La cabeza de lista de la CUP en Tarrasa (Barcelona) en las elecciones municipales de 2007, Isabel Gómez, ha sido noticia estos días por su acercamiento, casi veinte años después, a Vox y mostrar, en público, su solidaridad con Alicia Tomás, líder de Vox en la ciudad que, recientemente, sufrió una agresión. ‘Judas’, ‘Figo’ y ‘botiflera’ son algunos de los calificativos con los que se la ha señalado. «Estoy tranquila y contenta, estoy en el lado correcto», responde, en conversación con ABC.Gómez no reniega de haber encabezado la candidatura de la CUP, en su día, pero tampoco considera que tenga que justificarse ahora por abrazarse a Vox. «No tengo que pedir perdón a nadie», asegura. Se define como «simpatizante de Vox», partido al que se acercó tras sufrir una agresión en 2010 -por parte de un inmigrante menor de edad- y no recibir apoyo de los grupos de izquierdas. Así devuelve las críticas a quienes cuestionan su evolución: «Es la izquierda la que tiene un problema. Yo, no». «Entonces, en 2007, la CUP no era muy conocida, eran candidaturas municipales y fui candidata por ser mujer y saber hablar en público», explica a este periódico sobre su llegada a la formación antisistema e independentista. El primer distanciamiento llegó tras ser madre en 2006, aunque no le impedió ser la candidata un año después. «En 2009 hice unas declaraciones en contra del aborto, pero todavía me consideraba de izquierdas. Entonces ya me llamaron facha por ser antiabortista», recuerda.«La experiencia de la maternidad me demostró que el feto es un ser vivo. Desde entonces, me fueron apartando», añade. Gómez presenta aquel episodio como el comienzo de una ruptura con determinados postulados de la izquierda. Un distanciamiento que fue progresivo. «Siempre busco la verdad y si esto supone cambiar de opinión, lo hago. Es el problema de la izquierda, que funciona como una secta y trabaja en base a dogmas», apunta.El acontecimiento que identifica como decisivo se produjo un año después. «Me desmarco del comunismo y del nacionalismo cuando sufro una agresión por parte de un inmigrante en 2010», afirma. Siempre según su relato, fue agredida y, cuando hizo público el suceso, quedó desamparada y señalada por los ‘suyos’. «En 2010 sufro una agresión por un inmigrante y lo publico en mis redes. Digo que los inmigrantes son bienvenidos, pero si vienen a agredir a mujeres y robar, no son bienvenidos», explica. «En 2009 hice unas declaraciones en contra del aborto, pero todavía me consideraba de izquierdas. Entonces ya me llamaron facha por ser antiabortista»«Lo cuento para visibilizar el problema en las aulas, porque soy profesora», recuerda. La reacción fue inmediata y acabó afectando también a su entorno personal. «Fue entonces cuando los de esta asociación [Unitat Contra Feixisme i Racisme Terrassa, UCFR] empezaron a publicar mi nombre y señalarme, publican donde trabajo, el colegio a donde van mis hijos. Fue surrealista. Pidieron mi despido. Y desde entonces me han ido monitorizando», lamenta.La entidad a la que se refiere, UCFR, es una de las organizaciones que en las últimas semanas ha recuperado públicamente su etapa en la CUP y la ha señalado por su proximidad a Vox. «Lo único que pedía [en 2010] era que no acogiéramos a los inmigrantes violentos», sostiene. Y asegura que de aquella experiencia extrajo una conclusión política que mentiene desde entonces: «Desde esa experiencia, me dije que solo votaría a los que propongan que hay que echar a los inmigrantes violentos de España».Precisamente, el tema de la inmigración es uno de los asuntos que más contraste ofrece entre la candidata de 2007 y la simpatizante de Vox de hoy. Durante aquella campaña municipal defendió posiciones favorables a la acogida de inmigrantes y reclamó que quienes residían y trabajaban en la ciudad pudieran participar políticamente, sin hacer distingos entre los inmigrantes ilegales y los regularizados. Su discurso actual pone el acento, en cambio, en la expulsión de los extranjeros que cometan delitos.