Desde su sede en Asunción, la capital de Paraguay, la cúpula de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) decidió apoyar inicialmente el proyecto de la FIFA para privatizar el Mundial pero hasta ahora lo expresa de manera silenciosa, sin emitir comunicados que se opongan a los rechazos ya expresados por las confederaciones de Europa, Asia y América del Norte, Central y el Caribe.
La confederación sudamericana no se pronuncia sobre la propuesta de Gianni Infantino de privatizar los Mundiales, al tiempo que crece la oposición dentro y fuera del máximo órgano del fútbol
Desde su sede en Asunción, la capital de Paraguay, la cúpula de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) decidió apoyar inicialmente el proyecto de la FIFA para privatizar el Mundial pero hasta ahora lo expresa de manera silenciosa, sin emitir comunicados que se opongan a los rechazos ya expresados por las confederaciones de Europa, Asia y América del Norte, Central y el Caribe.
Aunque el aval implícito confirma la complicidad y camaradería a prueba de escándalos entre la Conmebol y la federación a cargo de Gianni Infantino, los dirigentes sudamericanos también comenzaron a advertir con preocupación en las últimas horas que las cuentas de votos que la FIFA necesita para triunfar en su polémica iniciativa corren el serio riesgo de no cerrar.
Más por conveniencia que por convicción, una pregunta replicaba cada vez con más fuerza avanzado este viernes dentro del edificio de la Conmebol que hasta 2015 se caracterizó por gozar de inmunidad diplomática, como si fuera una embajada: ¿Tiene sentido apoyar explícitamente, o seguir apoyando de manera tácita, un proyecto que parece condenado a la derrota? El silencio oficial sigue siendo la respuesta.
La Conmebol es la confederación continental con menos federaciones afiliadas, 10, incluso menos que los 13 países que componen la de Oceanía, y muy por debajo de los 41 que integran la Concacaf en el resto de América. Como el voto de cada asociación nacional cuenta por uno en la FIFA, la trascendencia alrededor de la postura sudamericana vale más por lo simbólico que por lo decisivo. Brasil y Argentina, los gigantes sudamericanos, ganaron ocho Copas del Mundo, a las que se le suman las dos ediciones que Uruguay levantó en los inicios.
El presidente de la Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez, se mostró radiante este jueves en el campo de juego que acompaña a la sede de la Conmebol en Luque, en la periferia de Asunción, dándole la bienvenida al inicio de la Fiesta Conmebol Evolución, un torneo que agrupa a equipos masculinos y femeninos juveniles de diferentes países. “Esta fiesta es para ustedes”, arengó Domínguez a los jóvenes, aparentemente ajeno a la conmoción que provocó la filtración de los planes de la FIFA para vender una parte de la Copa Mundial a inversores privados en un procedimiento conducido por el banco estadounidense JP Morgan y una compañía que concentra inversores de la mano de Joshua Kurschner, hermano del yerno de Donald Trump.
Las federaciones de Brasil y Argentina también se mostraron ajenas al revuelo. En verdad sus dos presidentes, el de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Samir Xaud, y el de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio Tapia, tienen asuntos personales que atender. Mientras Xaud es señalado en su país por utilizar presuntos fondos de la CBF para financiar gastos de viaje en el Mundial 2026 de una mujer señalada como su amante, Tapia continúa en el centro de la mira de la Justicia argentina por casos de supuesta corrupción en la AFA.
Pero ajeno a esa aparente indiferencia, en la Conmebol reaccionaron con sorpresa y decepción ante el rápido rechazo que la Concacaf emitió este jueves contra la propuesta de Infantino. “Solemos ir de la mano y caminar juntos como un bloque, no sabemos qué pasó acá”, se lamentaron dirigentes de la confederación sudamericana, aunque al mismo tiempo -siempre poniéndose del lado de la FIFA- descreen que los 41 votos de las federaciones de América del Norte, Centro y Caribe terminen íntegramente en contra del plan de Infantino. La FIFA pretende llevar el proyecto a votación ante sus 211 asociaciones, que jurídicamente son las propietarias de la Federación Mundial, el 19 de septiembre.
Un operador de la Conmebol compartía la siguiente teoría este jueves por la noche: “Los europeos están firmes, saben que tienen un año por delante para negociar sin competencias fuertes y no hay marcha atrás: son 55 votos. Si se le suman los 41 de Concacaf, aunque hay que ver si ese bloque es tan sólido como hasta ahora, ahí tienen 96. Pero del otro lado seríamos nosotros, los africanos (54) y los asiáticos (47)”, agregó el lobista sudamericano, que por entonces no esperaba que la Confederación Asiática también sumaría este viernes su rechazo a los ya adelantados por la UEFA y la Concacaf.
La relación de la Conmebol e Infantino se tornó umbilical a partir de la mínima concesión que la FIFA le tendió a Domínguez para el Mundial 2030, a realizarse en España, Portugal y Marruecos, aunque los tres primeros del torneo se jugarán en Uruguay -sede del primer Mundial, en 1930-, Argentina y Paraguay como premio consuelo por su candidatura basada en el centenario de las Copas del Mundo. Una nueva posible ampliación de participantes en la Copa del Mundo, de los 48 estrenados en 2026 a 64 potenciales en el futuro, fue planteada inicialmente por Domínguez y recibida de buena manera por Infantino, aunque todavía no resultó oficializada.
Siempre en silencio, en la Conmebol lanzaban este viernes una queja contra la oposición europea ante la propuesta de Infantino de crear una filial comercial de 20.000 millones de dólares, FIFA Forward Enterprise (FFE), para gestionar la Copa Mundial y otros eventos de la FIFA. “Infantino habló del tema por primera vez en el Congreso de Vancouver, en abril, y ahí nadie dijo nada. Esperaron hasta ahora”, se lamentaban puertas adentro de la confederación sudamericana, a la vez que advertían que en su coautoría con la FIFA empezaban a quedarse solos.
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