Las víctimas de Adamuz, ante otra tragedia en los trenes: «Esto es un infierno; aquí falla algo y es gordo»

Nueve meses después del accidente en el que murieron 46 personas, los afectados denuncian la negligencia de Óscar Puente por no parar el tráfico ferroviario hasta poder garantizar la seguridad Leer Nueve meses después del accidente en el que murieron 46 personas, los afectados denuncian la negligencia de Óscar Puente por no parar el tráfico ferroviario hasta poder garantizar la seguridad Leer  

Inmaculada Carrascal iba en el asiento 1A del vagón 4 del Alvia que, el pasado 18 de enero, hacía el trayecto desde Madrid a Huelva. Había pasado aquel fin de semana, aún de resaca navideña, en la capital con una amiga y regresaba -era domingo- a casa con las pilas cargadas para retomar la rutina del día a día. Pero su vida se quedó parada a las 19.39 horas y así sigue.

Ésa fue la hora a la que su tren chocó con los vagones de un tren de la compañía Iryo que, solo unos minutos antes, habían descarrilado cuando se dirigían a Madrid desde Málaga a causa, según apuntan las investigaciones que se llevan a cabo desde entonces, a una rotura de la vía.

Esta abogada de profesión, onubense, lleva 283 días con su vida detenida a las 19.39 horas del 18 de enero y este miércoles ha sido como si regresara al vagón 4 del Alvia y reviviese aquellos momentos de pesadilla.

Cuenta Inmaculada a EL MUNDO que ha llorado «y mucho» desde que a primera hora de la mañana se enterase de lo sucedido en Urda, del nuevo accidente ferroviario que se ha producido en el kilómetro 118 de la línea Madrid-Sevilla con un balance, provisional, de cerca de setenta víctimas mortales y muchos más heridos.

«Estaba trabajando y me ha llamado mi hermana para contármelo, luego han empezado a llegarme mensajes al teléfono móvil sin parar», relata esta víctima de la tragedia de Adamuz a la que se le rompe la voz cuando pone palabras a lo que está sintiendo en estas horas.

«No sé cómo ha ocurrido, es un horror, otra vez…», lamenta Inmaculada mientras intenta expresar, con la voz entrecortada a ratos, las imágenes que han vuelto a su cabeza de aquel fatídico 18 de enero.

«No lo he podido olvidar, ¡cómo lo voy a olvidar!», dice sobre el momento del impacto en Adamuz. Estaba leyendo un libro, rememora, cuando los dos trenes colisionaron y ella salió despedida. Tuvo suerte, al menos en lo físico porque se lesionó únicamente una pierna, pero las otras heridas, las que no se ven, «las que llevo por dentro», no han desaparecido y este 28 de octubre se han reabierto.

Reconoce sentimientos enfrentados. «Quiero saber, pero no quiero ver», afirma sobre la información del choque de Urda que inunda los medios de comunicación desde primera hora del miércoles. Apunta que, auque no lo ha superado, «estaba mejorando», pero la nueva tragedia ferroviaria en España la ha sacudido con fuerza. A ella y al resto de las víctimas, que en el grupo de WhatsApp que comparten han dado rienda suelta al recuerdo y al dolor.

«Esto es un infierno«, repite una y otra vez quien afirma sentirse «indignada y triste». Triste por las víctimas y por las familias. Indignada porque «se sabía que esto iba a volver a pasar».

Carrascal es muy crítica con la gestión, entonces y ahora, del Ministerio de Transportes y, en especial de su titular, el ministro Óscar Puente, al que reprocha, como ya han hecho otras víctimas, las bromas sobre el estado de la operadora Renfe que hizo el ministro en televisión. «Que nos digan que las vías están bien, es de locos», apostilla.

«No sé lo que ha podido pasar, pero mi coche frena y salta una alarma si hay otro delante y es una porquería», clama esta víctima, convencida de que «aquí hay algo que falla y es gordo». «¿Qué hacía el tren parado?», se pregunta.

No solo eso, sino que critica, asimismo, la atención que, desde aquel 18 de enero han recibido las víctimas de Adamuz. «Nadie nos está echando cuenta», se queja. «¿Por qué no dimite y asume sus responsabilidades?», añade en alusión al ministro de Transportes, añadiendo que «se ha reído de las víctimas, se ríe de nosotros».

En su caso, detalla, estos nueve meses desde el accidente de Adamuz han sido una sucesión de «meses horrorosos, muy duros», de tratamiento psicológico. Lo mismo que para la mayoría de los afectados. «Algunos no han podido volver a trabajar o a salir, incluso, de sus casas y lo de hoy es revivirlo todo de nuevo», apunta.

Abogada de profesión, autónoma con un despacho propio en Huelva, Inmaculada no pudo permitirse cogerse una baja: «Fui a trabajar en tratamiento y mientras me daba rehabilitación». Añade que su vida «ha cambiado», la tristeza y la inseguridad, el miedo, se han hecho fuertes y se hacen presentes cada vez que se sube a un coche. Lo de volver a coger un tren es algo que ni siquiera se ha planteado y, ahora, tras el desastre de Urda, menos aún.

Pero el trauma que sufren los supervivientes de Adamuz va más allá. «Escuchas un ruido de noche y te sobresaltas, seguimos soñando cada día con el descarrilamiento y el choque del tren, hay mucha gente que está muy mal», manifiesta.

Su caso, además, es particular porque se ha implicado, en primera línea, en la ayuda y defensa de los intereses de los afectados como vicepresidenta de la Asociación de Víctimas Descarrilamiento Adamuz, que ha llevado hasta el Congreso de los Diputados sus reivindicaciones y que no ha parado de exigir a Transportes más seguridad en el tráfico ferroviario, alertando, como ella misma recuerda, de la necesidad de proceder a una revisión integral. «Se podían haber evitado muchos accidentes», puntualiza sin atreverse a decir si el de este miércoles podría haber sido uno de ellos.

Precisamente, la asociación ha hecho público este miércoles un comunicado en el que destaca cómo esta nueva tragedia «desgarra unas heridas que todavía permanecen abiertas» y se pone a disposición de todos los afectados.

Inmaculada tiene en el revistero de su casa el libro que iba leyendo a las 19.39 horas del 18 de enero, pero no ha sido capaz de retomar la lectura. «No he sido capaz ni de coger un libro», destaca. Sabe que lo tiene que hacer, su psicóloga le ha dicho que tiene que retomar, precisamente, aquel libro -el título lo ha borrado de su mente: «no consigo recordarlo»- y no otro. Cuando eso suceda, el reloj de su vida volverá a ponerse en marcha.

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