Fuera del terreno de juego pasa desapercibido. Discreto, abraza la normalidad desde sus orígenes, desde la carpintería de su bisabuelo que regenta su padre en el Estanyol (Girona), su pueblo de menos de 200 habitantes. Pero sobre el césped logra lo excepcional. Pau Cubarsí tiene 19 años y un aspecto que sigue pareciendo de alevín. Ese contraste, entre lo que aparenta y lo que ha alcanzado, es la mejor forma de entender su Mundial. “Estamos ante un central que puede marcar una época”, asegura a EL PAÍS Jordi Roura, exresponsable del fútbol base del Barça y quien fichó al joven futbolista.
Con 19 años y aspecto de alevín, el zaguero del Barça se ha convertido en el mejor joven de un Mundial en el que España solo encajó un gol
Fuera del terreno de juego pasa desapercibido. Discreto, abraza la normalidad desde sus orígenes, desde la carpintería de su bisabuelo que regenta su padre en el Estanyol (Girona), su pueblo de menos de 200 habitantes. Pero sobre el césped logra lo excepcional. Pau Cubarsí tiene 19 años y un aspecto que sigue pareciendo de alevín. Ese contraste, entre lo que aparenta y lo que ha alcanzado, es la mejor forma de entender su Mundial. “Estamos ante un central que puede marcar una época”, asegura a EL PAÍS Jordi Roura, exresponsable del fútbol base del Barça y quien fichó al joven futbolista.
Cubarsí ha sido elegido mejor jugador joven del Mundial de 2026. Jugó los 750 minutos posibles, los ocho partidos completos. Fue el séptimo futbolista más joven en ganar una Copa del Mundo y el tercero en llevarse el premio individual al mejor joven del torneo. Defendió la portería de Unai Simón con siete porterías a cero en ocho partidos, récord del campeonato, y España encajó un solo gol en toda la competición, la cifra más baja de la historia para un campeón del mundo. Además registró 29 recuperaciones y un acierto en el pase del 96%. “Ha hecho un Mundial a un nivel extraordinario. Nos olvidamos de que tiene 19 y normalizamos algo que absolutamente anormal”, explica Roura. “No me ha sorprendido que Pau llegara a este nivel, pero sí que lo haya hecho tan pronto”, añade.
Su carácter se forjó en Estanyol, una localidad gerundense de menos de 200 habitantes, apenas unas calles y poco más que dos restaurantes, una iglesia y una carpintería. Es la de los Cubarsí: Fusteria Cubarsí, fundada por su bisabuelo en 1905 y ahora regentada por su padre, Robert, y su tío. En verano, no era extraño que Cubarsí ayudase a su padre en la tienda. Prudente, tranquilo, casi siempre con la misma media sonrisa, sin dejar titulares ante la prensa al igual que su referente Puyol. “Le he visto crecer de una forma muy sana, con los pies en el suelo, con humildad y mucha confianza en sí mismo. Tiene unos valores que le vienen de su entorno familiar, gente muy humilde, muy sana, muy sencilla”, describe Albert Puig, su primer entrenador en el Barcelona.
De esa serenidad da fe una anécdota de su etapa alevín. En un partido contra el Sant Andreu, en fútbol 7, Cubarsí tuvo que hacer una acción límite como último hombre y fue expulsado. Lejos de protestar o venirse abajo, salió tranquilo del campo y se sentó fuera a seguir viendo el partido con la misma entereza de siempre. “Es un jugador que siempre ha tenido un nivel de madurez avanzado para su edad”, resume Puig.
Lejos de la estridencia, vive con su hermana Irene en Barcelona, y sus padres viajan con frecuencia para visitarle. Mantiene la amistad con sus ocho amigos del instituto, compagina el fútbol con un grado de ADE y no tiene un solo tatuaje.
Y como en Estanyol no había campo de fútbol, dio sus primeros pasos en el FC Vilablareix, club de un municipio vecino. Su talento no pasó desapercibido y pronto se marchó al fútbol base del Girona; el Barça reaccionó rápidamente para ficharle en 2018. “Pau era bueno con el balón, pero realmente tenía acciones defensivas innatas: siempre estaba bien colocado, anticipaba bien, era bastante agresivo en la marca pero sin perder de vista el balón, tenía buena salida de balón, buen físico”. Siempre adelantado al resto, no dejó de crecer.
Su debut con el primer equipo del Barça llegó de manera natural un 18 de enero de 2024, cuando en el descanso entró al terreno de juego en detrimento de Christensen contra el Unionistas de Salamanca y dio una asistencia a Koundé. Su actuación le mereció ser titular por primera vez en LaLiga ante el Betis tres días después. Y ya se quedó. “Pau es un chico muy inteligente, siempre con muchísimas ganas de aprender y mejorar. Fue entendiendo el juego, tanto desde un punto de vista ofensivo, como desde un punto de vista defensivo”, relata Roura.
Con la llegada de Hansi Flick al banquillo su rol no varió. Al contrario, lo amplificó. Apostó por la pareja que formó con Iñigo Martínez, y una vez este se marchó, buscó pretendientes. Sus parejas de baile en la zaga variarían, pero él, bien valorado desde el Barcelona por su lectura de juego y buena salida de balón, permaneció hasta sumar 128 partidos con el primer equipo del Barça, la gran mayoría como titular indiscutible, dos goles, cinco asistencias y más de 10.000 minutos disputados.
“Cubarsí está al nivel de Lamine, pero en defensa”, elogió públicamente Flick al central. En el Mundial ha terminado de evidenciar su ascenso meteórico ante el mundo entero. “Estoy asimilando poco a poco todo lo que estoy haciendo”, confesó hace unos meses en una entrevista a EL PAÍS. Con la misma serenidad de siempre, la del chico de Estanyol que un día jugó en el Vilablareix, Pau Cubarsí normaliza ahora su extraordinario crecimiento.
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