
Sobre el papel, Oasis, la serie española que Netflix ha estrenado este viernes, parecía un cruce entre The White Lotus y una historia juvenil tipo Élite. La trama se desarrolla en un resort de lujo que reabre con la llegada de sus nuevos ricos visitantes. Pero lo que iban a ser unas plácidas vacaciones da un giro cuando desaparece una de las trabajadoras, hija del gerente del local, para más inri, y otra sufre una agresión de la que no recuerda nada. Tenemos chicos y chicas ligeros de ropa, cámaras subacuáticas a las que se saca buen partido, fiestas, algo de sexo… Y tenemos clientes y trabajadores juntos, pero no revueltos (salvo excepciones).

Con personajes insustanciales y tramas endebles, la ficción juvenil no logra aportar nada
Sobre el papel, Oasis, la serie española que Netflix ha estrenado este viernes, parecía un cruce entre The White Lotusy una historia juvenil tipo Élite. La trama se desarrolla en un resort de lujo que reabre con la llegada de sus nuevos ricos visitantes. Pero lo que iban a ser unas plácidas vacaciones da un giro cuando desaparece una de las trabajadoras, hija del gerente del local, para más inri, y otra sufre una agresión de la que no recuerda nada. Tenemos chicos y chicas ligeros de ropa, cámaras subacuáticas a las que se saca buen partido, fiestas, algo de sexo… Y tenemos clientes y trabajadores juntos, pero no revueltos (salvo excepciones).
Pero, vistos sus ocho episodios, la mera mención a The White Lotusparece un insulto a la serie de HBO Max. Nada tiene que ver esta flojísima combinación de ingredientes con la incisiva sátira de Mike White. Oasis no pasa de ser un drama juvenil en el que cada trama va por su lado y la mayoría no llega a ninguna parte tras dar varias vueltas sobre ellas mismas.

Dentro de esta producción de Bambú (Velvet, Gran Hotel, Las chicas del cable) hay dos series, y ninguna de las dos llega a explotar. Por un lado, está la investigación que emprenden la mejor amiga de la desaparecida —interpretada por Ana Garcés (La Promesa)—, quien además había sido asaltada previamente, y uno de los huéspedes —el actor Tomy Aguilera (Bienvenidos a Edén)—. Las pesquisas les llevarán a los sótanos del lugar, a habitaciones de clientes y a la zona arbolada que rodea al resort. Incluso entrarán por una misteriosa trampilla, porque qué mejor idea puede haber que bajar por una escalera a quién sabe dónde sin que nadie más sepa dónde estás tras el rastro de un supuesto villano. ¿Qué puede salir mal?
La otra serie que hay en Oasis es un drama de enredos y romances juveniles. Ahí se desarrollan varias historias independientes que apenas se entrecruzan. Por un lado, tenemos un triángulo amoroso cuya única sustancia está en los excesos sentimentales propios de la edad. Por otro, una relación clandestina de una joven con un hombre casado. También está la heredera de una fortuna que acude al hotel con su abuela. Aunque la mujer quiere hacer tratos con otra familia, la joven está más interesada en su profesor de golf que en los negocios. Por último, están los trapicheos de uno de los trabajadores del hotel y la extorsión a la que le quiere someter una clienta habitual. En los primeros compases de la serie también se apunta al choque entre clases sociales, pero se abandona rápidamente y solo tendrá algo de relevancia en la trama de la nieta y la abuela.

Todo eso en cuanto al reparto juvenil. Entre los adultos, la serie está llena de nombres conocidos, desde Paco Tous y Verónica Sánchez como los detectives hasta Mercedes Sampietro, Unax Ugalde, Alicia Borrachero, Fernando Cayo, Armando del Río, María Botto y Michel Noher, entre otros. Y ninguno parece tener muy claro qué pinta aquí.
La trama, en uno de los reiterados tics de las series actuales, arranca en mitad de la acción para saltar atrás en el tiempo y contarnos cómo llegamos hasta ahí. Cada episodio, además, comienza con flashes de imágenes que muestran detalles de lo que vendrá, como si la serie no estuviera segura de que el espectador se fuera a quedar si no le pone algún cebo. Y, por supuesto, también está la narración en off de los protagonistas acompañando comienzos y finales de episodios, unos comentarios totalmente prescindibles.
Oasis está repleto de personajes insustanciales con los que es imposible empatizar inmersos en unas tramas que se deshacen entre los dedos en cuanto las tocas mínimamente. Tras los ocho episodios, y sin entrar en detalles, la resolución del misterio principal está a la altura del resto de la serie. El problema con Oasis no es que la serie sea mediocre y no aporte nada nuevo. Lo peor es que ya no nos sorprende descubrir que la nueva producción española de Netflix es otra mediocridad que olvidaremos a las dos horas. Y ese sí que es un problema que debería dar que pensar.
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