Coronar al barón del sur o sumar otro rehén de Vox: el PP se la juega en el fortín de Moreno

El histórico fortín socialista andaluz es hoy un bastión del PP. Concretamente, de Juan Manuel Moreno, presidente desde 2019 y al que las encuestas pronostican un holgado triunfo en las elecciones del 17 de mayo, cuya campaña empieza esta medianoche, cuando el jueves se convierta en viernes, 1 de mayo, Día del Trabajador. La comunidad más poblada, con cerca de 8,7 millones de habitantes, también la de menor PIB per cápita, con menos de 25.000 euros, elige a sus 109 parlamentarios. Esto hay en juego para los principales partidos.

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 El candidato popular aspira a una mayoría absoluta que rompa el guion del ciclo abierto en Extremadura. El PSOE busca que el electorado de Sánchez también apoye a Montero. El nuevo nacionalismo opta a liderar la izquierda alternativa  

El histórico fortín socialista andaluz es hoy un bastión del PP. Concretamente, de Juan Manuel Moreno, presidente desde 2019 y al que las encuestas pronostican un holgado triunfo en las elecciones del 17 de mayo, cuya campaña empieza esta medianoche, cuando el jueves se convierta en viernes, 1 de mayo, Día del Trabajador. La comunidad más poblada, con cerca de 8,7 millones de habitantes, también la de menor PIB per cápita, con menos de 25.000 euros, elige a sus 109 parlamentarios. Esto hay en juego para los principales partidos.

El presidente busca consagración. Juan Manuel Moreno Bonilla (Barcelona, este viernes cumple 56 años), al que le gusta que le llamen “Juanma” y por eso sus rivales lo llaman “Bonilla”, será el candidato más votado, rondando su resultado de 2022, del 43,1%, coinciden el Centro de Estudios Andaluces (Centra) y el CIS, en sendas encuestas con 3.600 y más 8.000 entrevistas, respectivamente. Será la cuarta victoria seguida del PP, tras Extremadura, Aragón y Castilla y León, y la cuarta vez que la derecha supere el 50%. Está claro cuál es el bloque dominante.

Las perspectivas electorales en Andalucía (Gráfico de columnas)

Pero Andalucía es diferente porque es la primera elección del ciclo abierto en diciembre en la que las encuestas ven claramente factible una mayoría absoluta. La cifra mágica es 55, tres menos que el 58 que lleva tatuado Moreno en su muñeca izquierda por su resultado en 2022. Si la alcanza, se convertiría en el principal triunfador del año, el único de los cuatro candidatos del PP —tras María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández-Mañueco en Castilla y León— capaz de salir investido sin Vox. Y el primero en lograrlo desde que en 2024 Santiago Abascal rompió con el PP sus gobiernos autonómicos e inició una estrategia de desafío a la formación de Alberto Núñez Feijóo que le ha granjeado subidas en las encuestas y en las urnas.

Moreno aspira a ser el hombre que rompa el guion abierto en diciembre en Extremadura, marcado por victorias agridulces del PP, partido ganador pero dependiente de una ultraderecha empeñada en marcarle el paso a base de peajes, como ahora la “prioridad nacional”. Paco Camas, director del instituto de opinión pública Ipsos, natural de Jerez de la Frontera (Cádiz), ve al alcance de Moreno el hito de los 55, pese al “efecto negativo” que —analiza— tuvo la crisis de los cribados de cáncer. De lograrlo, añade, se erigiría en un ejemplo de cómo mantener a distancia al PSOE y frenar a Vox con un liderazgo “muy transversal”.

La solidez de Moreno se observa en su 83,1% de fidelidad de voto —el porcentaje quienes lo apoyaron y prevén repetir—, por encima del PP en las tres encuestas preelectorales anteriores (74,4% de media). A eso se suma que es el que más voto de Vox atrae (un llamativo 29,4%) y el que menos suelta hacia Vox (un 4,6%). Y ello sin dejar de tener un saldo favorable en los trasvases con el PSOE.

