El “día D económico” contra Irán, prometido la semana pasada por el presidente estadounidense Donald Trump comienza este lunes. Así lo ha declarado el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en sus redes sociales. “Estamos entrando ahora en la fase final”, ha escrito la mano derecha de Trump para asuntos económicos mientras elogiaba los logros que considera que su presidente ha alcanzado en la guerra que comenzó el pasado 28 de febrero: haber “desmantelado” la capacidad militar iraní y “enterrado su programa nuclear”. Ahora, según Bessent, ha llegado el momento de “cortar todas las fuentes de sustento económico que mantienen en pie al régimen tiránico hasta que Teherán se quede solo”.
Washington eleva la presión mientras persiste el bloqueo de las negociaciones para poner fin a la guerra
El “día D económico” contra Irán, prometido la semana pasada por el presidente estadounidense Donald Trump comienza este lunes. Así lo ha declarado el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en sus redes sociales. “Estamos entrando ahora en la fase final”, ha escrito la mano derecha de Trump para asuntos económicos mientras elogiaba los logros que considera que su presidente ha alcanzado en la guerra que comenzó el pasado 28 de febrero: haber “desmantelado” la capacidad militar iraní y “enterrado su programa nuclear”. Ahora, según Bessent, ha llegado el momento de “cortar todas las fuentes de sustento económico que mantienen en pie al régimen tiránico hasta que Teherán se quede solo”.
Washington aumenta la presión sobre Teherán en medio del estancamiento de las negociaciones para poner fin a la guerra entre los dos países. El anuncio del secretario sigue al que el propio Trump hizo la semana pasada, cuando prometió “la operación económica más devastadora de la historia” contra el país persa. En una publicación en su propia red social, Truth, Trump afirmó el pasado miércoles que Irán había “fracasado en aprovechar” la oportunidad de llegar a un acuerdo y que se enfrentaría a “una guerra económica y un aislamiento a una escala sin precedentes”.
En respuesta, el responsable del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaí, advirtió a los países vecinos de que, si se unen a la guerra económica de EE UU contra Teherán, serán considerados enemigos y, por tanto, atacados. “A cualquiera que lo haga, lo consideraremos un enemigo”, declaró el sábado en una entrevista con la cadena estatal iraní IRIB.
En esta política de máxima presión, el inquilino de la Casa Blanca también amenazó con que cualquier país que haga negocios con Teherán “se enfrentará a consecuencias económicas tremendas”. Esta medida implicaría un arancel secundario a terceros países ―un gravamen sobre las naciones que compran productos de Irán―. Con esto, la presión se extiende a los principales importadores de productos iraníes.
China, que ha sido en los últimos años el principal cliente de petróleo procedente de la isla de Jarg, llegando a absorber alrededor del 90% de sus exportaciones de crudo, estaría entre los países más expuestos a una eventual aplicación de las sanciones secundarias.
Pekín ha anunciado este lunes que tomará las “medidas necesarias” para proteger sus intereses. Un portavoz del Ministerio chino de Exteriores ha dicho que el país “seguirá de cerca” la evolución de la situación y adoptará medidas para salvaguardar sus “derechos e intereses legítimos”, pero sin concretarlas. El portavoz ha advertido, además, que las sanciones y la presión “no ayudan a resolver los problemas”.

La economía iraní, sin embargo, afronta sanciones estadounidenses desde hace cinco décadas y ha aprendido a crear métodos de supervivencia. Incluso la guerra, que la ha dañado, no ha logrado descarrilarla. La República Islámica ha sabido implementar una economía de resistencia, basada en la sustitución de importaciones, la dispersión de las centrales eléctricas y una estructura desarrollada para sortear las sanciones petroleras, con el uso, al igual que Rusia, de una flota fantasma y un mercado negro de combustibles fósiles.
Además, esta no es la primera vez que Trump implementa una política de “máxima presión” con duras sanciones sobre Irán. Ya lo hizo durante su primer mandato, cuando en 2018 decidió abandonar el acuerdo nuclear, que la Administración de Barack Obama había construido con Teherán y los países europeos a lo largo de varios años.
Trita Parsi, vicepresidente del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft, opina que “la máxima presión de Trump debía haber quebrado a Irán hace ocho años”, ha escrito este lunes en sus redes sociales. “El bloqueo debía haber quebrado a Irán hace cuatro meses. La presión del día D de Trump estrangulará a Irán, pero la respuesta más probable de Teherán será una contraescalada, no la rendición”.
Para Parsi, las sanciones “probablemente ejercerán mucha presión sobre otros países de la región, como Irak, que no tienen mucho margen de maniobra dadas sus propias dificultades”.
En una entrevista con EL PAÍS, Ali Vaez, físico nuclear y subdirector del Programa de Oriente Medio y el Norte de África del centro de estudios International Crisis Group, decía la pasada primavera que las sanciones de Washington contra Teherán apenas han servido para estrangular a la clase media del país, que, como consecuencia, perdió su capacidad para presionar a la República Islámica a favor de reformas.
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