El Papa pide en Francia una “justa laicidad” que no excluya a la religión del espacio público

Francia contra los robots fue el título de un libro de Georges Bernanos, publicado en 1946, en el que advertía del peligro del “Paraíso de las Máquinas” y que León XIV ha citado este viernes en su primer discurso en Francia, que visitará durante cuatro días. Resume lo que espera de este país en este momento, que sea un aliado contra la deshumanización y el retroceso de los derechos humanos, según ha explicado en su discurso en el Palacio del Elíseo, ante Emmanuel Macron, con quien ha mantenido un largo encuentro de 55 minutos, y las autoridades del país. El Papa, que ha recordado sus raíces normandas y bearnesas y ha leído su intervención en francés, ha alertado de los riesgos de la inteligencia artificial y de un mundo donde se debilita el derecho internacional y el multilateralismo.

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 León XIV ensalza al país como “faro espiritual” en un mundo convulso y amenazado por la IA, pero condena la “muerte programada”, el aborto y la gestación subrogada  

Francia contra los robots fue el título de un libro de Georges Bernanos, publicado en 1946, en el que advertía del peligro del “Paraíso de las Máquinas” y que León XIV ha citado este viernes en su primer discurso en Francia, que visitará durante cuatro días. Resume lo que espera de este país en este momento, que sea un aliado contra la deshumanización y el retroceso de los derechos humanos, según ha explicado en su discurso en el Palacio del Elíseo, ante Emmanuel Macron, con quien ha mantenido un largo encuentro de 55 minutos, y las autoridades del país. El Papa, que ha recordado sus raíces normandas y bearnesas y ha leído su intervención en francés, ha alertado de los riesgos de la inteligencia artificial y de un mundo donde se debilita el derecho internacional y el multilateralismo.

En ese trance, y esa ha sido la idea clave de su discurso, ha apuntado que la Iglesia y el Estado, en este caso Francia, deben dialogar y trabajar juntos. La fe y la razón, los hombres de buena voluntad, creyentes y no creyentes, tienen que aliarse y unirse en lo que tienen en común: “Es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno”. Este es uno de los mensajes centrales del Papa, que retoma los lazos con la Francia laica tras 18 años de ausencia de París de un pontífice. El último en visitar la ciudad fue Benedicto XVI, en 2008, mientras que Francisco ignoró a Francia, como el resto de los países más ricos, y solo fue a Estrasburgo, pero a las instituciones europeas; a Marsella, y a la isla de Córcega.

Ha sido patente el contraste con su visita en junio a España, donde su primer discurso en el Palacio Real fue un potente alegato contra la ultraderecha: llamó a “huir de enfoques identitarios que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos” y condenó “las narrativas divisivas” y quienes “ganan popularidad avivando el fuego de las polarizaciones”. En París, por el contrario, ha sobrevolado la agitada escena política nacional, que en 2027 afronta unas elecciones que se anuncian como un choque de la ultraderecha de Marine Le Pen y la extrema izquierda. León XIV ha preferido mantenerse en el plano de los grandes valores de fondo en los que se puede construir el futuro.

“Desde hace siglos, Francia brilla como un faro cultural, artístico y espiritual, no solo en Europa, sino también en el mundo”, ha admitido el Papa, en una prolija enumeración de momentos históricos. Entre ellos, la firma en París de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Para añadir a continuación una reflexión sobre una de las señales de identidad de la República, la separación de la esfera religiosa y la pública, una cuestión sobre la que hay un fuerte debate en los últimos años en Francia: “Una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación, sino en trabajar para que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio de lo verdadero, lo bueno y lo bello, para que el mundo tenga vida”.

Macron: “La laicidad francesa no es negación de la religión”

Lo cierto es que cuando el Papa ha aterrizado en el aeropuerto de Orly a las diez de la mañana, las campanas de todas las iglesias de París, donde hay 106 parroquias, han sonado durante siete minutos. Antes, en su discurso, Macron ya le había aclarado que “la laicidad francesa no es en absoluto la negación de la religión”.

León XIV ha insistido en que “el cristiano que participa en la vida pública y actúa según la luz de su conciencia iluminada por la fe no puede ser considerado un proselitista ni una amenaza para la unidad de la patria”. También ha subrayado el papel de la Iglesia en la educación y de la escuela católica, al destacar que “el auténtico laicismo no excluye la dimensión religiosa, sino que, por el contrario, sabe atesorarla como un recurso educativo”.

Establecido ese marco de entendimiento, el Pontífice no ha tardado, en todo caso, en marcar sus líneas rojas. Empezando por el respeto de la vida humana, en referencia al aborto, y subrayando su oposición a “las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada”. Eran palabras esperadas, porque Macron ha incluido el derecho al aborto en la Constitución y ha aprobado recientemente una ley para regular la eutanasia. “No olvidemos que el respeto mutuo y la protección de la vida de toda persona humana constituyen una responsabilidad de cada uno y de todos”, ha dicho.

El Papa ha repetido en varios momentos la importancia del diálogo, “aún más urgente en el contexto de la Francia de hoy, donde personas de diferentes orígenes culturales y religiosos están llamadas a convivir”. El país, ha señalado, se ha distinguido desde hace siglos “por su atención a la diversidad y por un fuerte deseo de solidaridad”. También ha recordado otro punto en común, la cooperación “durante siglos” entre Francia y la Iglesia católica “al servicio de los cristianos de Oriente”.

Tras condenar la guerra, la escalada de armamento y el peligro nuclear, el Pontífice siguió invistiendo a Francia de un papel privilegiado en el inestable escenario mundial: “Ante el estruendo de las guerras y las variadas crisis que sacuden a nuestro mundo, Francia tiene la vocación de seguir siendo un incansable artífice de la paz y del multilateralismo, especialmente en el seno de nuestra querida Europa. Que Francia, fiel a sus valores, abra el surco de una paz desarmada y desarmante, y ofrezca con responsabilidad su insustituible contribución a favor de la paz”.

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