Imposible no recordar Sudáfrica, a Iniesta, a Cesc, la prórroga, el abismo, la gloria. Imposible no verlo en este instante de Ferran Torres que sucedió diez minutos antes, el 106 después de años celebrando la leyenda del 116. Porro envió una pelota al área, Nico Williams la dejó atrás con la coronilla y Ferran reventó la red y provocó otro estallido inolvidable, la segunda estrella, el segundo título mundial contra la última campeona, a la que redujo casi a la nada. No tiró ni una vez hasta después del gol de la Roja, algo insólito. Ningún equipo se había pasado los 90 minutos de una final sin intentarlo. Ninguno tampoco hasta el 117. El juego de la selección de Luis de la Fuente desmanteló a la Argentina del mítico 10, la abrasó con el juego, la fue pinchando con una sucesión de tiros blandos y la acabó rematando con un zurdazo. Despidió a Messi de los mundiales con una exhibición coral.
La Roja consigue su segundo Mundial con un gol de Ferran Torres en la prórroga después de reducir a la Argentina de Messi, que no tiró ni una vez hasta el minuto 117
Imposible no recordar Sudáfrica, a Iniesta, a Cesc, la prórroga, el abismo, la gloria. Imposible no verlo en este instante de Ferran Torres que sucedió diez minutos antes, el 106 después de años celebrando la leyenda del 116. Pedri envió una pelota al área, Nico Williams la dejó atrás con la coronilla y Ferran reventó la red y provocó otro estallido inolvidable, la segunda estrella, el segundo título mundial contra la última campeona, a la que redujo casi a la nada. No tiró ni una vez hasta después del gol de la Roja, algo insólito. Ningún equipo se había pasado los 90 minutos de una final sin intentarlo. Ninguno tampoco hasta el 117. El juego de la selección de Luis de la Fuente desmanteló a la Argentina del mítico 10, la abrasó con el juego, la fue pinchando con una sucesión de tiros blandos y la acabó rematando con un zurdazo. Despidió a Messi de los mundiales con una exhibición coral.
ESPEspaña
1
Unai Simón, Pedro Porro, Aymeric Laporte (Eric García, min. 98), Marc Cucurella, Pau Cubarsí, Dani Olmo (Mikel Merino, min. 74), Álex Baena (Nico Williams, min. 74), Rodri (Martín Zubimendi, min. 98), Lamine Yamal, Fabián Ruiz (Pedri, min. 61) y Mikel Oyarzabal (Ferran Torres, min. 61)
ARGArgentina
Emiliano Martínez, Cristian Romero (Facundo Medina, min. 69), Gonzalo Montiel (Nahuel Molina, min. 57), Nicolás Tagliafico, Lisandro Martínez (Nicolás Otamendi, min. 43), Nico González (Leandro Paredes, min. 45), Alexis Mac Allister, Rodrigo De Paul (Giuliano Simeone, min. 69), Enzo Fernández, Julián Alvarez (Marcos Senesi, min. 101) y Lionel Messi
Goles 1-0 min. 105: Ferran
Arbitro Slavko Vincic
Tarjetas amarillas Lisandro Martínez (min. 40), Paredes (min. 51), Enzo Fernández (min. 81), Cristian Romero (min. 91), Scaloni (min. 103), Alexis Mac Allister (min. 110)
Tarjetas rojas Enzo Fernández (min. 92)
España habita ya la eternidad. Se asomó en Sudáfrica, con la primera versión de un libreto de juego brillante y evolucionó durante algo más de una década a la fórmula prodigiosa con la que ganó la Eurocopa de 2024 y ahora el segundo Mundial. Imposible no recordar Sudáfrica, que llegó también después de un Europeo. La primera estrella es aviso al mundo, sacar la cabeza. La segunda supone instalarse en la eternidad del fútbol.
El entusiasmo por el gol de Ferran, por el juego que parecía inevitable que llevara al título mostró también algo asombroso de un país sumergido en la crispación, pero que ha encontrado algo en lo que consigue ponerse de acuerdo para producir una criatura tan hermosa como este equipo. Para producirlo y para disfrutarlo.
