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El presidente de EE UU presumió en la ONU de sus éxitos. La realidad es que sus victorias se ven desbordadas por los fracasos
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunció este martes en la ONU un discurso que sonó como el himno de la destrucción del multilateralismo. Amenazó con aniquilar un país (Irán), dejó patente su voluntad de destruir una institución internacional (el Tribunal Penal Internacional), advirtió de que se opondrá a cualquier intento de consenso regulatorio global sobre IA y consideró que a los vencedores de las guerras les corresponde sacar tajada, en una lógica de expolio que se halla en las antípodas de los valores de las Naciones Unidas.
Pero, además, el discurso sonó a la habitual y sonrojante letanía autocelebratoria, cada vez más lejana de la realidad. Trump desgranó uno a uno sus presuntos éxitos. Dedicaré esta entrega del boletín a esbozar un balance geopolítico de la segunda presidencia del magnate. Sin duda hay algunos logros; pero pesan más los descalabros.
Groenlandia
Trump presumió del acuerdo alcanzado con Dinamarca y Groenlandia para reforzar la proyección militar estadounidense en el territorio ártico. ¿Es realmente un éxito?
Si se tiene en la cabeza como punto de partida los reiterados anhelos de anexión de Groenlandia expresados por Trump, las amenazas de llevarla a cabo por las buenas o por las malas, y su consideración de que solo la propiedad del territorio serviría realmente, se trata de una “gran retirada”, como sostiene The New York Times en una información sobre la cuestión:
Otro metro de juicio es si las amenazas hiperbólicas eran una herramienta negociadora para obtener una mejora de la situación. En esta óptica, el análisis es complejo. EE UU ya disponía con el acuerdo de 1951 de un amplio margen de maniobra. El nuevo acuerdo amplía en algunos aspectos sus prerrogativas. Arnaud Bertrand propone una comparativa en un post en X que destaca varios elementos favorables a Washington.
A mi juicio, el balance debe incluir otro elemento: el coste que esa mejora inflige. Este último es elevadísimo. El anhelo de anexión de Groenlandia ha sido un elemento fundamental en la plena ruptura de la confianza de los europeos en EEUU. Fue, como pude constatar en Davos y en la conferencia de Múnich, fundamental para impulsar una nueva visión del mundo. EEUU podría con toda probabilidad haber conseguido un acuerdo como este por las buenas. Lo hizo por las malas, y el beneficio tiene un precio muy elevado.
Aquí, el texto del acuerdo:
Venezuela
El presidente de EE UU también esgrimió el acuerdo alcanzado con Venezuela para poder explotar su petróleo. La ilegal operación militar con la cual EE UU penetró en Venezuela y capturó a Maduro nunca fue la primera fase de un intento de transición (hacia la democracia), sino de transacción (hacia el beneficio petrolero).
Aquí, un vídeo análisis de mi compañera María Martín sobre el acuerdo:
Mis compañeros Iker Seisdedos y Jesús Sérvulo González han hecho un fact-checking al discurso de Trump, y se ocupan también de lo que dijo sobre Venezuela, con claras exageraciones
Aun así, y aunque política y moralmente la jugada en Venezuela sea profundamente reprobable, se puede considerar que para Trump es un éxito. Ha encarcelado a un dictador antagonista, le ha sustituido con su vice, que ahora actúa con plena sumisión, y se ha asegurado —al menos de momento— activos considerables, aunque de difícil explotación.
Irán
Las presuntas bondades de su guerra contra Irán también fueron parte de la alocución de Trump en la ONU. En este caso, el balance es, en realidad, un verdadero descalabro para EE UU. El ataque ha demostrado la eficacia táctica de las fuerzas militares y de inteligencia de EE UU e Israel, capaces de decapitar al régimen. Pero ha demostrado un espectacular nivel de incompetencia en cuanto a definición de objetivos estratégicos y cálculos de consecuencias.
El resultado es que EE UU se halla empantanado en un conflicto en el que ha puesto en evidencia la esterilidad de su superioridad militar, que le granjea el malestar de socios locales que sufren graves consecuencias y que produce una escalada de precios de la energía que cabrea a todo el planeta —y a los votantes estadounidenses que irán a las urnas en poco más de un mes para las legislativas—.
En Yemen, los hutíes, facción afín al régimen iraní, están aprovechando a fondo la situación:
Dos autores de prestigio como Richard Haas y Carolyne Kissane consideran en Foreign Affairs que la actual situación no es sostenible.
China
El discurso en la ONU se produjo días antes de la visita oficial de Xi Jinping a Washington. En la anterior cita, hace unos meses en China, las dos partes acordaron poner un freno a la escalada de tensión, acuñando el concepto de estabilidad estratégica constructiva.
A mi juicio el balance en lo que va de segunda presidencia de Trump es favorable a China. Ello no significa que la embestida arancelaria no haya causado problemas a Pekín, ni mucho menos que China no tenga serios desafíos internos que afrontar. No obstante, el balance es negativo para Washington porque el mensaje mundial ha sido cristalino: la ofensiva arancelaria brutal ha sido repelida con una demoledora respuesta de restricción a la exportación de materias primas estratégicas. Esto ha forzado a la Casa Blanca a bajar la intensidad, mostrando —de nuevo— los límites del poderío estadounidense. Mientras, por una vía u otra, China sigue acumulando un surplus en su comercio con el exterior cada vez mayor.
Aquí, un comentario analítico publicado por el centro de estudio MERICS que pone el foco sobre la política exterior china, y concluye con una lapidaria observación acerca de la profesionalidad de esta frente a la contraparte estadounidense, con un Trump errático y un Departamento de Estado mermado.
Por supuesto, la partida sigue Abierto, y no cabe duda de que será central en ella la carrera en el sector de la IA. A propósito, una interesante pieza publicada por El Grand Continent, que presenta y glosa un artículo escrito por el ministro del Departamento de Seguridad de Estado.
A propósito de IA, aprovecho para sugerir la lectura de una información que publiqué recientemente:
Concluyo con una mirada panorámica sobre un mundo en llamas que se reúne en una ONU en ruinas.
En la información cito a Susan C. Stokes, catedrática estadounidense que ha publicado recientemente en España un ensayo –“Los regresores” (Galaxia Gutenberg)– que aborda los procesos de involución democrática impulsados por líderes como Trump y cuya lectura recomiendo. Puede parecer una cuestión de política interna, pero no lo es, porque el deterioro democrático, el camino hacia distintas formas de autoritarismo, también acaban teniendo un reflejo en las relaciones internacionales.
El balance geopolítico de Trump es muy negativo. Su impacto en el mundo, también. Pero hay señales esperanzadoras. El Partido Republicano tiene visos de sufrir una derrota en noviembre; el propio Trump parece estar haciendo ‘check-out’ de la presidencia, como de forma mordaz ha notado Ed Luce en el FT, subrayando que parece ocuparse cada vez más de monumentos en su nombre y reformas de palacios oficiales que de política; y el resto del mundo empieza a tomar las medidas.
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