Trasvases de voto en la derecha (Tabla)

“Moreno llegó a la presidencia en minoría [tenía solo 26 escaños], gracias a Ciudadanos y Vox. Siete años después, la pregunta es con cuánta diferencia ganará. Es un cambio estructural de enorme trascendencia”, subraya Paco Camas, que vive entre Madrid y Córdoba, para poner en perspectiva una hipotética mayoría absoluta que “desde luego” —afirma— convertiría a Moreno en el líder más reforzado del año.

El error de extrapolar. Aunque es previsible que si hay mayoría absoluta Feijóo intentará dar por amortizado el discurso del PSOE que presenta al PP como un partido sometido por Vox, Camas advierte: el triunfo del candidato andaluz sería el de un “liderazgo personalista, más de marca presidencial que de partido”. “Ni mucho menos”, añade, podría extrapolarse a España.

La diferencia de perspectivas de Moreno y Feijóo no se ve solo en las estimaciones de voto, con los sondeos dando al líder nacional resultados entre diez y veinte puntos por debajo del andaluz. El CIS permite además comparar el porcentaje de intención directa de voto de los más de 8.000 entrevistados andaluces en las elecciones del 17 de mayo y en las generales. ¿Qué se ve? Moreno cosecha un 36,9%; Feijóo, un 27,6%. Con la misma muestra, salen más de nueve puntos de distancia,

El riesgo de no llegar. Pero el de Moreno podría quedarse en cuento de la lechera. Si no logra la mayoría absoluta, una posibilidad que las encuestas también contemplan, se sumaría a la lista de rehenes de Vox. Extremadura, donde Guardiola ha esperado cinco meses para su investidura tras superar el 43%, demuestra hasta qué punto Vox no se considera obligado a bajar el precio de su apoyo ni siquiera ante triunfos rotundos. “Si Moreno se ha convertido en un barón a la antigua usanza, marcando sus dominios en Andalucía y diciendo en su partido ‘aquí mando yo y mando a mi manera’, es porque la mayoría absoluta se lo permite. Si no la revalida y Abascal le exige ‘prioridad nacional’, ¿qué haría?”, reflexiona la politóloga Ana Salazar, presidenta de la Asociación de Comunicación Política, nacida en Huelva y residente en Tomares (Sevilla).

Aunque a diferencia de Isabel Díaz Ayuso no es dado a entrar en batallas culturales con la ultraderecha, los antecedentes indican que, cuando Moreno lo ha necesitado, ha hecho cesiones a Vox. En su primer mandato, en minoría, aceptó premisas de Vox en inmigración, memoria y género. Y aquel era un Vox “tiernito”, apunta Salazar, directora de la consultora Idus3, que cree que un pacto con los de Abascal en 2026 le dificultaría mantener la vitola de referente templado del partido. Paco Camas también sostiene que, solo con que le falte un escaño, la ultraderecha exprimirá al PP. “Vox es un partido-marca que actúa igual en todas partes. Si el precio es alto en una comunidad, lo es en todas”, expone.

Vox puede acabar su escalada. Si en Extremadura, Aragón y Castilla y León Vox subió, si incluso en un momento de enfriamiento demoscópico en España el partido está por encima de su resultado en las últimas generales, en cambio en Andalucía los sondeos no descartan que la candidatura de Manuel Gavira (Cádiz, 56 años) baje su porcentaje, 13,47%, y sus escaños, los 14 de Macarena Olona. Sería un revés para Vox, que se presenta como un partido imparable en su embate contra el “bipartidismo”.

El ciclo electoral de Vox (Gráfico de columnas)

Un dato del CIS ilustra su menor fortaleza en Andalucía. Su fidelidad de voto es del 50%. Solo uno de cada dos votantes de Olona afirma que irá con Gavira. Son más de 23 puntos por debajo de la media de fidelidad a Vox en los tres comicios anteriores. El votante de ultraderecha andaluz lo tiene menos claro.

