Ni rubia ni tonta, Marilyn Monroe contra los lobos de Hollywood

Marilyn Monroe tuvo que luchar contra muchos lobos, la mayoría productores y directores de Hollywood, pero también agasajadores sexuales de todo tipo. Ella misma lo contó en un artículo publicado en la revista Motion Picture Magazine en enero de 1953, cuando tenía solo 26 años y unas cuantas comedias a sus espaldas. A pesar de que murió pronto, por una sobredosis de pastillas, el 4 de agosto de 1962 cuando hacía poco que había cumplido 36, actuó en 32 películas.

Seguir leyendo

 CaixaForum llevará a Barcelona y a Madrid la exposición que conmemora el centenario de la actriz más famosa del siglo XX  

Marilyn Monroe en el rodaje de ‘Vidas rebeldes’, su última película estrenada, en 1961. Eve Arnold/Iconic Images (Eve Arnold Estate / Iconic Images)

Marilyn Monroe tuvo que luchar contra muchos lobos, la mayoría productores y directores de Hollywood, pero también agasajadores sexuales de todo tipo. Ella misma lo contó en un artículo publicado en la revista Motion Picture Magazine en enero de 1953, cuando tenía solo 26 años y unas cuantas comedias a sus espaldas. A pesar de que murió pronto, por una sobredosis de pastillas, el 4 de agosto de 1962 cuando hacía poco que había cumplido 36, actuó en 32 películas. Este texto, de su puño y letra, forma parte de la retrospectiva que La Cinémathèque française dedica a la inolvidable actriz por el centenario de su nacimiento, que se celebró el pasado 1 de junio. Dice mucho de la industria del cine que la convirtió en un icono sexual, pero también de su capacidad para tomar las riendas de su carrera. Desgraciadamente, muchos otros lobos le acecharon, desde una infancia difícil en varios orfanatos, una madre con enfermedad mental, tres matrimonios tormentosos, una salud frágil que le provocó dos abortos, múltiples adicciones y un estado emocional voluble. A pesar de ello, fue una mujer independiente, montó su propia productora y dejó un puñado de títulos memorables. Coproducida por la cinemateca francesa y la Fundación La Caixa, la exposición llegará ampliada a CaixaForum Barcelona la primavera de 2027 y en otoño del mismo año se podrá ver en CaixaForum Madrid.

Marilyn Monroe no necesita presentaciones. Quizá por eso la primera imagen de la muestra dedicada a la legendaria actriz no es de ella, sino de una multitud de fans y curiosos que observan algún suceso tras una línea policial en lo que parece una escena nocturna. Es fácil adivinar que viene después, la imagen más icónica de la actriz, que pertenece a la promoción de la película La tentación vive arriba (1955), de Billy Wilder. En ella aparece con un vestido blanco, la falda se le levanta ondulante por el aire que sale de una rejilla del metro de Nueva York. Se le ven hasta las bragas, pero si las buscan en la película no las encontrarán. En la promoción, Hollywood osaba ser más descarado, pero en la posproducción echaba el freno. Marilyn Monroe fue una gran víctima de esta doble moral americana.

A pesar de sus éxitos, la artista, nacida como Norma Jean Mortenson, todavía es reducida a sex symbol, una impresión que este tipo de imágenes reforzaron, mientras intentaba su sueño de ser actriz, embelesada por el cine desde pequeña, la industria donde trabajó su madre. Por eso, “uno de los objetivos de la exposición es volver a situar sus interpretaciones cinematográficas en el centro de la atención e invitar a los visitantes a contemplarlas desde una perspectiva diferente”, afirma la comisaria, Florence Tissot. También resalta la famosa frase que decía en Los caballeros las prefieren rubias (1953), dirigida por Howard Hawks: “Puedo ser inteligente cuando es importante, pero a la mayoría de los hombres no les gusta”. Y aquí podría estar la clave de esa apariencia que, como resume Sarah Churchwell en su libro The Many Lives of Marilyn Monroe: “las creencias a menudo preceden a los hechos y nos dicen más sobre nosotros mismos que sobre la estrella”.

Para entender por qué se la encajonó con todos los clichés que en esa época podían atribuirse a una mujer despampanante teñida de rubio — su cabello era en realidad pelirrojo, como se puede ver en las fotos de adolescente —, la exposición recurre a los inicios de su carrera, donde una chica nacida en Los Ángeles fantaseaba con hacer cine, con un físico que jugaba a su favor. Se retocó lo justo para conseguir ese rostro perfecto coronado por un lunar y un cuerpo grácil con el que se contoneaba sensualmente. Posando como modelo, con una etapa de pin-up en qué llegó a realizar un desnudo que se publicaría tres años más tarde—cuando ya había entrado en el cine—, consiguió sus primeros papeles, por lo general roles secundarios en comedias donde su físico y supuesta ingenuidad acaparaban las miradas, mientras crecía el rumor de que se representaba a sí misma.

