
Markwayne Mullin llegó al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) con una misión complicada: sacar de los titulares al ministerio encargado de hacer cumplir la agresiva política migratoria de Donald Trump. En la audiencia de su confirmación en el Senado, en marzo, Mullin aseguró: “Mi objetivo en seis meses es que no seamos la noticia principal todos los días”. Sin embargo, la semana pasada, el congresista demócrata Seth Magaziner le gritaba durante una sesión de control: “¡Ahora están de nuevo en la maldita portada, con dos personas inocentes asesinadas a tiros a plena luz del día!”. Hablaba de Lorenzo Salgado Araujo y Johan Sebastián Durán Guerrero, tiroteados por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) con una diferencia de apenas seis días.
El nuevo secretario de Seguridad Nacional ha reconfigurado el departamento para tratar de apartar del foco mediático las estrictas directrices de Trump
Markwayne Mullin llegó al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) con una misión complicada: sacar de los titulares al ministerio encargado de hacer cumplir la agresiva política migratoria de Donald Trump. En la audiencia de su confirmación en el Senado, en marzo, Mullin aseguró: “Mi objetivo en seis meses es que no seamos la noticia principal todos los días”. Sin embargo, la semana pasada, el congresista demócrata Seth Magaziner le gritaba durante una sesión de control: “¡Ahora están de nuevo en la maldita portada, con dos personas inocentes asesinadas a tiros a plena luz del día!”. Hablaba de Lorenzo Salgado Araujo y Johan Sebastián Durán Guerrero, tiroteados por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) con una diferencia de apenas seis días.
Desde su puesto como jefe del DHS, Mullin es uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos. Trump lo eligió para tapar el hueco que dejó la controvertida Kristi Noem, destituida por el presidente en marzo. La salida de Noem se produjo después de que dos ciudadanos estadounidenses —Renée Good y Alex Pretti— fueran abatidos a tiros durante un megaoperativo migratorio en Minneapolis en enero.
Esas muertes desataron una ola de indignación que recorrió el país exigiendo el fin de los excesos y la brutalidad de los agentes federales. El gusto de Noem por la exhibición, por ser la cara de la noticia, junto con el escándalo por el gasto de 200 millones en publicidad televisiva para mejorar su imagen, acabaron con su carrera.
Mullin, de 48 años y originario de Tulsa, Oklahoma, era un senador republicano de ideas trumpistas. Miembro de la Nación Cherokee, fue el único nativo americano en el Senado, donde ejerció desde 2023. Le gustaba llevar sombrero y botas vaqueras, que lucía con orgullo como referencia a sus orígenes. Su ascenso a las altas esferas del Gobierno se debe a su cercanía con Trump. En su época como senador, era quien susurraba al ocupante del Despacho Oval todo lo que sucedía en el Capitolio. Así que el nombramiento de este empresario de la construcción de Oklahoma no sorprendió a muchos, a pesar de la poca experiencia de Mullin en temas migratorios.
Aunque Mullin ha introducido reformas en su departamento para alejarlo de los titulares y ha dado órdenes de ser más discretos, el DHS vuelve a estar bajo los focos tras la muerte a principios de julio de Lorenzo Salgado Araujo, un mexicano de 52 años, que vivía en Houston (Texas). Mientras conducía a una cuadrilla de braceros de la construcción a la obra en la que trabajaban, el migrante se topó con un control de tráfico. Los agentes le dispararon a pesar de que no era el objetivo de su operativo. Salgado Araujo llevaba 35 años en Estados Unidos sin haber cometido ningún delito.
Una semana más tarde, en Biddeford (Maine), otros agentes del mismo cuerpo que también hacían un control de tráfico tirotearon a Johan Sebastián Durán Guerrero, un colombiano de 26 años. El joven, que estaba casado y con una hija de tres años, falleció a consecuencia de las balas.
Las circunstancias que rodean a ambos sucesos no están claras, aún se están investigando, pero lo cierto es que los agentes no llevaban cámaras en ninguno de los dos casos, pese a que fue uno de los compromisos del DHS en marzo para tratar de superar la polémica por la muerte de Good y Pretti en Minnesota y la crisis de las deportaciones a gran escala.

Mullin se ha enfrentado al desafío de alejar la política migratoria de los titulares al tiempo que ha aumentado los arrestos de inmigrantes indocumentados. Desde que está al mando, las detenciones del ICE se han disparado. Sin embargo, lo ha intentado hacer de forma más discreta, mientras que en la época de Noem las detenciones se hacían a plena luz del día. Se grababan para presumir de la contundencia con que el departamento combatía la inmigración.
