de hacerlo completamente y me siento mucho más libre. También mucho menos ridículo. Me siento ridículo por otras cosas -¿recuerdas lo de aquella chica que te conté, los dos desnudos frente al espejo?- pero no por ésta. Es un gran alivio no ser importante, reírme de lo que me pasa, no dármelas de nada y pensar que lo que más me acerca a Dios o a una forma superior de existencia es perdonar, y perdonar de verdad, olvidar y volver a querer sobre lo querido, aunque solo sea porque no sé qué sería de mí sin la compasión de vuelta de la gente a la que quiero y me quiere.Hemos arrojado las botellas contra cristal y hemos puesto un cartón con cinta aislante en la ventana, pero sabes que tarde o temprano tendrá que venir el cristalero a arreglarlo. Cuanto más tiempo pase más fealdad tendremos que soportar y menos podremos disfrutar del paisaje. Porque se va a arreglar, supongo que no tienes duda de ello, sería que estuvieras, y poco inteligente, entonces pregúntate qué hacemos exactamente no hablando no cenando haciendo ante terceros que preguntan que no tenemos ningún problema, por no darles munición, porque eso sí que sería rebajarnos. Hemos quedado esta noche a cenar en Sushi 99: vendrá Fermín porque le quiere comentar algo al doctor Anguita y estará también Alejandro. Yo ahora me daré prisa para terminar el artículo y que puedas leerlo antes de la hora de la cena. Ven. Podemos cenar en silencio o darnos un abrazo, olvidar el incidente, y volver a empezar. Y tú como siempre aguantarás las bromas que yo te haga tal como yo aguantaré las tuyas a condición de que no te pongas demasiado guarro.  

Paco, me parece que he encontrado una solución para por lo menos no molestar a nuestros amigos. Podemos ir los dos a las cenas o a los almuerzos y no hablarnos directamente. A lo sumo, si me lo permites, puedo decir «pues yo estoy de … acuerdo con Paco» si comentas algo que me parezca oportuno, aunque también puedo no decirlo, pero estate tranquilo si decides darme tu autorización: no te interpelaré ni mucho menos buscaré tu respuesta. Creo que podríamos probar uno o dos encuentros para ver si nos sentimos cómodos, o por lo menos no tan incómodos como hacemos sentir ahora a nuestros amigos con esta escenificación tuya de no hablarnos.

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