Desde luego fue una buena cómica, pero también hizo papeles más importantes cuando se lo permitieron, como se esfuerza en pronunciar este recorrido cronológico abarrotado de documentos inéditos, vestuario simbólico y objetos personales, además de muchas fotografías y fragmentos de sus películas, donde resaltan las escenas dispuestas a mostrar toda su grandeza en la pantalla. Era perfeccionista y sentía cierto miedo escénico, condiciones que le llevaron a formarse contínuamente, en el Actors’ Laboratory Theatre, pero también con Michael Chejov, discípulo de Stanislavski, con la entrenadora Natasha Lytess, la mímica y bailarina Lotte Goslar o el profesor Lee Strasberg, quienes la ayudaron a dejar atrás esa imagen estereotipada. Preparaba sus papeles con esfuerzo, no solo la parte interpretativa, sino también la voz y el baile, como demostró en el musical Los caballeros las prefieren rubias o Con faldas y a lo loco (1959), también bajo dirección de Billy Wilder.

La misión de este planteamiento es clara y deliberada: redescubrir a la artista y la persona más allá del mito. Están sus sensuales vestidos, los de color fucsia que la catapultaron, pero también una copia de aquél modelo color crema con una delicada pedrería en el que Kim Kardashian se embutió para una gala Met. Lo llevó en 1962, el mismo año de su muerte, para cantar el cumpleaños feliz al presidente de Estados Unidos John F. Kennedy cuando su estado de salud, agravado por las adicciones, ya era muy delicado. También hay un frasco del perfume Chanel Nº 5 con el que decía dormir o un cuello de piel de zorro de color blanco, compañero ideal para sus escotados vestidos. Pero más allá de estas piezas fetiche, tienen más protagonismo los archivos que dan cuenta de su filmografía, como artículos, imágenes o una portada de la prestigiosa Cahiers du Cinéma, de junio de 1953, que la consagró como una gran actriz, el año que protagonizó los largometrajes Niágara, uno de sus primeros papeles principales dirigida por Henry Hathaway, y Cómo casarse con un millonario, donde actuaba junto a Betty Garble y Lauren Bacall, en la primera película grabada con la tecnología de pantalla panorámica CinemaScope desarrollada por 20th Century Fox.

A la vez, el visitante puede hacerse una perspectiva más amplia de como fue su vida personal, siempre estrechamente entrelazada con su carrera en el cine. Relató haber sufrido abusos de pequeña en familias de acogida, se casó por primera vez a los 16 años con el policía James Dougherty y sus matrimonios posteriores fueron también tempestuosos, con el jugador de béisbol Joe DiMaggio — que duró menos de un año — y con el escritor Arthur Miller, quien escribió para ella un papel de mujer divorciada a la deriva en Vidas rebeldes (1961), que tenía muchas coincidencias con la realidad. Fue lo último que estrenó, junto a Clark Gable, que murió pocos días después de finalizar el rodaje, y Montgomery Clift, con quién la actriz compartió una cómplice amistad entre almas torturadas, y también murió unos años después.

No sale muy bien parada en la exposición la compañía 20th Century Fox, quien explotó tanto como pudo su contrato con ella, pagándole a menudo mucho menos que a sus compañeros de reparto, hasta que se hartó del trato y se marchó a Nueva York para montar su propia productora, Marilyn Monroe Productions. Pretendía así dar un giro a su carrera, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en montar su propia empresa en esta industria, que fundó junto a su amigo y fotógrafo Milton H. Greene, quien le hizo muchas de sus mejores fotografías, despojándola de esa impostada ingenuidad, y le presentó a Marlon Brando, con quien tuvo un romance.

Si en vida no se la encasilló suficiente, el mito siguió construyéndose más tarde. Resulta muy evidente en el fragmento que se proyecta de la serie Mad Men, estrenada en 2007. En esta secuencia, un miembro de la agencia de publicidad de Madison Avenue plantea una campaña para la firma de sujetadores Playtex ante el jefe Don Draper (Jon Hamm) clasificando a las mujeres americanas según dos tipos: Jackie Kennedy y Marilyn Monroe. “Cada una de las mujeres es una de ellas”, reduce el publicitario ante la mirada perpleja de Peggy Olson (Elisabeth Moss), que no duda en combatir ese imaginario masculino. Lejos de estos dos estereotipos, pero con una mente brillante, la única mujer publicista de la agencia pregunta: “Quién creéis que soy yo? A lo que el joven Ken Cosgrove (Aaron Staton) responde de modo jocoso: “Gertrude Stein”. Como la gran Peggy, esta retrospectiva se carga la doble moral americana, donde las mujeres solo podían ser Jackie o Marilyn, y Monroe solo podía ser sex symbol o una estrella. Pues fue las dos cosas.

Interpretar a Marilyn

La muerte por sobredosis intensificó las leyendas sensacionalistas sobre la actriz, sin que nunca se haya podido demostrar qué pasó la noche que su corazón dijo basta, más allá de la autopsia, que detectó una intoxicación de barbitúricos y otros medicamentos. Este trágico desenlace no hizo más que aumentar el mito. Mientras los primeros años se reforzaron los relatos peyorativos sobre su salud mental, en las últimas décadas muchos artistas han reivindicado y homenajeado su figura. Desde el videoclip Material Girl de Madonna (1985), las fotografías coloreadas que hizo Andy Warhol a partir de la famosa imagen promocional de Niagara (1990) o la modelo canadiense Winnie Harlow vestida como ella en Halloween de 2019. Sus apariciones han sido pura inspiración para Beyoncé, Michelle Williams, Margot Robbie y hasta Channing Tatum o Ryan Gosling, quienes han dedicado una nueva mirada a la irrepetible Marilyn Monroe.

 Cultura en EL PAÍS

Noticias Relacionadas