Desde que ocupa el cargo, Mullin ha intentado revertir varias de las medidas de su predecesora y ha reformado la estructura del departamento, para dotar a las agencias de más autonomía y un funcionamiento más práctico. Ha desechado un plan de la dirección anterior para comprar almacenes por todo el país para emplearlos como centros de detención y ha puesto fin al programa de formación acelerada para los nuevos agentes del ICE. Ha descentralizado el poder del DHS, despidiendo a funcionarios bajo sospecha y contratando a su propio equipo.
El DHS explicó que, como en cualquier transición, se han producido algunos cambios de personal. Y agregó: Mullin está “formando el mejor equipo para que Estados Unidos vuelva a ser seguro”. El departamento también indicó que Mullin “emplea un estilo de gestión que empodera a los directores de su agencia, a su personal y a cada individuo del tercer departamento más grande del gobierno estadounidense”.
En su reorganización del departamento, Mullin rescató a algunos de los funcionarios con experiencia que salieron del DHS por encontronazos con Noem, como el subsecretario de Seguridad Nacional, Troy Edgar, y el administrador interino de la Agencia de Gestión de Emergencias (FEMA), Cameron Hamilton. También designó a Brian Kavanaugh como subsecretario de Seguridad Nacional para la gestión, según Politico. Este alto cargo conoce al dedillo el presupuesto del departamento y tiene vínculos con la Casa Blanca, que le pueden ser útiles a Mullin.
El secretario de Seguridad Nacional tenía una patata caliente: nombrar a los directores del ICE y de la Patrulla Fronteriza, dos de las agencias bajo su mando más controvertidas por las brutales tácticas represivas bajo el mandato de Noem.
Cuando Mullin llegó a su cargo a finales de marzo, Todd Lyon, un agente de policía que trabajó en Boston en labores de coordinación del orden público, era el director interino del ICE. Sin embargo, tres semanas después, Lyon abandonó su puesto alegando motivos de estrés. Lyon había sido ampliamente criticado porque firmó un memorando en el que autorizaba a los agentes del ICE a acceder a las residencias privadas sin necesidad de orden judicial, en contra de lo que establece la Constitución, según expertos.
Tras la renuncia de Lyon, David Venturella fue elegido como director interino de la agencia, con un perfil más moderado y próximo a Mullin. Venturella es un hombre experimentado con más de 30 años trabajando en labores de control de la inmigración en el área de Chicago y en otros cargos federales. En 2012 se fue al sector privado para trabajar en una empresa que gestiona prisiones privadas, GEO Group, donde escaló hasta convertirse en vicepresidente ejecutivo. Casualmente, esta empresa gestiona un tercio de los detenidos por el ICE. La compañía también ha formado parte de la estrategia de deportaciones masivas del DHS, con el que ha firmado la construcción de tres grandes centros de detención por varios cientos de millones.
La última pieza de este puzle es Lance Schroyer, un exagente de la policía estatal de Oklahoma, nominado por el presidente Trump para que dirija el ICE. Schroyer es también conocido de Mullin, con quien mantiene buena relación porque ambos son del mismo Estado. Cuando Schroyer sea nominado por el Congreso, Venturella se convertirá en el director adjunto, según avanzó Mullin.

El secretario elogió la nominación de Schroyer el mes pasado y destacó que el funcionario ha impulsado en Oklahoma los acuerdos 287(g), el programa federal para firmar convenios con agencias policiales estatales y locales por los que se delegan competencias en áreas migratorias. Esta es la estrategia seguida por Mullin para quitar al ICE del foco mediático y, aun así, cumplir con el objetivo de Trump de llevar a cabo la mayor deportación de la historia.
Schroyer aspira a convertirse en el primer director del ICE nominado por el Congreso desde 2017. Desde entonces, el Senado no ha confirmado a ningún cargo para esta agencia por las dudas sobre su desempeño. Así que el ICE ha estado dirigido por directores interinos durante casi la última década.
Por último, Mullin ha nombrado a Rosario Pete Vázquez como jefe de la Patrulla Fronteriza de EE UU, la agencia federal responsable de proteger las fronteras del país, que ahora también participa en los despliegues de fuerzas que se han llevado a cabo en varias ciudades, incluyendo Minneapolis. Sus agentes estuvieron envueltos en la muerte de Alex Pretti, el joven enfermero que falleció por los disparos de efectivos de la Patrulla Fronteriza mientras defendía a una manifestante a principios de año.
Vásquez, de origen hispano, tiene 26 años de experiencia en distintas funciones de la Patrulla Fronteriza. Graduado de la Unidad de Búsqueda, Trauma y Rescate de la agencia, ha desempeñado varios puestos dentro del organismo. No está exento de polémica. Ha sido acusado de extralimitarse en sus funciones para cumplir la agenda antiinmigración de Trump y por acelerar sus procesos de contratación sin suficientes revisiones de antecedentes.
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