«No me sorprende que me llamen ‘botiflera’. Con el primer señalamiento me llamaron «puta». Es su estrategia, deshumanizar»En cualquier caso, fue Gómez la que se acercó a Vox. «Fui a su encuentro para explicarles mi experiencia personal». Y desde hace años colabora con esta formación. La novedad, ahora, es que ha hecho pública su solidaridad con Tomás, tras ser agredida cuando paseaba con su familia, entregándole un ramo de flores. Tras la foto, los insultos. Pero no parece inquitarla. «No me sorprende que me llamen ‘botiflera’. Con el primer señalamiento me llamaron «puta». Es su estrategia, deshumanizar», responde.Gómez insiste en que el problema no está, a su juicio, en quienes cambian de posición política, sino en una izquierda incapaz de aceptar determinadas discrepancias. «La izquierda radical tiene funcionamientos de secta», asegura. Y se pregunta en voz alta por ese proceso por el que personas que han trabajado en la izquierda ahora apoyan a Vox. «Este giro que he hecho yo no es único, en mi entorno mucha gente que ha votado a Podemos lo hará ahora por Vox», afirma.A su juicio, detrás de ese desplazamiento electoral existe fundamentalmente una ruptura entre la izquierda y una parte de su electorado tradicional: «La izquierda debe pensar por qué le pasa esto, ¿por qué ha abandonando a los trabajadores?». Goméz desliza algunos temas clave centrados en la gestión de la inmigración y «los problemas cotidianos». Y zanja el dilema: «La izquierda los ha abandonado y acuden a los que les proponen soluciones. Es la izquierda la que tiene un problema. Yo, no». La cabeza de lista de la CUP en Tarrasa (Barcelona) en las elecciones municipales de 2007, Isabel Gómez, ha sido noticia estos días por su acercamiento, casi veinte años después, a Vox y mostrar, en público, su solidaridad con Alicia Tomás, líder de Vox en la ciudad que, recientemente, sufrió una agresión. ‘Judas’, ‘Figo’ y ‘botiflera’ son algunos de los calificativos con los que se la ha señalado. «Estoy tranquila y contenta, estoy en el lado correcto», responde, en conversación con ABC.Gómez no reniega de haber encabezado la candidatura de la CUP, en su día, pero tampoco considera que tenga que justificarse ahora por abrazarse a Vox. «No tengo que pedir perdón a nadie», asegura. Se define como «simpatizante de Vox», partido al que se acercó tras sufrir una agresión en 2010 -por parte de un inmigrante menor de edad- y no recibir apoyo de los grupos de izquierdas. Así devuelve las críticas a quienes cuestionan su evolución: «Es la izquierda la que tiene un problema. Yo, no». «Entonces, en 2007, la CUP no era muy conocida, eran candidaturas municipales y fui candidata por ser mujer y saber hablar en público», explica a este periódico sobre su llegada a la formación antisistema e independentista. El primer distanciamiento llegó tras ser madre en 2006, aunque no le impedió ser la candidata un año después. «En 2009 hice unas declaraciones en contra del aborto, pero todavía me consideraba de izquierdas. Entonces ya me llamaron facha por ser antiabortista», recuerda.«La experiencia de la maternidad me demostró que el feto es un ser vivo. Desde entonces, me fueron apartando», añade. Gómez presenta aquel episodio como el comienzo de una ruptura con determinados postulados de la izquierda. Un distanciamiento que fue progresivo. «Siempre busco la verdad y si esto supone cambiar de opinión, lo hago. Es el problema de la izquierda, que funciona como una secta y trabaja en base a dogmas», apunta.El acontecimiento que identifica como decisivo se produjo un año después. «Me desmarco del comunismo y del nacionalismo cuando sufro una agresión por parte de un inmigrante en 2010», afirma. Siempre según su relato, fue agredida y, cuando hizo público el suceso, quedó desamparada y señalada por los ‘suyos’. «En 2010 sufro una agresión por un inmigrante y lo publico en mis redes. Digo que los inmigrantes son bienvenidos, pero si vienen a agredir a mujeres y robar, no son bienvenidos», explica. «En 2009 hice unas declaraciones en contra del aborto, pero todavía me consideraba de izquierdas. Entonces ya me llamaron facha por ser antiabortista»«Lo cuento para visibilizar el problema en las aulas, porque soy profesora», recuerda. La reacción fue inmediata y acabó afectando también a su entorno personal. «Fue entonces cuando los de esta asociación [Unitat Contra Feixisme i Racisme Terrassa, UCFR] empezaron a publicar mi nombre y