Solo cuatro días antes del estreno en Tokio, Carlos Alcaraz, Rafael Jódar y los otros diez participantes —doce en realidad, si se contabiliza a los dos suplentes que también formaron parte de la cita— abandonaban Londres prácticamente a la carrera, tras haber competido en la Laver Cup y sin tiempo alguno que perder porque a la vuelta de la esquina estaba ya esperándoles la gira asiática. Unos se desplazaban a Pekín, otros a Tokio; es decir, vuelos de diez y catorce horas de duración respectivamente. Todos ellos aterrizaron el martes en su destino, con la carga consiguiente en las piernas y teniendo que adaptar sobre la marcha los biorritmos al nuevo horario (seis y siete horas de diferencia) y a las nuevas circunstancias.
115 TORNEOS EN 52 SEMANAS
La extensión de los torneos hace que muchos de ellos se solapen y que, en algunos casos, estén perdiendo mucha relevancia. Un claro ejemplo son los que corresponden a la gira veraniega de Norteamérica, en la que cada vez hay menos rastro de las estrellas. Canadá y Cincinnati, cada vez con menos peso.
Algunas citas no han acabado, cuando las siguientes ya han empezado, si no transcurren en paralelo; para ejemplo reciente, las Finales de la Billie Jean King Cup y la Laver. Los torneos de Tokio y Pekín se resolverán el próximo martes, y al día siguiente ya habrá cogido forma el Masters de Shanghái.
La confección del calendario de la ATP para 2026 incluye 59 torneos en 29 países: nueve miles, 16 de categoría 500 y 29 de 250. A esto se añade la Copa de Maestros, las Next Gen ATP Finals, la United Cup (enero), la Laver Cup y la Copa Davis. Se suman los cuatro grandes. En total, 63 eventos.
La WTA, por su parte, reduce la cifra a 56 a lo largo de las 52 semanas del año. En concreto son los cuatro majors, diez WTA 1000, 17 de categoría 500 y 22 de 250; completan la parrilla la cita maestra y la United Cup, además de la Billie Jean King Cup.
La caída de seis figuras que procedían de la Laver Cup acentúa un problema creciente y sin solución: todas las partes buscan maximizar los beneficios
Solo cuatro días antes del estreno en Tokio, Carlos Alcaraz, Rafael Jódar y los otros diez participantes —doce en realidad, si se contabiliza a los dos suplentes que también formaron parte de la cita— abandonaban Londres prácticamente a la carrera, tras haber competido en la Laver Cup y sin tiempo alguno que perder porque a la vuelta de la esquina estaba ya esperándoles la gira asiática. Unos se desplazaban a Pekín, otros a Tokio; es decir, vuelos de diez y catorce horas de duración respectivamente. Todos ellos aterrizaron el martes en su destino, con la carga consiguiente en las piernas y teniendo que adaptar sobre la marcha los biorritmos al nuevo horario (seis y siete horas de diferencia) y a las nuevas circunstancias.
El jueves, seis de esos doce participantes (Jódar, Taylor Fritz, Casper Ruud, Brandon Nakashima, Flavio Cobolli y Learner Tien) ya no figuraban en los cuadros de esos torneos, y los dos reemplazos (Arthur Fery e Ignacio Buse) también habían sido eliminados. A Alcaraz lo rescató tanto su talento como la falta de acierto en los instantes clave de Alex Michelsen (7-6(1), 4-6 y 6-1). Alexander Zverev, por su parte, también sufrió mucho para sacar adelante el compromiso contra Cameron Norrie (7-6(1) y 6-4), al igual que Francisco Cerúndolo ante Botic vande Zandschulp (5-7, 6-3 y 6-3). Alex de Miñaur tuvo que afrontar una exigencia menor ante Mariano Navone y avanzó de forma limpia, en dos sets, y del pulso entre Jakub Mensik y Alexander Bublik solo podía quedar uno, el primero de ellos.
“A los que venimos de la Laver nos ha tocado llegar aquí bastante tarde”, razonaba Alcaraz, citado el viernes con el italiano Matteo Arnaldi. El murciano (23 años) también precisaba que no había sido fácil la aclimatación, así como que las nuevas condiciones —a cielo abierto, en vez de la cubierta inglesa— habían dificultado mucho su puesta de largo en la capital japonesa, donde aspira a convertirse en el primer tenista que consigue defender el título desde que lo hiciera el pistolero Pete Sampras (entre 1993 y 1994). En paralelo, Jaume Munar disculpaba en parte la derrota de Fritz (6-7(7), 6-4, 6-3), puesto que el norteamericano también “venía desde Europa y no es fácil asimilar el cambio”.