Lo gigantesco de la ocasión, una final de la Copa del Mundo, no desfiguró a España. Todo lo contrario. Se ha construido para citas de este vuelo estratosférico. Salió a tejer su juego y a asfixiar al rival con lo que le saliera puntada a puntada. Argentina, como casi siempre en el Mundial, parecía querer dejarlo para más adelante, hasta los minutos en los que Messi despierta del letargo. Pero no eran ellos. Era el juego apabullante de la Roja, que los redujo como nadie.
Solo les quedaba aguantar y empezaron levantando las barricadas por el centro. Mac Allister, Enzo Fernández, De Paul y Nico González se apretaban en la zona por la que España ha desplegado sus tramos más brillantes. La encontraron sobrepoblada, pero Dani Olmo maniobra en esos callejones como un escapista que negocia con su propia trampa. Se giró, tiró una pared con Lamine y el extremo del Barcelona se vio en el área ante el Dibu Martínez. Lisandro desvió el tiro y el portero reaccionó con solvencia.
España tocaba, Argentina mantenía los equilibrios, un plan de resistencia que le funciona como a nadie. Porque nadie tiene a Messi, claro, de paseo por la hierba recién regada mientras el resto se desgasta, tomando las medidas del rival para confeccionar el traje en su cabeza. Era pronto para el 10, pero a la defensa española se le distrajo un balón y se encontró encarando a Unai Simón, que aceleró para despejar antes de que lo controlara. No reaccionó a tiempo. No era el momento.
Tampoco era la ruta por la que se esperaba el encuentro. Aunque Unai tuvo que esprintar otra vez para desactivar una carrera de Julián Alvarez. Quedó en nada. Todavía no se había disparado la señal. La refriega iba hacia el otro lado. Argentina ponía cara de que era lo de siempre. Pero no. La señal no llegaba. No había cómo.
España insistía con una partitura en la que Rodri marcaba el tempo y Olmo tocaba la trompeta. El azulgrana pisaba el acelerador y viraba el viento. Buscaban poco a poco más a Lamine Yamal, pero Scaloni le había preparado la vigilancia de dos laterales, Tagliafico y Nico González. Le iban delimitando el territorio, indicándole hasta dónde tenían pensado permitirle avanzar. Que era poco. Enseguida se encontraba con un cuerpo que le chocaba por detrás. Igual que Oyarzabal, desconectado hasta que aparecía por el medio, pero que también iba acumulando rasguños de sus encuentros con los argentinos.
La Roja se enfrentaba a una ardua faena de desbroce, rama a rama, trampa a trampa. Pero este equipo juega con una confianza colosal en la fórmula. Solo se acelera para ir hacia delante. No se demora a contemplarse mientras acumula pases. No se exhibe. Ausculta la fortaleza para introducir una cuña, para abrir una grieta y lanzarse a través de ella.
Argentina acumula horas de resistencia. Esta vez sin respiro, porque no acertaba con los pases. Scaloni maniobró ya en el descanso. Retiró a Nico González y metió a Paredes para seguir vigilando a Lamine, que no encontraba la manera. Messi ni aparecía. El jugador del Barça encaraba, buscaba, pero se perdía en el roce con el que lo trataban.
Después de una hora de paciencia, De la Fuente intervino para seguir empujando. Ferran entró por Oyarzabal y Pedri, por Fabián, buena compañía de Rodri. La música era la misma. Argentina no consideraba necesario nada más. Entraron en el último cuarto, después de la segunda pausa de hidratación, sin haber intentado un solo tiro. Pero con el inconveniente de que se le lesionó otro central, el Cuti Romero.
Lamine consiguió sacar un centro al área, pero Ferran le entregó la pelota de cabeza al Dibu. Pedri encontró un pasadizo desde la frontal, avanzó y tiró muy blando, también al portero. Cubarsí probó desde lejos como contra Bélgica y el Dibu con pudo quedarse con el balón. Salió también Nico Williams y le puso un centro a Laporte, a quien le salió un cabezazo sencillo para el portero.
La respuesta argentina a la tormenta fue insistir en el choque, como vía para llegar a cero a la prórroga. Y ahí les llevó el Dibu con una extraordinaria parada a un tiro libro de Lamine. Se adentraron en ese territorio límite con un futbolista menos por la doble amarilla a Enzo. Su plan entonces era más lija y menos juego. España siguió a lo suyo, con un Nico Williams eléctrico. España ganó con la academia y resistió a la calle, para una segunda estrella eterna.
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