Criarme ante la televisión ayudó a que nadie tuviese que explicarme que los hombres y las mujeres eran iguales. No se hablaba de empoderamiento o sororidad, pero ¿quién lo necesitaba si veías a Los ángeles de Charlie repartiendo mandobles y en La frontera azul Hu Sanniang era tan valiente como Lin Chung? Ninguna ola del feminismo tuvo que explicarme que, aunque para NBC fuese solo la “esposa”, Susan St. James era igual de hábil resolviendo crímenes que McMillan. Tuve claro que podíamos ser periodistas de investigación como Billie de Lou Grant, que ni siquiera tenía que ser glamurosa; tampoco lo era la sargento Lucy Bates de Canción triste de Hill Street. Que más hombres desempeñaran una actividad no significaba que las mujeres no pudiéramos hacerlo también. ¿Por qué no iba a ser yo mecánica si Bonnie Barstow lo era en El coche fantástico? Ninguna mujer a mi alrededor tenía aquellos oficios, pero en algún sitio estarían.
En televisión nunca han faltado mujeres fuertes, véase a la actriz televisiva mejor pagada, y eso que muchos dudaron si podría protagonizar en solitario ‘Ley y orden: UVE’, pero ahí sigue, a punto de estrenar la 28ª temporada de la serie más longeva
En televisión nunca han faltado mujeres fuertes, véase a la actriz televisiva mejor pagada, y eso que muchos dudaron si podría protagonizar en solitario ‘Ley y orden: UVE’, pero ahí sigue, a punto de estrenar la 28ª temporada de la serie más longeva


Criarme ante la televisión ayudó a que nadie tuviese que explicarme que los hombres y las mujeres eran iguales. No se hablaba de empoderamiento o sororidad, pero ¿quién lo necesitaba si veías a Los ángeles de Charlie repartiendo mandobles y en La frontera azul Hu Sanniang era tan valiente como Lin Chung? Ninguna ola del feminismo tuvo que explicarme que, aunque para NBC fuese solo la “esposa”, Susan St. James era igual de hábil resolviendo crímenes que McMillan. Tuve claro que podíamos ser periodistas de investigación como Billie de Lou Grant, que ni siquiera tenía que ser glamurosa; tampoco lo era la sargento Lucy Bates de Canción triste de Hill Street. Que más hombres desempeñaran una actividad no significaba que las mujeres no pudiéramos hacerlo también. ¿Por qué no iba a ser yo mecánica si Bonnie Barstow lo era en El coche fantástico? Ninguna mujer a mi alrededor tenía aquellos oficios, pero en algún sitio estarían.
En televisión nunca han faltado mujeres fuertes, véase a Mariska Hargitay, la estrella televisiva mejor pagada, y eso que muchos dudaron si podría protagonizar en solitarioLey y orden: Unidad de víctimas especiales, pero ahí sigue, a punto de estrenar la 28ª temporada de la serie más longeva. Y de las de antes, las de más de 20 capítulos por temporada. Un hito, pero como no la estrena una plataforma (lo hace Calle 13), pasa desapercibido. En este tiempo ha ganado un Emmy, ha visto irse a casi todo el reparto original (¡resiste, Tutuola!) y ha demostrado que es mucho más que Olivia Benson, como si fuese poco. La adoran —adoramos— miles de espectadores que llevamos casi tres décadas viéndola combatir abyectos crímenes sexuales y siendo un faro moral, dentro y fuera de la pantalla.
Este año ha estrenado un documental sobre su madre, Jayne Mansfield, ha debutado en Broadway y ha sido uno de los amuletos de los Knicks de Nueva York en su conquista del título de la NBA, junto a su amiga Taylor Swift —que le puso el nombre de su personaje a una de sus gatas y eso en la cultura pop vale mucho más que ninguna estatuilla— y luciendo ambas camisetas que rezaban “Stevie Knicks” en honor a otra diosa; será por grandes mujeres. No le hablen a ella de farmear aura porque esta señora, que ya ha cumplido los sesenta, mola más que nadie. El domingo conducirá los Emmy. No es comediante, ni presentadora, pero nadie discute su idoneidad para liderar la gran noche de la televisión porque ella es su mayor estrella.
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