La guerra en Irán reactiva el conficto civil en Yemen tras cuatro años de tregua

Las ondas expansivas de la guerra en Irán siguen sacudiendo Oriente Próximo y alterando el mapa regional con la reactivación desde el domingo del conflicto civil en Yemen. La contienda, que comenzó en 2014, había quedado silenciada durante los últimos cuatro años por una tregua sellada entre Arabia Saudí –que respalda al Gobierno internacionalmente reconocido de Adén– y la milicia-partido hutí Ansar Alá –respaldada por Irán y afincada en Saná–.

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 La creciente amenaza que representa la milicia proiraní hutí para los intereses saudíes y para el tránsito por el estrecho de Bab el Mandeb da por agotadas la vía de la negociación  

Las ondas expansivas de la guerra en Irán siguen sacudiendo Oriente Próximo y alterando el mapa regional con la reactivación desde el domingo del conflicto civil en Yemen. La contienda, que comenzó en 2014, había quedado silenciada durante los últimos cuatro años por una tregua sellada entre Arabia Saudí –que respalda al Gobierno internacionalmente reconocido de Adén– y la milicia-partido hutí Ansar Alá –respaldada por Irán y afincada en Saná–.

“Los hutíes han lanzado dos ataques con misiles balísticos y drones contra el aeropuerto de Adén, por lo que hemos tenido que desviar los aviones que intentaban aterrizar. No sabemos aún si hay víctimas”, contaba el miércoles por la mañana una fuente del Gobierno yemení, presidido por Rashad al Alimi. “Hemos atacado con misiles balísticos suministros militares saudíes que llegaron al campamento de Badr, cerca del Aeropuerto Internacional de Adén”, fue la respuesta lanzada el miércoles por la mañana por los milicianos hutíes a través de su canal de televisión, Al Masirah. La milicia aseguró también haber paralizado con varios ataques “las operaciones aéreas en el Aeropuerto Internacional King Khalid de Riad”.

El epicentro de los combates terrestres se ha desplazado a la sureña ciudad de Taiz, densamente poblada. Son más de 200.000 los desplazados, según el recuento de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que se suman a los cinco millones que abandonaron sus casas antes de 2022, lo que agravó la grave crisis humanitaria que azota a la población. “Las tropas yemeníes [leales a Adén] han tomado el estratégico punto del Monte de Habashi y están avanzando para cortar las rutas de abastecimiento hutíes”, aseguró la misma fuente gubernamental, que quiso permanecer en el anonimato.

Desde allí, los hutíes pretenden también cortar la carretera que lleva al sur, hacia Adén, adonde huyen los civiles. “La gente llega con heridas infectadas tras recorrer largos trayectos a pie huyendo de los combates”, explica desde Adén Itta Helland-Hansen, coordinadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país. La cooperante asegura que han detectado un número elevado de casos de desnutrición, así como brotes de cólera.

El pasado 3 de septiembre, los hutíes lanzaron una ofensiva sorpresa con la que se hicieron con varios puntos estratégicos del sur, como el puerto de Moca y la isla de Mayun, y tomaron así el control de facto sobre el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo. Es una baza con la que la milicia pretendía revalorizar sus cartas frente a Riad y lograr concesiones que le permitan llenar sus magras arcas, al tiempo que favorecer a su aliado iraní en el marco de las negociaciones con EE UU. Teherán podría así estrangular simultáneamente dos nudos clave –junto con Ormuz– para el comercio global, especialmente para el suministro de hidrocarburos.

Lejos de servirle en las negociaciones con Riad, el pulso hutí ha precipitado una respuesta militar. El ejército yemení, con el apoyo de los cazas saudíes, lanzó el domingo la operación Amanecer de Yemen, cuyo objetivo declarado es recuperar todo el flanco occidental del país, en manos de los hutíes desde 2014, y que supone el 30% del territorio nacional. Allí se hacinan dos tercios de los 40 millones de yemeníes. “Están bombardeando, pero por ahora parece que solo sobre objetivos específicos”, cuenta en entrecortados mensajes de voz Saher, una enfermera que vive en la región.

