David viajaba en un AVE con destino a Madrid que frenó a solo medio kilómetro del choque que le ha costado la vida a 68 personas en Urda; pasó cuatro horas atrapado antes de que desalojaran al pasaje Leer David viajaba en un AVE con destino a Madrid que frenó a solo medio kilómetro del choque que le ha costado la vida a 68 personas en Urda; pasó cuatro horas atrapado antes de que desalojaran al pasaje Leer
David ha dormido poco y confiesa que se encuentra en estado de shock. Aún no es consciente de cuan cerca estuvo de convertirse en uno de los desafortunados protagonistas de la tercera mayor tragedia ferroviaria de este país. Exactamente, cuenta, se quedó a poco más de 500 metros, a un minuto, dos quizás, del kilómetro 118 del trazado de alta velocidad Madrid-Sevilla, el punto exacto en el que un AVE se empotró ayer, a más de cien kilómetros por hora, contra un Iryo que estaba parado en la vía. El resultado de tan brutal choque: 69 víctimas mortales (por ahora) y más de un centenar de heridos.
Había cogido el primer AVE que salía desde Córdoba este miércoles, el de las 6.45 horas, para llegar pronto a Madrid, donde tenía una reunión de trabajo. Cuenta que casi desde que salió de la estación Julio Anguita, el tren circulaba de un modo extraño, «muy lento, se paraba poco a poco».
Algunas de esas paradas correspondían a los semáforos que habían empezado a funcionar después de que se cayese el sistema de seguridad automático, el LZB. Otros, dice, no se explican. Pocos minutos antes de las nueve de la mañana se paró por última vez y ya no volvió a reemprender la marcha.
David, y el resto del pasaje del AVE que debía llegar a Madrid, precisamente, a esa hora, a las 8.56 para ser exactos, se quedaron atrapados en el convoy sin saber que a poco más de medio kilómetro adelante otros dos trenes acababan de colisionar y se estaban viviendo momentos de desesperación y mucha angustia en vagones convertidos, algunos de ellos, en amasijos de hierro.
Relata que las primeras noticias de lo sucedido les llegaron a través de los teléfonos móviles, que en ningún momento a lo largo de las primeras horas -estuvieron allí varados más de cuatro horas- el personal del tren les comunicó la causa de la incidencia, el porqué estaban allí parados y atrapados.
«Poco a poco nos fuimos enterados», detalla este pasajero, de 24 años, al que anoche recibió en la estación cordobesa su pareja, incapaz de contener las lágrimas y de dejar de abrazar al joven, recién bajado de uno de los autobuses que trasladaron desde Urda a Córdoba a los pasajeros de los trenes que quedaron parados por el accidente y a algunos de los afectados por el propio accidente, heridos leves principalmente. Todos, con destino u origen en la ciudad.
Al menos tres autobuses desembarcaron a más medio centenar de personas al filo de las ocho de la tarde en la estación Julio Anguita, donde les esperaba, además de algunos familiares, un operativo de atención sanitaria y psicológica montado por la Cruz Roja, además de agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, que acordaron el lugar por el que hacían la entrada.
«Si no llegamos a parar también hubiéramos chocado, nos hemos librado de milagro», destaca David, aún con el miedo en el cuerpo.
En su tren estuvieron atrapados, sin poder salir, desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde. «Era difícil salir, estábamos en alto», cuenta del momento en el que, finalmente, pudieron abandonar el tren, impactados por lo que había sucedido a unos pocos centenares de metros. «Nos bajaron poco a poco», añade y les condujeron hasta un autobús que, en un primer momento, les llevó hasta la cercana localidad de Urda, convertido en epicentro de la tragedia y primer punto de atención a los afectados, directa o indirectamente, por la colisión entre el AVE y el Iryo.
Cree David que su tren se detuvo debido a la caída del suministro eléctrico en la red, el apagón que se produjo en todo el trazado una vez se produjo el accidente y que hizo que otros cinco convoyes se quedaran atascados en las vías, la mayoría cerca de la estación de Puertollano y cuyos pasajeros, como los del AVE de David, fueron evacuados en autobuses.
«Nos hemos salvado porque la vía se quedó sin tensión, pero podríamos haber sido nosotros los que chocaron con el Iryo», hace hincapié este pasajero, convencido de que su tren hubiera chocado con el convoy parado en la vía de no ser porque antes, apenas unos minutos antes, había colisionado otro AVE.
David no es de los que viaja con frecuencia en la alta velocidad que une Andalucía con Madrid. De hecho, hacía tiempo que no se subía al tren. Lo hizo por trabajo a primera hora de ayer, pero «no me subí con miedo». En ningún momento, destaca, pensó que podía repetirse una tragedia como la sucedida en Adamuz hace nueve meses y que él podía verse involucrado de alguna manera.
Después de atender decenas de mensajes de WhatsApp y de contestar las llamas de su familia y de sus amigos, después de consolar a su novia emocionada en la estación de Córdoba, tiene claro que va a pasar mucho tiempo antes de que vuelva a usar este medio de transporte.
«Mi novia no quería que cogiese el AVE», recuerda, y ahora él es el que, afirma, «no voy a coger otro hasta que pasen unos años y haya pruebas de que la cosa va bien, si tengo que viajar, cogeré un avión».
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