El investigador Daniel Valdivieso reivindica el legado del humanista, que vivió en la época de Almanzor, y asegura que no ha perdido vigencia, brillantez y modernidad Leer El investigador Daniel Valdivieso reivindica el legado del humanista, que vivió en la época de Almanzor, y asegura que no ha perdido vigencia, brillantez y modernidad Leer
A Ibn Hazm le tocó vivir en una bisagra temporal, en un periodo de entresiglos, en un tiempo en que terminó un califato y se desató la descomposición fértil de su legado en los conocidos reinos de taifas, ese milagroso instante de la historia donde se concitó lo mejor de la ciencia, el conocimiento y la sabiduría de al-Ándalus.
Aquel fue un periodo fascinante de la historia de España y uno de sus más concienzudos investigadores es Daniel Valdivieso, autor de biografías como la dedicada a Abd al-Rahmán I, el príncipe emigrado, el primer emir omeya. Valdivieso publica ahora en Almuzara Ibn Hazm, biografía de un sabio, la recuperación de un sabio, el autor de El collar de la paloma, no solo uno de los más bellos tratados de amor escritos en todos los tiempos sino un retrato también de la ciudad de Córdoba, «la gran metrópoli del Mediodía», el libro que en palabras de Ortega y Gasset es el «más ilustre texto sobre el tema del amor en la civilización musulmana».
Ibn Hazm fue un humanista, un polígrafo, un laborópata que según su hijo escribió cuatrocientos volúmenes, más de ochenta mil páginas de distintas disciplinas. Nació en Córdoba el año 994, en pleno gobierno de Almanzor, y murió en Huelva en 1063, en un tiempo de severas turbulencias políticas que acabarían con la entrada de los almorávides en la península ibérica.
Daniel Valdivieso no solo detalla la vida y obra del sabio. Su texto, caudaloso, cuidado, bien escrito, refleja el momento político que le tocó vivir. «Su vida apenas ha sido abordada más que de modo breve en capítulos de la historia de al-Ándalus. Era necesario poner el foco solo en él, recuperar y reivindicar a una de las figuras capitales de la intelectualidad, la creación y el pensamiento hispanomusulmán», revindica el autor. Ibn Hazm nació y maduró durante el gobierno de los amiríes, los descendientes y allegados de Almanzor, creadores de las taifas en el levante peninsular en el siglo XI.
Aquel personaje fue testigo directo de la fitna, la guerra civil que asola Córdoba entre los años 1009 y 1031, y que dispersa a los grandes sabios del califato entre la treintena de reinos taifas en que queda descompuesta aquella unidad. Valdivieso considera a Ibn Hazm «el más célebre de los sabios de al-Ándalus». No hay certeza de que el Arcipreste de Hita, siglos después, leyera El collar de la paloma, pero muchas de las obsesiones amatorias del Libro del Buen Amor, escrito en lengua castellana, quedan detalladas en el cambio de milenio por el sabio cordobés.
Valdivieso reivindica el tratado de Ibn Hazm y asegura que no ha perdido vigencia, brillantez, modernidad. Prueba de su actualidad son las decenas de ediciones de la traducción que a mediados del pasado siglo firmó el arabista Emilio García Gómez y cuyo prólogo corrió a cargo de su íntimo amigo José Ortega y Gasset.
Daniel Valdivieso escribe: «Entre los años 1031 y 1064, al-Ándalus se descompone para siempre e Ibn Hazm ya había conocido el privilegio del poder, la pérdida y la muerte, el rigor y las estrecheces de la guerra, el exilio y el cautiverio, las traiciones de la política y la persecución». En torno a 1039 mantuvo una encendida polémica con el rey de Sevilla al-Mutádid, padre de al-Mutámid, que acabó con la quema de los libros del erudito cordobés en las plazas de la taifa sevillana. Ibn Hazm reprocha: «Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles, / y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que / sabe».
Ya para entonces había puesto punto final en Játiva, en el levante peninsular, a su gran tratado de amor. Ya había escrito los reconocidos versos que dicen: «Te amo con un amor inalterable, / mientras tantos amores humanos no son más que espejismos. / Te consagro un amor puro y sin mácula: / en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño».
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