Fidelidad de voto a Vox (Gráfico de columnas)

Juan Montabes, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Granada, recalca que un factor ayuda a Vox en este momento delicado: la “nacionalización” de la campaña al regresar la inmigración al debate por la “prioridad nacional” en Extremadura y Aragón y por la regularización. Es, añade, lo que menos conviene a Moreno, que busca una campaña que minimice la visibilidad de temas y rostros nacionales. “Moreno pretende que se muevan poco las cosas. Temas tan ideológicos no le van bien”, señala Montabes.

El PSOE busca minimizar daños. La otra beneficiaria de la irrupción de un tema tan apasionado es, según Montabes, María Jesús Montero (Sevilla, 60 años), la candidata del PSOE, a la que le conviene —analiza— evitar eso que ella misma llama “campaña hipotensa” de Moreno.

Está por ver si logra lo que en el PSOE fijan como objetivo: reducir la brecha entre los andaluces que declaran intención de votar a Pedro Sánchez en las generales (28,7%) y los que planean votarla ahora a ella (22,1%). Cuanto más se acerque, más opciones tendrá de evitar la caída por debajo de la peor marca socialista, los 30 escaños de Juan Espadas en 2022.

Evolución del voto al PSOE en Andalucía (Líneas)

Encuestas en mano, no sorprendería que el PSOE subiera ni que bajara levemente, tampoco que se quedara igual. “Su escenario menos malo es que el PP no logre mayoría absoluta”, resume Paco Camas (Ipsos). Aunque la primera experiencia con una ministra recién dimitida como candidata no fue un éxito, con Pilar Alegría perdiendo porcentaje y escaños en Aragón, Ana Salazar (Idus3) cree que Montero se puede beneficiar del relativamente buen momento a escala nacional del PSOE, que sube en abril tanto en 40dB. como en el CIS.

El nacionalismo puja en la izquierda. Por Andalucía, la coalición que integra a IU, Podemos y Movimiento Sumar —entre otras fuerzas—, y Adelante Andalucía, la fuerza fundada por la exdirigente del partido morado Teresa Rodríguez, se disputan el liderazgo de la izquierda alternativa. La formación que aparece al alza, gracias al tirón del voto joven, es Adelante, encabezada por José Ignacio García (Jerez de la Frontera, Cádiz, 38 años), que pretende capitalizar la tendencia en la izquierda a premiar a partidos nacionalistas que se presentan como libres de ataduras en Madrid.

Adelante parte de dos diputados y aspira a grupo propio, algo que el nacionalismo no tiene desde hace 18 años, cuando se hundió el Partido Andalucista. Para eso necesita sacar cinco escaños, propósito para el que debe ir más allá de su reducto de Cádiz y Sevilla, provincias donde aspira a superar a Vox.

Cinco escaños es lo que tiene ahora Por Andalucía. Ceder solo uno sería un golpe para la IU de Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 59 años), la fuerza dominante, con más de 60 alcaldes e histórica implantación andaluza, que se expone tanto a perder el grupo como a verse rebasada por Adelante en su principal bastión. Y todo ello cuando los partidos que están articulando la confluencia heredera de Sumar miden sus fortalezas y debilidades.

Por su posición secundaria en las listas, a las que se incorporó tras un volantazo de última hora, Podemos está en serio riesgo de quedarse sin un solo escaño, como ya le pasó —entonces en solitario— en Aragón y en Castilla y León.

Ni el Centra ni el CIS le auguran éxito a Se Acabó la Fiesta, el partido de Alvise Pérez, en su intento de entrar en Andalucía. A escala provincial, aspiran a la sorpresa Jaén Merece Más y 100×100 Unidos en Cádiz. Este último es el partido del alcalde de La Línea de la Concepción, Juan Franco, que en 2023 ganó en su municipio, de casi 65.000 habitantes, con más del 75% del voto. Aquella sí fue una mayoría absoluta rotunda. La que busca Moreno está en el alambre.

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