señalarme, publican donde trabajo, el colegio a donde van mis hijos. Fue surrealista. Pidieron mi despido. Y desde entonces me han ido monitorizando», lamenta.La entidad a la que se refiere, UCFR, es una de las organizaciones que en las últimas semanas ha recuperado públicamente su etapa en la CUP y la ha señalado por su proximidad a Vox. «Lo único que pedía [en 2010] era que no acogiéramos a los inmigrantes violentos», sostiene. Y asegura que de aquella experiencia extrajo una conclusión política que mentiene desde entonces: «Desde esa experiencia, me dije que solo votaría a los que propongan que hay que echar a los inmigrantes violentos de España».Precisamente, el tema de la inmigración es uno de los asuntos que más contraste ofrece entre la candidata de 2007 y la simpatizante de Vox de hoy. Durante aquella campaña municipal defendió posiciones favorables a la acogida de inmigrantes y reclamó que quienes residían y trabajaban en la ciudad pudieran participar políticamente, sin hacer distingos entre los inmigrantes ilegales y los regularizados. Su discurso actual pone el acento, en cambio, en la expulsión de los extranjeros que cometan delitos.«No me sorprende que me llamen ‘botiflera’. Con el primer señalamiento me llamaron «puta». Es su estrategia, deshumanizar»En cualquier caso, fue Gómez la que se acercó a Vox. «Fui a su encuentro para explicarles mi experiencia personal». Y desde hace años colabora con esta formación. La novedad, ahora, es que ha hecho pública su solidaridad con Tomás, tras ser agredida cuando paseaba con su familia, entregándole un ramo de flores. Tras la foto, los insultos. Pero no parece inquitarla. «No me sorprende que me llamen ‘botiflera’. Con el primer señalamiento me llamaron «puta». Es su estrategia, deshumanizar», responde.Gómez insiste en que el problema no está, a su juicio, en quienes cambian de posición política, sino en una izquierda incapaz de aceptar determinadas discrepancias. «La izquierda radical tiene funcionamientos de secta», asegura. Y se pregunta en voz alta por ese proceso por el que personas que han trabajado en la izquierda ahora apoyan a Vox. «Este giro que he hecho yo no es único, en mi entorno mucha gente que ha votado a Podemos lo hará ahora por Vox», afirma.A su juicio, detrás de ese desplazamiento electoral existe fundamentalmente una ruptura entre la izquierda y una parte de su electorado tradicional: «La izquierda debe pensar por qué le pasa esto, ¿por qué ha abandonando a los trabajadores?». Goméz desliza algunos temas clave centrados en la gestión de la inmigración y «los problemas cotidianos». Y zanja el dilema: «La izquierda los ha abandonado y acuden a los que les proponen soluciones. Es la izquierda la que tiene un problema. Yo, no».
La cabeza de lista de la CUP en Tarrasa (Barcelona) en las elecciones municipales de 2007, Isabel Gómez, ha sido noticia estos días por su acercamiento, casi veinte años después, a Vox y mostrar, en público, su solidaridad con Alicia Tomás, líder de Vox en … la ciudad que, recientemente, sufrió una agresión. ‘Judas’, ‘Figo’ y ‘botiflera’ son algunos de los calificativos con los que se la ha señalado. «Estoy tranquila y contenta, estoy en el lado correcto», responde, en conversación con ABC.
Gómez no reniega de haber encabezado la candidatura de la CUP, en su día, pero tampoco considera que tenga que justificarse ahora por abrazarse a Vox. «No tengo que pedir perdón a nadie», asegura. Se define como «simpatizante de Vox», partido al que se acercó tras sufrir una agresión en 2010 -por parte de un inmigrante menor de edad- y no recibir apoyo de los grupos de izquierdas. Así devuelve las críticas a quienes cuestionan su evolución: «Es la izquierda la que tiene un problema. Yo, no».
«Entonces, en 2007, la CUP no era muy conocida, eran candidaturas municipales y fui candidata por ser mujer y saber hablar en público», explica a este periódico sobre su llegada a la formación antisistema e independentista. El primer distanciamiento llegó tras ser madre en 2006, aunque no le impedió ser la candidata un año después. «En 2009 hice unas declaraciones en contra del aborto, pero todavía me consideraba de izquierdas. Entonces ya me llamaron facha por ser antiabortista», recuerda.
