Burguesía

Hace décadas que la burguesía catalana desapareció. En cualquier caso, nos queda un empresariado local que aguanta el tipo como puede. Cosa habitual aquí y allí.Lo que llama la atención es que la no existente burguesía catalana piensa y se comporta como si fuera la vieja burguesía local. Perdón, nacional. Me explico. Hace casi un par de siglos, la emergente burguesía catalana empujó el diseño y construcción de una nación catalana con la intención de defender sus intereses económicos y apremiar al Estado. Es decir, aranceles, reducción fiscal, privilegios, subvenciones y lo que se tercie. Todo ello, a cambio de votos en el Congreso de los Diputados.La presión y el intercambio político -lean, chantaje- funcionó durante más de un siglo. Hoy, la cosa sigue más o menos igual: inestabilidad política, amenazas de distinto orden, promesas que rozan la ilegalidad y la anticonstitucionalidad, un Estado que cede y la no burguesía catalana que va recogiendo buena parte de lo que reclama o exige. Uno tiene la impresión de que, en pleno siglo XXI, subiste todavía el proteccionismo de Felipe V y de Francisco Franco. Un privilegio que dio -sigue dando- pingües beneficios a la no burguesía catalana. Y se quejan.Noticia relacionada general No No El oasis catalán Bula Miquel Porta PeralesStendhal en su visita a Barcelona (1837): «Estos señores quieren leyes justas, con la excepción de la ley de aduanas, que debe estar hecha a su antojo». Y qué patriotas fueron los empresarios catalanes cuando reclamaban la permanencia de Cuba y Filipinas al reino de España! Subvencionaron la campaña militar y negaron el derecho a decidir de cubanos y filipinos. Después de la pérdida de las colonias, rechazaron la idea de España. Aunque, se aprovecharon de la repatriación de capitales. Sí, apoyaron el «procés», porque España nos roba. Y en eso están todavía. Actualmente, el asunto, no solo rima, sino que se repite. Por eso, al Cercle d’Economia -«una entidad plural e independiente de cualquier tipo de interés privado, sectorial y político», puede leerse en su página web- no le gusta la política liberal y la igualdad autonómica de Alberto Núñez Feijóo y sí les encanta la política catalanofílica -tú me das y yo te doy- de un Pedro Sánchez que tampoco cumplirá lo que promete. Hace décadas que la burguesía catalana desapareció. En cualquier caso, nos queda un empresariado local que aguanta el tipo como puede. Cosa habitual aquí y allí.Lo que llama la atención es que la no existente burguesía catalana piensa y se comporta como si fuera la vieja burguesía local. Perdón, nacional. Me explico. Hace casi un par de siglos, la emergente burguesía catalana empujó el diseño y construcción de una nación catalana con la intención de defender sus intereses económicos y apremiar al Estado. Es decir, aranceles, reducción fiscal, privilegios, subvenciones y lo que se tercie. Todo ello, a cambio de votos en el Congreso de los Diputados.La presión y el intercambio político -lean, chantaje- funcionó durante más de un siglo. Hoy, la cosa sigue más o menos igual: inestabilidad política, amenazas de distinto orden, promesas que rozan la ilegalidad y la anticonstitucionalidad, un Estado que cede y la no burguesía catalana que va recogiendo buena parte de lo que reclama o exige. Uno tiene la impresión de que, en pleno siglo XXI, subiste todavía el proteccionismo de Felipe V y de Francisco Franco. Un privilegio que dio -sigue dando- pingües beneficios a la no burguesía catalana. Y se quejan.Noticia relacionada general No No El oasis catalán Bula Miquel Porta PeralesStendhal en su visita a Barcelona (1837): «Estos señores quieren leyes justas, con la excepción de la ley de aduanas, que debe estar hecha a su antojo». Y qué patriotas fueron los empresarios catalanes cuando reclamaban la permanencia de Cuba y Filipinas al reino de España! Subvencionaron la campaña militar y negaron el derecho a decidir de cubanos y filipinos. Después de la pérdida de las colonias, rechazaron la idea de España. Aunque, se aprovecharon de la repatriación de capitales. Sí, apoyaron el «procés», porque España nos roba. Y en eso están todavía. Actualmente, el asunto, no solo rima, sino que se repite. Por eso, al Cercle d’Economia -«una entidad plural e independiente de cualquier tipo de interés privado, sectorial y político», puede leerse en su página web- no le gusta la política liberal y la igualdad autonómica de Alberto Núñez Feijóo y sí les encanta la política catalanofílica -tú me das y yo te doy- de un Pedro Sánchez que tampoco cumplirá lo que promete.  

Hace décadas que la burguesía catalana desapareció. En cualquier caso, nos queda un empresariado local que aguanta el tipo como puede. Cosa habitual aquí y allí.

Lo que llama la atención es que la no existente burguesía catalana piensa y se comporta como si fuera … la vieja burguesía local. Perdón, nacional. Me explico. Hace casi un par de siglos, la emergente burguesía catalana empujó el diseño y construcción de una nación catalana con la intención de defender sus intereses económicos y apremiar al Estado. Es decir, aranceles, reducción fiscal, privilegios, subvenciones y lo que se tercie. Todo ello, a cambio de votos en el Congreso de los Diputados.

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