Y así es. El tenis y el calendario, el mal de nunca acabar. Todos quieren maximizar su parte: organismos (ITF, ATP, WTA y los cuatro Grand Slams), torneos e igualmente los jugadores, quienes deben atender una serie de compromisos de carácter obligatorio (mandatory), pero no así otros que no lo son, como la Laver Cup —que no reporta puntos al jugador, pero sí dinero— o algunas exhibiciones que se organizan a principios, mediados y final de curso. Precisamente, el tenista español subrayaba desde allí, el O2 de Londres, la crítica que ya había deslizado unas semanas antes en Nueva York. Apuntaba a la normativa del sistema.
Protestas vs. hechos
“Siempre he dicho que [el calendario] tiene que cambiar. Jugar un poco menos y no tener tantos torneos seguidos, semana tras semana. Sin duda, yo cambiaría eso”, remarcaba. Y a comienzos de septiembre, coincidiendo con su paso por el US Open, donde cayó en los cuartos de final, se explayaba cuando le preguntaban sobre el funcionamiento del circuito y qué aspectos modificaría: “He tenido un parón más largo de lo que quería, siendo sincero. No quería tener este descanso [cuatro meses y medio de baja] por una lesión [muñeca], pero viendo lo apretado que está el calendario, en el futuro haré algunos parones largos; quizá no cuatro meses, pero sí uno o dos meses, perdiéndome algunos torneos, seguro… Porque es imposible jugarlos todos”.
Y añadía Alcaraz: “Creo que están añadiendo más torneos importantes y, de alguna manera, nos están obligando a jugar. Puedes decir que no, saltarte alguno y decidir tu calendario, pero si tenemos que jugar todos los torneos obligatorios que la ATP nos exige, estamos fuera compitiendo unas 40 semanas. Eso es imposible. Desde hace tiempo estamos viendo a muchos tenistas lesionarse o bien jugar estando cansados. Si no hacen algo al respecto, vamos a ver todavía más casos en el futuro”.

El caso es que el jueves, sin transición, respiro ni tregua alguna, Jódar (20 años) llegó literalmente fundido al cruce con Adolfo Daniel Vallejo (6-1 y 6-3, en 1h 07m) y a él le costó mucho sacar adelante el pulso con Michelsen. Otros de sus colegas ni siquiera lograron pasar el corte y en un abrir y cerrar de ojos, las citas de Tokio y Pekín han perdido una cifra significativa de figuras. Son los estragos de un programa frenético que trata de sacarle todo el jugo a la competición, a la vez que los torneos, cada vez más uniformes, buscan sin disimulo un pellizco cada vez mayor y los protagonistas —principalmente, las figuras— quieren más y más dólares. Más ceros. A las protestas, sin embargo, las contradicen los hechos. En el caso de los perfiles más modestos, el margen de elección es muy limitado, pero en otros no lo es tanto.
La consecuencia es un calendario hipersaturado que despista al aficionado, quema a los profesionales —quienes reiteran su deseo de estar más tiempo en casa— y homogeneiza los torneos. Las fronteras entre unos y otros son cada vez más imperceptibles, y la dilatación de los Masters y los WTA 1000 —antes duraban una semana y ahora de dos, salvo algunas excepciones— hace que ya no haya huecos para el descanso ni la preparación más adecuada. El martes, Alejandro Davidovich disputó la final de Chengdú, de categoría ATP 250, y solo dos días después ya pisaba la pista de Japón (500) para intentar sortear la barrera de la primera ronda. No lo hizo. Entre un día y otro, un vuelo de cinco horas y una aclimatación a toda prisa que, a todas luces, no funcionó.
115 TORNEOS EN 52 SEMANAS
A. C.
La extensión de los torneos hace que muchos de ellos se solapen y que, en algunos casos, estén perdiendo mucha relevancia. Un claro ejemplo son los que corresponden a la gira veraniega de Norteamérica, en la que cada vez hay menos rastro de las estrellas. Canadá y Cincinnati, cada vez con menos peso.
Algunas citas no han acabado, cuando las siguientes ya han empezado, si no transcurren en paralelo; para ejemplo reciente, las Finales de la Billie Jean King Cup y la Laver. Los torneos de Tokio y Pekín se resolverán el próximo martes, y al día siguiente ya habrá cogido forma el Masters de Shanghái.
La confección del calendario de la ATP para 2026 incluye 59 torneos en 29 países: nueve miles, 16 de categoría 500 y 29 de 250. A esto se añade la Copa de Maestros, las Next Gen ATP Finals, la United Cup (enero), la Laver Cup y la Copa Davis. Se suman los cuatro grandes. En total, 63 eventos.
La WTA, por su parte, reduce la cifra a 56 a lo largo de las 52 semanas del año. En concreto son los cuatro majors, diez WTA 1000, 17 de categoría 500 y 22 de 250; completan la parrilla la cita maestra y la United Cup, además de la Billie Jean King Cup.
Deportes en EL PAÍS