«La experiencia de la maternidad me demostró que el feto es un ser vivo. Desde entonces, me fueron apartando», añade. Gómez presenta aquel episodio como el comienzo de una ruptura con determinados postulados de la izquierda. Un distanciamiento que fue progresivo. «Siempre busco la verdad y si esto supone cambiar de opinión, lo hago. Es el problema de la izquierda, que funciona como una secta y trabaja en base a dogmas», apunta.
El acontecimiento que identifica como decisivo se produjo un año después. «Me desmarco del comunismo y del nacionalismo cuando sufro una agresión por parte de un inmigrante en 2010», afirma. Siempre según su relato, fue agredida y, cuando hizo público el suceso, quedó desamparada y señalada por los ‘suyos’. «En 2010 sufro una agresión por un inmigrante y lo publico en mis redes. Digo que los inmigrantes son bienvenidos, pero si vienen a agredir a mujeres y robar, no son bienvenidos», explica.
«En 2009 hice unas declaraciones en contra del aborto, pero todavía me consideraba de izquierdas. Entonces ya me llamaron facha por ser antiabortista»
«Lo cuento para visibilizar el problema en las aulas, porque soy profesora», recuerda. La reacción fue inmediata y acabó afectando también a su entorno personal. «Fue entonces cuando los de esta asociación [Unitat Contra Feixisme i Racisme Terrassa, UCFR] empezaron a publicar mi nombre y señalarme, publican donde trabajo, el colegio a donde van mis hijos. Fue surrealista. Pidieron mi despido. Y desde entonces me han ido monitorizando», lamenta.
La entidad a la que se refiere, UCFR, es una de las organizaciones que en las últimas semanas ha recuperado públicamente su etapa en la CUP y la ha señalado por su proximidad a Vox. «Lo único que pedía [en 2010] era que no acogiéramos a los inmigrantes violentos», sostiene. Y asegura que de aquella experiencia extrajo una conclusión política que mentiene desde entonces: «Desde esa experiencia, me dije que solo votaría a los que propongan que hay que echar a los inmigrantes violentos de España».
Precisamente, el tema de la inmigración es uno de los asuntos que más contraste ofrece entre la candidata de 2007 y la simpatizante de Vox de hoy. Durante aquella campaña municipal defendió posiciones favorables a la acogida de inmigrantes y reclamó que quienes residían y trabajaban en la ciudad pudieran participar políticamente, sin hacer distingos entre los inmigrantes ilegales y los regularizados. Su discurso actual pone el acento, en cambio, en la expulsión de los extranjeros que cometan delitos.
«No me sorprende que me llamen ‘botiflera’. Con el primer señalamiento me llamaron «puta». Es su estrategia, deshumanizar»
En cualquier caso, fue Gómez la que se acercó a Vox. «Fui a su encuentro para explicarles mi experiencia personal». Y desde hace años colabora con esta formación. La novedad, ahora, es que ha hecho pública su solidaridad con Tomás, tras ser agredida cuando paseaba con su familia, entregándole un ramo de flores. Tras la foto, los insultos. Pero no parece inquitarla. «No me sorprende que me llamen ‘botiflera’. Con el primer señalamiento me llamaron «puta». Es su estrategia, deshumanizar», responde.
Gómez insiste en que el problema no está, a su juicio, en quienes cambian de posición política, sino en una izquierda incapaz de aceptar determinadas discrepancias. «La izquierda radical tiene funcionamientos de secta», asegura. Y se pregunta en voz alta por ese proceso por el que personas que han trabajado en la izquierda ahora apoyan a Vox. «Este giro que he hecho yo no es único, en mi entorno mucha gente que ha votado a Podemos lo hará ahora por Vox», afirma.
A su juicio, detrás de ese desplazamiento electoral existe fundamentalmente una ruptura entre la izquierda y una parte de su electorado tradicional: «La izquierda debe pensar por qué le pasa esto, ¿por qué ha abandonando a los trabajadores?». Goméz desliza algunos temas clave centrados en la gestión de la inmigración y «los problemas cotidianos». Y zanja el dilema: «La izquierda los ha abandonado y acuden a los que les proponen soluciones. Es la izquierda la que tiene un problema. Yo, no».
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