Yemen vive una crisis humanitaria crónica, con una población cuyo sistema inmunológico está ya muy debilitado tras años de guerra, recuerda Helland-Hansen. Con la mitad del país dependiente de la ayuda humanitaria, la ONU estima que el 60% de las 377.000 muertes registradas entre 2015 y 2022 se debieron a causas indirectas, al hambre y a la falta de atención sanitaria o de infraestructuras.

El hartazgo ante el impásen las negociaciones es compartido. “En 2018 estuvimos a punto de llegar a Saná con nuestro ejército, pero la comunidad internacional nos frenó”, expone el embajador de Yemen en España, Aws Abdulá Alawd. “Desde entonces hemos agotado todas las vías de diálogo con los hutíes a través de nuestros aliados, desde los europeos a los americanos hasta la ONU y Omán, sin que hayan dado fruto, porque los hutíes solo cumplen las órdenes de Irán. Han sido ellos los que empezaron los ataques en julio”, arremete.

“Se trata de un error de cálculo por parte de los hutíes, que han sobreestimado sus fuerzas”, valora en conversación por WhatsApp Yasmeen Al Eryani, analista del Centro Saná. “Ahora se han convertido en una amenaza directa para los intereses de Arabia Saudí, con ataques cada vez más precisos contra infraestructuras clave y yacimientos. Los saudíes se han cansado de hacer concesiones durante cuatro años y han llegado a la conclusión de que no hay salida negociada con los hutíes”, acota. Pero desde 2019, el brazo armado de Ansar Alá ya ha demostrado su capacidad para golpear la capital, exponiendo la fragilidad del reino saudí.

El contexto regional difiere mucho del existente en 2022, cuando los yemeníes pusieron en pausa la guerra civil. Con el debilitamiento de la milicia Hezbolá en Líbano, los movimientos proiraníes en Irak y la disolución de las fuerzas de Bachar el Asad en Siria, los hutíes se han convertido en la mejor baza de Teherán gracias a su posición geográfica y a sus adquiridas habilidades en ataques aéreos.

Ese refuerzo de lazos con Irán ha supuesto una línea roja para tanto Adén como Riad. “En julio pretendieron [por los hutíes] instaurar un puente aéreo entre Saná y Teherán para traer asesores de la Guardia Revolucionaria y armas”, explica el embajador Alawd. Antes, prosigue el diplomático, ya habían establecido un sistema paralelo de abastecimiento de partes de misiles balísticos, drones y armas mediante “pequeñas embarcaciones de pescadores difíciles de detectar”.

Con la región en llamas, queda por ver si Riad está en condiciones de financiar otra guerra en Yemen, el país más pobre de la región, y si sus objetivos coinciden con el anuncio del Gobierno que respalda de recuperar “todo el país” o si se limitará a recobrar el control de Bab el Mandeb, sobre cuya estabilización sí hay consenso internacional. “Arabia Saudí necesita un socio yemení capaz de llevar a cabo la operación, pero está fragmentado y sin mando unificado. Eso se ha visibilizado en las dificultades para asegurar Bab el Mandeb y ahora en las batallas de Taiz y de su periferia, una zona muy poblada, donde no son capaces de repeler a los hutíes”, valora la analista Al Eryani.

El bando yemení que se opone a los hutíes quedó a su vez fracturado por los choques intestinos entre las fuerzas financiadas por los saudíes y las respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos. Una competición a la que puso fin la salida de los efectivos emiratíes del sur de Yemen en diciembre de 2025. En el último año, Riad ha intentado unificar y entrenar a las diferentes fuerzas bajo un único mando, aunque persisten las diferencias tanto políticas como de línea de mando sobre el terreno. “Puede ser una operación limitada [a Bab el Mandeb], pero Riad entiende también que, de ser así, será insuficiente, porque los hutíes seguirán representando una amenaza para sus intereses en su frontera sur”, añade la experta yemení, refiriéndose a una línea de demarcación que se extiende en 1.200 kilómetros.

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