Cada hora que pasa, los casi 9.000 policías y militares desplegados en Ceuta se esfuerzan no tanto por vigilar las calles y los albergues como por ir de un lado a otro de la ciudad tratando de contener una olla a presión que comienza a tener fugas por muchos sitios. A un lado, unos vecinos cada vez más hartos y, al otro, jóvenes marroquíes dispuestos a atacar a las fuerzas del orden aprovechando la noche, el mar y los cerros para esconderse. A un lado, la cerilla y, al otro, el bidón de gasolina.
El expresidente Aznar llega a la ciudad autónoma en medio de una clima enrarecido en el que la convivencia se deteriora con el paso de las horas: “Se ha violado la integridad territorial de España y hay que recuperar el orden y la seguridad”
Cada hora que pasa, los casi 9.000 policías y militares desplegados en Ceuta se esfuerzan no tanto por vigilar las calles y los albergues como por ir de un lado a otro de la ciudad tratando de contener una olla a presión que comienza a tener fugas por muchos sitios. A un lado, unos vecinos cada vez más hartos y, al otro, jóvenes marroquíes dispuestos a atacar a las fuerzas del orden aprovechando la noche, el mar y los cerros para esconderse. A un lado, la cerilla y, al otro, el bidón de gasolina.
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