John Korir le regala un récord del circuito al Maratón de Boston, que cumple 130 ediciones

Aúlla el gentío en Boston en el Día de los Patriotas mientras John Korir, que no corre, sino vuela, empujado por el viento de espalda camino de la meta en Boylston Street, junto a Copley Square, donde resiste la biblioteca pública, de 1895. El keniano, que ya había ganado aquí el año pasado, como en Valencia, hace solo cuatro meses, o en Chicago, ya en 2024, se había distanciado pasado el kilómetro 30. La carrera, la madre de todos los maratones, que alcanzaba su edición número 130, se adentraba en las colinas de Newton. El inicio de una exhibición sin precedentes en el maratón más antiguo del mundo. Un parcial del kilómetro 30 al 40 en 28m 10s. Un acelerón que rompió todos los pronósticos y le permitió incluso bajar de las dos horas y dos minutos (2h 1m 52s) para mejorar en más de un minuto el récord del circuito, en poder de Geoffrey Mutai (2h 3m 2s) desde 2011.

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 El keniano mejora en más de un minuto la marca de Geoffrey Mutai y su compatriota Sharon Lokedi triunfa 60 años después de que
cruzara la meta la primera mujer, Bobbi Gibb  

Aúlla el gentío en Boston en el Día de los Patriotas mientras John Korir, que no corre, sino vuela, empujado por el viento de espalda camino de la meta en Boylston Street, junto a Copley Square, donde resiste la biblioteca pública, de 1895. El keniano, que ya había ganado aquí el año pasado, como en Valencia, hace solo cuatro meses, o en Chicago, ya en 2024, se había distanciado pasado el kilómetro 30. La carrera, la madre de todos los maratones, que alcanzaba su edición número 130, se adentraba en las colinas de Newton. El inicio de una exhibición sin precedentes en el maratón más antiguo del mundo. Un parcial del kilómetro 30 al 40 en 28m 10s. Un acelerón que rompió todos los pronósticos y le permitió incluso bajar de las dos horas y dos minutos (2h 1m 52s) para mejorar en más de un minuto el récord del circuito, en poder de Geoffrey Mutai (2h 3m 2s) desde 2011.

Korir se confirma como uno de los maratonianos más sólidos del momento y rememora el triunfo del año pasado, cuando se abrazó en la meta a su hermano Wesley, campeón en ese mismo maratón en 2012. Los dos únicos hermanos que han repetido el triunfo en Boston. El viento favorable aligeró las piernas de los favoritos y tanto el segundo clasificado, Felix Shimbu, como el tercero, Benson Kipruto, lograron bajar de la vieja marca de Mutai. Korir, que conocía bien el circuito, aprovechó el famoso repecho conocido como Heartbreak Hill para soltar a sus rivales en una segunda mitad llamativamente más rápida que la primera (1h 2s por 1h 1m 50s) y llevarse 150.000 dólares por el triunfo y otros 50.000 por el récord. Pero más allá de la recompensa económica, un triunfo en Boston es un hito, un éxito para toda la vida.

No hay otro maratón como este, tan clásico, tan reputado, que cada año llama la atención de medio mundo el tercer miércoles de abril. Y en el Día de los Patriotas, mientras, por detrás de Korir, Sharon Lokedi, otra keniana, se marchaba también en solitario, corriendo la milla 24 en 4m 36s, para revalidar su triunfo (2h 18m 51s, la segunda mejor marca de la historia) de 2025.

Boston vive una fiesta y en los márgenes, mientras los atletas africanos pasan como centellas por su lado, los militares, vestidos de uniforme y calzados con las pesadas botas, caminan con el dorsal prendido de la chaqueta de camuflaje. La ciudad celebra los 130 años de la carrera, inaugurada como ‘The American Marathon’ un año después de que se estrenara en los Juegos Olímpicos de Atenas 1896. La primera edición reunió a 15 participantes y ya en 2026 corren de Hopkinton a Boylston Street cerca de 30.000 corredores de 137 países en uno de los destinos que ambiciona todo maratoniano.

Boston es el maratón más antiguo y además de sus 130 ediciones celebra también que se cumplen 60 años desde que corrió la primera mujer, Bobby Gibb, una estadounidense que no consiguió el dorsal pero que se aventuró en la salida y logró llegar a la meta en el puesto 124 de 450. La demostración de que el argumento para prohibir la participación femenina, por considerar que no estaban fisiológicamente preparadas para correr las 26,2 millas (42,195km), era tan absurdo como la famosa fotografía, años después, del director de carrera intentando sacar a empujones a Kathrine Switzer, en 1967 que logró un dorsal gracias al ardid de inscribirse con su apellido completo pero solo con la inicial de su nombre.

Bobby Gibb conoció la carrera en 1964, cuando un familiar habló del maratón durante una comida. La joven viajó dos semanas después a Boston, vio el espectáculo y sintió el impulso de correrla. Al día siguiente cogió unos zapatos de enfermera y empezó a trotar. Un esguince le impidió intentarlo en 1965, pero el 19 de abril de 1966, en una mañana soleada, después de haber ido en autobús, durante cuatro días, de San Diego a Boston, se puso un bañador de una pieza, unos pantalones de su hermano y unas Adidas para niño de la talla 38. Bobby, que tenía 23 años, escondió su melena rubia bajo la capucha de una sudadera y se ocultó detrás de un seto. Cuando se dio la salida, se incorporó al grupo. No tardaron en descubrirla. Pero los corredores la elogiaban y los periodistas empezaron a comentar en las retransmisiones radiofónica que había una mujer. A mitad de la carrera, las estudiantes de Wellesley College salieron a animarla y hoy, 60 años después, sigue siendo el punto más ruidoso del maratón. Bobby Gibb alcanzó la meta después de superar el dolor por una ampolla en el pie y fue capaz de bajar de las tres horas y media. Las mujeres no pudieron correr hasta 1972.

Por eso el Maratón de Boston es también el maratón de Bobby Gibb. Como es, además, la carrera que se levantó después de un atentado que explosionó un artefacto en la meta en 2013 que dejó cuatro muertos y 282 heridos. O la carrera donde los corredores saludaban a Spencer, un Golden retriever que no faltaba nunca en la milla 3 del recorrido. O la carrera de la tormenta que encumbró, en 2018, con los favoritos pasados por agua, al japonés Yuki Kawauchi y Des Linden, la primera estadounidense en ganar en Boston en 33 años. O la carrera que siempre acababa, de una manera u otra, en el Eliot Lounge, el pub donde iban los redactores del Globe o el Herald y los corredores que sabían que, con la medalla, recibían un cerveza gracias a Tommy Leonard, un aficionado al atletismo que creó una famosa carrera, la Falmouth Road Race, entre dos bares. Mucha historia en 130 ediciones (solo se suspendió en 2020 por la pandemia).

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