Estonia se blinda ante la creciente amenaza de Rusia

Tropas estonias y de la OTAN en la base conjunta en Tapa, a 100 kilómetros de la frontera de Estonia con Rusia, el pasado 15 de junio.

La mitología ha dado vastos ejemplos de que la astucia del pequeño luchador puede imponerse a la fuerza bruta de un gigante adversario. Estonia, país de 1,3 millones de habitantes —casi siempre en su historia bajo el yugo de alguna potencia extranjera—, hace gala de su determinación y destreza para proteger su periodo más largo de independencia, 35 años desde el derrumbe de la URSS, y blindarse en todos los frentes, el militar, el social y el legislativo, frente a “la amenaza imperialista rusa”, en palabras de sus autoridades.

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La Primera Brigada de Infantería, con los efectivos de la Alianza, son los encargados de defender la frontera norte de Estonia con Rusia. Uno de los hangares de la base de Tapa, al noreste de Estonia, donde se realizan labores de mantenimiento. Puente que une la ciudad Estonia de Narva con Rusia, al fondo de la imagen, separados por un río. En los últimos años, además de las vallas, se han ido añadiendo elementos de contención ante un posible ataque militar. Una mujer cruza a pie la frontera desde Rusia en la ciudad estonia de Narva, el pasado 15 de junio.  El país báltico se refuerza en todos los frentes, con más gasto en defensa, barreras de ciberseguridad y cambios legislativos para plantar cara a la guerra híbrida del Kremlin  Tropas estonias y de la OTAN en la base conjunta en Tapa, a 100 kilómetros de la frontera de Estonia con Rusia, el pasado 15 de junio.

La mitología ha dado vastos ejemplos de que la astucia del pequeño luchador puede imponerse a la fuerza bruta de un gigante adversario. Estonia, país de 1,3 millones de habitantes —casi siempre en su historia bajo el yugo de alguna potencia extranjera—, hace gala de su determinación y destreza para proteger su periodo más largo de independencia, 35 años desde el derrumbe de la URSS, y blindarse en todos los frentes, el militar, el social y el legislativo, frente a “la amenaza imperialista rusa”, en palabras de sus autoridades.

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La Primera Brigada de Infantería, con los efectivos de la Alianza, son los encargados de defender la frontera norte de Estonia con Rusia. Uno de los hangares de la base de Tapa, al noreste de Estonia, donde se realizan labores de mantenimiento. Puente que une la ciudad Estonia de Narva con Rusia, al fondo de la imagen, separados por un río. En los últimos años, además de las vallas, se han ido añadiendo elementos de contención ante un posible ataque militar. Una mujer cruza a pie la frontera desde Rusia en la ciudad estonia de Narva, el pasado 15 de junio.  Internacional en EL PAÍS

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